Archivo de Público
Viernes, 6 de Junio de 2008

Los Pardines, la familia que tuvo que llorar sola

El hermano de la primera víctima de ETA reconstruye el calvario familiar

PANCHO TRISTÁN ·06/06/2008 - 22:44h

Ahora, 40 años después, en una cafetería junto al mar de Malpica, en la provincia de A Coruña, un jubilado lee la prensa del día. Es un tipo flaco, cervatana, con maneras exquisitas de hombre de pueblo. Fue alcalde de Malpica entre 1991 y 1999. Se llama Manuel Pardines. No le gusta hablar de esto, no le gusta recordar aquel momento en el que la peor noticia se le abalanzó sobre la mesa en la que jugaba a las cartas en Santiago de Compostela: habían acabado a balazos con su hermano José en una carretera de Guipúzcoa.

A veces, cuando vuelve sobre aquellas horas, pone las vísceras en las palabras sin perder ni un ápice de cortesía. Como cuando dice: "¿Qué coño iba a pensar un Guardia Civil en aquel momento que iba a pasar por eso?".
Manuel, de 61 años, es uno de los dos hermanos de José Pardines. Eran hijos, nietos y sobrinos de Guardia Civil. "Éramos tres hermanos, no había dinero para que estudiásemos todos. Como mi madre había muerto, estaba una tía con nosotros, y nuestra tía tenía un hijo. Éramos cuatro chavales", cuenta Manuel. "José era el mayor; tenía que empezar a trabajar si quería que sus hermanos estudiasen. En aquellos tiempos, no había demasiadas cosas. Y después él, como estudiante, no era muy bueno".

Tres hermanos

Manuel pudo irse a Santiago a estudiar Magisterio. Antes de eso, un 25 de abril de 1963, su hermano José había ingresado en la Academia de Guardia Civil. De ahí a Tudela de Veguín, en Asturias, su primer destino. No terminaba de estar contento e hizo un cuso de motorista. Lo trasladaron a la Agrupación de Tráfico de San Sebastián.
Era la misma vida de trashumancia de su padre. De un lado a otro por el mapa imposible de las casas cuartel. Y la misma maldita mala suerte. Manuel vuelve al 7 de junio de 1968. "Él paro aquel coche, claro, esa es la función de un guardia civil de tráfico. Pero fue... fíjate: trabajaban por parejas, en ese tramo de la carretera eran dos, uno al comienzo y otro al final. Y justo a él le tocó parar aquel coche". Y el etarra Txabi Etxebarrieta que dijo dentro del Seat 850 Coupé: "Si lo descubre...".

Lo mató. "Cuando llamaron, mi padre se fue a San Sebastián; nosotros nos quedamos en Santiago.

Igual que años después haría su hijo José, el cabeza de familia de los Pardines no encontró otras opciones y se hizo guardia civil. En aquella época, había cuatro maneras especialmente populares de abandonar el atraso que se padecía en la Galicia rural: la emigración, el seminario, la Policía y la Guardia Civil. Un día sonó el teléfono y tuvo que irse a Donosti. "Aquello, a mi padre, lo dejó tocado para siempre. Date cuenta de que mi madre había muerto con 36 años. Después murió José con 25 años. Y el más joven de los tres hermanos murió con 38. Yo tuve un cáncer, y afortunadamente fue bien. Pero mi padre tiene 88 años, todavía vive y, claro, cuando me ve a mí, ve a Dios".

Después de que los ocupantes de aquel Seat 850 tirotearan a su hermano, el apellido Pardines quedaba escrito para siempre en la historia negra de España. Pero los familiares del agente asesinado siempre quisieron mantenerse lejos de cualquier protagonismo. Escapan de flashes y de actos conmemorativos. Los han llamado mil veces. La respuesta siempre es no. Además, aprendieron pronto a dejar la carga puertas adentro: "Cuando murió mi hermano... él fue realmente el primero. Nosotros aún estábamos solos".