Archivo de Público
Viernes, 6 de Junio de 2008

Viaje al infierno

El laboratorio belga HADES es un modelo para un futuro cementerio nuclear europeo 

MANUEL ANSEDE ·06/06/2008 - 23:00h

El ingeniero Mark Buyens sepervisa una de las galerías del laboratorio subterráneo de Mol. M.A.

El Hades, la morada de los muertos en la mitología griega, existe, pero no en el Peloponeso, sino en Bélgica, a 225 metros bajo tierra. La entrada a este inframundo -flanqueada por una pequeña escultura de Santa Bárbara, la patrona de los mineros- se encuentra en la localidad de Mol, 75 kilómetros al noreste de Bruselas. Allí se halla el Centro de Estudios de la Energía Nuclear (SCK CEN), uno de los principales institutos de investigación en el ámbito de la energía atómica en Europa. Y el HADES, acrónimo de High Activity Disposal Experimental Site, es, en realidad, un laboratorio subterráneo que busca una solución al principal lastre de la industria nuclear: la basura radiactiva.

Los 146 reactores de la Unión Europea producen el 31% de la electricidad consumida por sus 27 miembros. Pero esta despensa energética genera alrededor de 550 metros cúbicos de residuos de alta actividad cada año. En España, cada ciudadano, pronuclear o antinuclear, es culpable de la producción de cuatro gramos anuales de desperdicios nucleares, radiactivos durante miles de años.

Los científicos del HADES investigan desde 1980 si es seguro enterrar el uranio ya exprimido a varios cientos de metros bajo tierra y esperar durante decenas de miles de años a que pierda su radiactividad o se encuentre una solución definitiva al problema. Por el momento, son cautos. Según el ingeniero industrial Marc Buyens, del SCK CEN, todavía tienen que pasar 10 o 15 años para que los almacenes geológicos profundos (AGP), como el que se ensaya en Mol, queden bendecidos al 100%. "Es imposible hacer un experimento de dos meses para saber cómo se comportarán los residuos durante cientos de años", explica, con una voz que retumba en un túnel de hormigón del HADES.

"¿Lo ponemos en España?"

Si no hay sorpresas, el primer almacén geológico profundo europeo podría estar listo hacia el año 2030. Pero no será un cubo de basura compartido. Cada uno de los 15 países de la UE con reactores tendrá que construir su propio agujero. "Tecnológicamente, es posible hacer un almacén subterráneo para todos los residuos europeos pero, ¿quién lo quiere en su territorio? ¿Lo ponemos en España?", bromea Buyens.

De momento, no. Fuentes de Enresa, la empresa pública que se ocupa de la gestión de los residuos radiactivos en España, aseguran que el AGP patrio "se descartó estratégicamente en 1998". De hecho, el vigente Plan de Gestión de Residuos Radiactivos, aprobado por el Gobierno en julio de 2006, da prioridad al almacenamiento temporal y retrasa la decisión sobre una solución definitiva unos 15 años, a la espera de un mayor conocimiento científico.

Ese conocimiento, por el momento, se encuentra en el laboratorio subterráneo de Mol y en otros centros de investigación desperdigados por todo el planeta, como los de Grimsel (Suiza), Manitoba (Canadá) y Äspö (Suecia). El único almacén subterráneo permanente se encuentra en Nuevo México, donde se acumulan los desechos radiactivos procedentes de los programas militares de EEUU. Es el cementerio de la Guerra Fría.

Pedazos de Luna en la Tierra

El HADES es muy diferente. En sus galerías sólo hay proyectos de investigación y jamás servirá para almacenar residuos de manera permanente. En una de sus galerías, una lona azul esconde un contenedor lleno de fragmentos de Luna. Los científicos del Instituto de Medidas y Materiales de Referencia de la Comisión Europea los han enterrado en Mol para medir su bajísima radiactividad sin interferencias. La radiación cósmica no llega a las entrañas de la Tierra.

Respecto a los residuos nucleares, el SCK CEN es optimista. Los estudios sobre la migración de los isótopos radiactivos, llevados a cabo en los últimos 20 años, indican que la arcilla tiene unas características "extremadamente interesantes" para el almacenamiento de residuos nucleares, según el secretario general del centro, Christian Legrain. El 80% de su investigación se centra en el viaje de los radioisótopos por este material: "Hemos visto que, si se produjera una fuga en los contenedores dentro de 10.000 años, la arcilla podría contener la radiactividad". Según explica Legrain, el agua permite la migración de los radioisótopos, pero la arcilla actúa como barrera al movimiento del líquido. Una gota de agua tarda cientos de años en avanzar un metro en un suelo arcilloso.

