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Martes, 10 de Junio de 2008

La muerte negra de oriente

En el siglo XIV, la peste se llevó a más de 20 millones de personas y desencadenó una ola de terror y superstición

 

BEATRIZ LABRADOR ·10/06/2008 - 00:00h

BEATRIZ LABRADOR - La plaga acabó con la vida de un tercio de los europeos y no remitió hasta que mejoró la higiene. En la imagen, El triunfo de la muerte de Pieter Brueghel el viejo.

El miedo no necesita nomenclaturas, pero hay palabras que producen pánico. Sobre todo aquellas que designan peligros indiscriminados. Hace más de 600 años, en plena Edad Media, el terror adoptó un nombre preciso: peste negra, el nombre con el que se bautizó a una de las peores pandemias que han azotado a la humanidad. Comparable, por ejemplo, a la temible gripe española que causó la muerte a más de 20 millones de personas a principios del siglo XX.

Aunque la principal damnificada fue Europa, el brote se desató en las estepas de Asia central. La muerte negra, como se denominó en un principio, viajó escondida en el equipaje de los tártaros que acudieron a asediar en 1346 la ciudad de Kaffa, en la actual Ucrania. Durante el sitio, la enfermedad comenzó a hacer estragos entre las tropas y los tártaros catapultaron los cadáveres de los apestados por encima de las defensas genovesas. Los colonos, aterrados, vieron cómo los cuerpos infectados sobrevolaban sus murallas para caer dentro de la ciudad.

El avance de la enfermedad fue imparable. Los que pudieron escapar lo hicieron por barco y se dirigieron hacia Constantinopla y Messina, pero muchos ya llevaban la enfermedad consigo. La leyenda cuenta que muchas naves llegaban a puerto con la totalidad de su tripulación muerta.

La epidemia se extendió por Italia. De allí a Suiza, Baviera y los Balcanes. Y hacia el oeste, Francia y España. En 1348 dio el salto a Inglaterra, Escandinavia y Rusia. Siguiendo el curso de las rutas de las caravanas,llegó también a Mesopotamia, Egipto y Oriente Próximo. Es imposible calcular con precisión las víctimas, pero las teorías más comedidas señalan que al menos un tercio de los europeos pereció entre 1348 y 1351. París perdió a la mitad de sus habitantes, Hamburgo a más del 60%. Y muchas pequeñas poblaciones fueron borradas del mapa.

Un castigo divino

El miedo se extendió tanto como la muerte. Las crónicas de la época son estremecedoras: Los hombres y las mujeres deambulaban como si estuvieran locos (...) ya nadie quería preocuparse por el futuro. La desesperación fue moneda común porque se desconocía la identidad del enemigo fantasma y cómo podía prevenirse. Los médicos recomendaban ineficaces medidas, como lavarse con agua de rosas o portar un amuleto de ámbar gris.

Siglos más tarde, los científicos llegaron a la conclusión de que se trató de una epidemia de peste bubónica transmitida por ratas y pulgas. Pero para la mayoría de los mortales de entonces sólo podía tratarse de un castigo divino, por lo que proliferaron los movimientos espirituales que preconizaban el fin del mundo, así como las sectas flagelantes que viajaban de ciudad en ciudad azotándose unos a otros para lograr la salvación divina.

Hasta finales del siglo XIV, la epidemia no comenzó a remitir gracias a la mejora de las condiciones de higiene y el aislamiento de los enfermos. La sociedad medieval se recuperaba: las condiciones de vida mejoraron, las hambrunas disminuyeron, el rígido feudalismo se fracturó y, poco a poco, el hombre reclamó su individualidad frentea Dios omnipotente.