Archivo de Público
Viernes, 6 de Junio de 2008

El Pentágono conspiró para dar un golpe en Irán

Dos miembros del Pentágono se reunieron con un traficante de armas iraní en Roma en 2001, que les planteó varios planes para derrocar al régimen de los ayatolás

ADRIÁN FONTES ·06/06/2008 - 20:45h

La cita está fijada en Roma, del 10 al 13 de diciembre de 2001. Apenas tres meses después de los atentados del 11 de septiembre. Las tropas estadounidenses acaban de derrotar com más facilidad de lo esperado a los talibanes en Afganistán. El presidente George W. Bush ya está pensando en Irak.  Pero los dos representantes del Pentágono y el traficante de armas Manucher Ghorbanifar tienen otra preocupación: Irán, uno de los países que el presidente norteamericano incluirá en su “eje del mal”, mes y medio después en su discurso sobre el estado de la Unión del 28 de enero de 2008.

En el mismo informe que denunció las “manipulaciones” y los “engaños” de la administración Bush para vender la guerra en Irak, la comisión de Inteligencia del Senado revela los detalles de la reunión de Roma y de una segunda celebrada en París el 30 de junio de 2003. El instigador se llama Michael Ledeen, un historiador sin vínculos directos con el gobierno en aquellos años. Trabaja para el neoconservador American Enterprise Institute (AEI), el mismo think-tank que recibió con los brazos abiertos a Paul Wolfowitz cuando se vio forzado a dejar el Banco Mundial (BM) el año pasado. El mismo Wolfowitz que autorizó que el encuentro de Roma fuera secreto, cuando era subsecretario de Defensa, para que el Pentágono pudiera averiguar primero “el valor del contacto” antes de comunicárselo a la CIA.

Y es que Ghorbanifar tenía muy mala fama entre los espías norteamericanos. Sobre todo desde que estuvo involucrado en el escándalo de la venta de armas por Estados Unidos a Irán en los años 80 para financiar la Contra en Nicaragua. “Ghorbanifar debe ser considerado una persona que inventa inteligencia y un estorbo”, advirtió entonces un informe del Congreso. El propio Ledeen trabajaba a la sazón como asesor del Consejo de Seguridad Nacional y no podía ignorar la mala reputación del interlocutor. Para dejar afuera a la CIA, el historiador sostuvo que los iraníes no querían hablar con miembros de la agencia. “Es probable que Ledeen haya usado esa alegación o Ghorbanifar y otros para sortear los conocimientos de las agencias de inteligencia”, que habían catalogado al traficante de armas como “una persona en la que no se podía confiar”.

Gracias a las gestiones de Ledeen, dos personas del Pentágono, Larry Franklin y Harold Rhode, se sientan varias veces en Roma a la misma mesa que Ghorbanifar, dos exiliados iraníes cuyos nombres fueron mantenidos secretos y un representante de un gobierno extranjero que tampoco fue identificado. El traficante de armas plantea a los norteamericanos “varios esquemas para un cambio de régimen en Irán”. También presenta a sus interlocutores “su propia agenda” para acabar con los ayatolás.

Después de la reunión de Roma, Ledeen siguió insistiendo para que se produjeran nuevas reuniones y hasta escribió al entonces presidente de la Cámara de Representantes, Newt Gingrich y al secretario de Defensa Donald Rumsfeld para quejarse “del fracaso” de poder prolongar los contactos con Ghorbanifar. De la siguiente reunión en París, Rhode tampoco transmitió la información que recolectó a la CIA y las otras agencias.