Archivo de Público
Domingo, 8 de Junio de 2008

El pensamiento nazi vive entre nosotros

GONZALO DE PEDRO ·08/06/2008 - 16:23h

DAVID ROIG - Nicolas Klotz y, detrás, Elisabeth Perceval

Películas sobre nazis hay muchas. Quizás demasiadas. El holocausto, con la fascinación perversa que provoca el horror, es valor seguro para relatos de todo pelaje que triunfan por la identificación automática con las víctimas. Sin embargo, pocas películas como La question humaine (Nicolas Klotz) que se proyectó en la Muestra Internacional de Cine Europeo Contemporáneo, ahondan en lo más profundo de aquel horror, en una evidencia que otros filmes pasan por alto: la manera en que el pensamiento nazi se ha instaurado en la sociedad del éxito y la eficacia del lenguaje sin que nos demos cuenta. El capitalismo como destilación del fascismo. O viceversa.

Máquinas de dinero

Nicolas Klotz y su mujer, Elisabeth Perceval, afrontan en la tercera parte de su trilogía sobre las infamias contemporáneas (Paria, La blessure y La question humaine) la manera en que el capitalismo elimina los hombres, convirtiéndolos en objetos de usar y tirar: "Cada vez es más difícil filmar a los seres humanos porque el capitalismo los han convertido en objetos, en máquinas de hacer dinero. Nosotros queremos filmar lo invisible a través de los cuerpos, lo que nos hace humanos y verdaderos", afirma el director.

Si La blessure se introducía en las áreas policiales de los aeropuertos para retratar las vejaciones policiales que convierten a los inmigrantes en mercancía, La question humaine afronta el capital como prolongación del pensamiento nazi: las personas son números, y el lenguaje las despoja de todo rastro de humanidad.

Klotz y su mujer practican un cine con los pies en la realidad, verdadero, pero de ficción: "El documental no existe, porque siempre hay elecciones. Cuando ruedas a un hombre sentado en una silla hay una intención y una mirada, y el espectador va a interpretar algo. Sin embargo, lo documental ha revitalizado el cine de ficción, porque si quitas lo real del discurso, te quedas sin nada". El trabajo entre lo real y la ficción funciona como una reivindicación casi revolucionaria: "La política importa en nuestras películas, pero también la sensibilidad y el amor. La política debería ser lo que permite que el arte y el amor sigan existiendo, pero sin decirnos de qué manera".