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Martes, 10 de Junio de 2008

¿Por qué no llega el verano?

Las temperaturas máximas son más bajas de lo normal en esta época porque el anticiclón que suele ‘visitar' España en junio está en Noruega

JACOB PETRUS ·10/06/2008 - 23:30h

Una imagen tomada ayer en la playa valenciana de La Malvarrosa. IÑAKI

A diez días para que se produzca la entrada astronómica del verano (será el 21 de junio, a las 01:59 horas), el verano meteorológico no ha conseguido ni siquiera asomar la nariz en España. Está a punto de cerrarse una de las primaveras más lluviosas desde que se tienen registros meteorológicos en nuestro país, mientras que las temperaturas máximas son más bajas de lo normal y, las mínimas, más altas.

Según los datos recogidos por la AEMET (Agencia Estatal de Meteorología), los meses de abril y mayo han registrado temperaturas por encima de la media del periodo 1971-2000. Un ambiente más cálido que, sobre todo, se ha producido en zonas del Cantábrico, del Levante peninsular, en Baleares y en Canarias. Para estos cálculos se ha utilizado la temperatura media diaria, pero al observar el comportamiento de las máximas y las mínimas, las sensaciones personales y las conclusiones científicas se aproximan.

A nivel estatal y en conjunto, las temperaturas mínimas han sido más altas, mientras que las máximas han sido más bajas. Es el caso, por ejemplo, de la ciudad de Ourense, que ha cerrado mayo con una media de las temperaturas máximas de 20,5ºC, cuando la media climática era de 22,4ºC. Por su parte, las mínimas han rondado los 11,0ºC, mientras que la media está en los 9,1ºC.

Esta oscilación térmica ha sido fruto de las abundantes nubes que esta primavera han surcado los cielos de España. Las nubes reducen la radiación solar que llega a la superficie, y también actúan como una manta, de madrugada, reteniendo el calor acumulado de día. Confirma este panorama la ciudad de Madrid, donde se ha registrado una media de 4,6 horas de sol diarias en mayo, por las 8 normales en este mes. Por otro lado, en los valles del Cantábrico, de los 92 días de primavera, ha llovido en 60 de ellos.

En este contexto, se intuye que los periodos de anticiclón (los que aportan tiempo seco y soleado) no han abundado en España durante los últimos meses. En esta primavera, nuestro anticiclón se ha situado mucho más al norte, como lo demuestra las temperaturas de estos días en Noruega. El viernes pasado, los termómetros de Oslo llegaron a los 30ºC bajo un sol de justicia. La ciudad se convirtió ese día en el lugar más cálido de Europa.

Todo esto se produce después de un mes de mayo con temperaturas mucho más altas de lo normal. Es la misma ola de calor que afectó a Alemania y que se convirtió, hace una semana, en potentes y dañinas tormentas. Por otro lado, también han disfrutado de tiempo anticiclónico en el sureste de Europa, aunque en este caso con temperaturas de hasta 39ºC el pasado día 28 en Macedonia.

Termómetros al mínimo

Mientras, los primeros días de junio sólo han acentuado el descenso de las temperaturas respecto a la media de las últimas tres décadas. En el aeropuerto de Barajas, las temperaturas máximas están casi cinco grados por debajo de lo normal, dos grados en el caso de las mínimas. Hace justo un año, los termómetros alcanzaban esta misma semana los 32ºC, mientras en 2006 llegaron a los 38ºC.

Para comprender las causas de este fenómeno meteorológico de invierno en verano que estamos viviendo hay que observar el comportamiento de las capas medias y altas de la atmósfera, que son las que marcan la pauta del tiempo atmosférico. En el caso de esta primavera, se ha producido lo que los meteorólogos llaman una "profunda circulación ondulatoria". Es decir, a unos 5.000 metros de altura, el aire describía potentes ondas en todo el hemisferio norte, viajando de norte a sur y de sur a norte. Donde el flujo de viento producía un giro en el sentido de las agujas del reloj, se ha formado un anticiclón, mientras que donde aparecía sentido anti-horario, se terminado formando una borrasca.

Estas posiciones han variado muy poco durante las últimas semanas, produciendo, respectivamente, un centro anticiclónico al norte de Europa y otro en el sureste. Mientras tanto, las borrascas se han formado sobre la Península Ibérica de forma continua, ayudadas por la presencia de bolsas de aire frío en altura. Este aire frío, a unos -20ºC/-25ºC a 5.500 metros, es el que ha terminado favoreciendo la formación de numerosas y abundantes tormentas.

Puesto que las borrascas giran en el sentido contrario de las agujas del reloj, han predominado los vientos de componente sur y sureste en la mitad oriental de España, arrastrando aire cálido y dejando temperaturas suaves.

 

El verano será cálido en el Mediterráneo

Es imposible conocer como será el tiempo de este verano, puesto que los modelos de previsión a medio plazo todavía cometen errores importantes. En cualquier caso, tanto los datos de la AEMET, como las previsiones de Met Office (Servicio Meteorológico Británico) y del IRI (The International Research Institute for Climate and Society) anuncian un verano con temperaturas por encima de la media, sobre todo en las regiones del Mediterráneo. En cuanto a las precipitaciones, serán iguales o ligeramente inferiores a lo normal, de forma que la abundancia de lluvias y el ambiente fresco de las últimas semanas debería finalizar pronto. De momento, las previsiones meteorológicas de esta semana anuncian la vuelta del tiempo seco y soleado en España a partir del jueves, aunque es muy posible que la semana que viene vuelva a aumentar la inestabilidad.

El año pasado, el mes de julio tuvo un carácter térmico normal para el conjunto del país, según los datos de la Agencia Estatal de Meteorología, aunque se registraron máximas puntuales de 13 grados por encima de la media de las máximas de julio en San Sebastián y de 10 grados en Bilbao. El mes de agosto, húmedo, tuvo un componente muy frío en el sur de Galicia y en las tierras altas de Castilla y León, así como en la isla de Tenerife. 

 

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