La arcilla belga compite con otros tipos de formaciones geológicas, como los suelos graníticos, investigados en Suecia, y las minas de sal, estudiadas en Alemania. Sea cual sea la receta geológica, existe un consenso en la comunidad científica internacional en señalar el almacenamiento geológico profundo como un remedio seguro y duradero para la basura nuclear. El propio Consejo de Seguridad Nuclear español cree que hoy día "es la solución considerada más favorable y segura para la última etapa de la gestión".

Ahorro y vigilancia

Un AGP europeo reduciría el número de instalaciones de este tipo en la UE, evitando un despilfarro económico, y facilitaría la vigilancia de los desechos nucleares. Pero ningún país miembro ha dado un paso al frente para acoger el uranio y el plutonio de sus vecinos. Sólo Rusia se ha mostrado dispuesta a almacenar el combustible gastado en todas las centrales europeas a cambio de una desorbitada cifra económica, pero se ha encontrado con el rechazo de los 27, que ven un deseo de injerencia en la oferta del Gobierno de Vladimir Putin.

Legrain, no obstante, vaticina un cambio a medio plazo en la mentalidad europea. "En la actualidad, cada país debe almacenar sus propios residuos, pero el sueño de ver un país que almacene todos los desechos de Europa llegará, dentro de 10 o 15 años", augura. El presidente de Foratom, el lobby nuclear europeo, Santiago San Antonio, es menos utópico. "La tecnología actual permite hacer un laboratorio subterráneo como el de Mol para toda Europa, pero ¿dónde?", se pregunta. "La razón nos dice que no tiene sentido hacer 27 almacenamientos geológicos profundos. Ya que estamos en la UE, hagamos sólo uno. Pero un español piensa: ‘en mi casa no'. Nadie quiere ver los residuos franceses y alemanes en España", razona.

Según San Antonio, ningún Gobierno de la UE está planteando el lanzamiento de un almacén común europeo. "Técnicamente es viable, pero políticamente no es posible. En Europa estamos dispuestos a compartir muchas cosas, pero no eso", subraya.

Sin embargo, en el II Foro Europeo de la Energía Atómica, clausurado el pasado 23 de mayo en Praga, los expertos reunidos reabrieron el debate sobre un AGP europeo. La presidenta del Foro de la Industria Nuclear Española, María Teresa Domínguez, asistió en Praga a las discusiones y lamenta la falta de unidad de la UE. "Un almacén geológico profundo centralizado para toda Europa podría ser una opción incluso óptima, pero la realidad nos ha demostrado que Europa no es capaz de funcionar de manera unida en muchos temas", se queja. "Es positivo que se ponga el debate sobre la mesa, porque el AGP europeo no es complejo técnicamente, sino socialmente", añade.

Confinamiento irreversible

A pesar de las supuestas ventajas del AGP, Domínguez pide cautela. "Hasta que no estemos seguros de que no podemos reutilizar la energía del combustible usado en las centrales, debemos ser prudentes y no precipitar demasiado la toma de decisiones", señala. En la actualidad, científicos de todo el mundo están buscando un método para sacar más energía del uranio y el plutonio desechado en las centrales, y un cementerio nuclear limitaría el acceso a estos materiales ya usados. Por eso, desde el HADES recalcan que los residuos confinados en un AGP son recuperables durante centenares de años.

A juicio del físico Francisco Castejón, responsable de la campaña de nucleares de Ecologistas en Acción, la irreversibilidad no es el principal inconveniente. "El problema de los AGP como el que se plantea en Mol es que no se puede garantizar la estabilidad de las formaciones geológicas más allá de 15.000 años y las sustancias almacenadas son peligrosas durante cientos de miles de años", afirma. Según Castejón -que también trabaja en temas de fusión nuclear en el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat)-, no es posible garantizar que un cementerio nuclear no se inunde dentro de miles de años.

Este ecologista también critica el excesivo riesgo que implicaría,el transporte de los residuos desde las centrales a un AGP centralizado a miles de kilómetros de distancia. "Es cierto que nunca ha habido accidentes graves en el transporte, pero si aumentan los viajes, aumenta también el riesgo", mantiene.

Por el momento, esta oposición ecologista y la falta de aceptación social de la energía nuclear estrangulan el desarrollo de un almacenamiento geológico profundo. Sin embargo, el debate público no puede eternizarse. La capacidad de almacenamiento temporal de residuos de alta actividad se agotará en muchos países europeos alrededor de 2020. Para entonces, si no surge un milagro tecnológico, los países de la UE tendrán que saber dónde guardar sus respectivas basuras.