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Viernes, 6 de Junio de 2008

El Museo Barbier recrea la mitología y las costumbres de los taínos

EFE ·06/06/2008 - 15:11h

EFE - Una mujer observa un conjunto de vasijas de la Cultura Taína, conocidas como "potizas" de la República Dominicana de los siglos XI-XV.

Más de cincuenta obras, procedentes sobre todo del British Museum de Londres y del Museo de América de Madrid, recrean desde mañana y hasta octubre en el Museo Barbier-Mueller la mitología y las costumbres del pueblo caribeño taíno.

La exposición "El Caribe precolombino" reúne objetos rituales y de la vida cotidiana que permiten el redescubrimiento y la comprensión de la cultura de este pueblo prehispánico.

También reflejan las costumbres, las creencias, los rituales y los mitos mágico-religiosos de los taínos, el pueblo que encontró Colón cuando llegó por primera vez al Nuevo Mundo, en 1492.

Forman parte de esta muestra dúhos de madera y aros de piedra que utilizaban los caciques (reyes) en ocasiones solemnes; trigonolitos de piedra que representaban antepasados; figuras de pájaros que eran reverenciadas en algunas ceremonias; hachas de piedra, manos de mortero, y vasijas de cerámica, entre otras piezas.

Treinta de estas piezas provienen del British Museum de Londres, algunas de las cuales las ha cedido por primera vez, y 29 proceden del Museo de América, mientras que cinco pertenecen a la colección propia del Museo Barbier-Mueller de Barcelona.

Después de Barcelona, la muestra, con la que colabora la Fundación Caixa Galicia, también se presentará en Santiago de Compostela y en Madrid.

La exposición también redescubre y hace un homenaje a Fray Ramón Pané, un religioso catalán de la Orden de los Jerónimos que llegó a la isla La Española en el segundo viaje de Colón y aprendió la lengua de los taínos, lo que le permitió escribir la "Relación acerca de las antigüedades de los indios", un pequeño y valiosísimo libro sobre la cultura de los taínos.

El especialista portorriqueño José Oliver ha explicado hoy que "a diferencia de otros cronistas de América, como fray Bartolomé de las Casas, que se centran en la conquista o en la política, fray Ramón Pané se dedicó a escuchar a los indígenas, y sin él hoy conoceríamos poco sobre las creencias de los pobladores del Caribe anteriores a Colón".

Gracias a Pané, añade, quien se definía a sí mismo como "un pobre ermitaño", se pueden conocer los mitos de los taínos sobre la creación del mundo, las mujeres y el mar, así como sus creencias e ídolos, sus costumbres, las voces de su lengua y la importancia que elementos como la yuca tenían en su vida cotidiana.

Los historiadores creen que Cristóbal Colón y Fray Ramón Pané se conocieron en el monasterio de Sant Jeroni de la Murtra, en Badalona, donde el almirante acudió la primavera de 1493 para comunicar a los Reyes Católicos los resultados de su primer viaje al Nuevo Mundo.

Los taínos vivían en la región del Caribe, sobre todo en las cuatro islas más grandes, las Antillas Mayores: Cuba, La Española, Jamaica y Puerto Rico.

Las lechuzas y los murciélagos ocupan un lugar relevante en el arte taíno, porque representan los espíritus y las almas de los muertos, mientras que los pájaros de pico largo, como los carpinteros, eran en la mitología taína los seres que crearon las primeras mujeres, tallándoles una vulva con sus picos.

Según Oliver, la gran suerte fue que Colón encargó a Pané que investigara si los taínos tenían creencias religiosas y templos.

Pané, junto con el franciscano Juan de la Deule y el indígena Guaticabanu fueron a vivir con el cacique Guarionex, en una población llamada Guarícano ubicada en la región de Maguá, en la parte central de la isla La Española.

Los nativos los recibieron como enviados del cielo, les ofrecieron alojamiento en sus bohíos y les invitaron a comer cazabe (pan elaborado con yuca), ajes (batatas) y maíz, que se comía casi sin elaboración.

Después de dos años, a finales de 1497, tanto Pané como Juan de la Deule fueron a vivir a la región sur de la isla, junto a otro cacique, Mabiatué.

Como resultado de estas experiencias, Pané aprendió la lengua de los taínos y escribió un libro, cuyo original desapareció, aunque se reprodujo en los documentos de otros cronistas de la época.