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Jueves, 5 de Junio de 2008

Dios se hizo 'brasileiro'

El Fluminense le ganó 3-1 a Boca en el Maracaná y jugará su primera final de la Copa Libertadores

FEDERICO PEÑA ·05/06/2008 - 16:00h

El portero del Fluminense de Brasil, Fernando Henrique, celebra el gol de su equipo hoy, 4 de junio de 2008, durante el juego de vuelta de las semifinales de la Copa Libertadores de América contra Boca Juniors de Argentina. EFE

Boca ganó en la cancha y perdió en los arcos. Bajo la mirada del imponente Cristo de Río de Janeiro, en el mítico estadio Maracaná, el Fluminense no sólo derrotó a Boca- actual campeón- por 3-1 y se clasificó para su primera final de la Copa Libertadores, sino que también derribó dos máximas del folklore rioplatense: que Dios es argentino, y que es hincha de Boca. El miércoles por la noche, bajo una nube de humo provocada por las bengalas tricolores de los 90.000 hinchas, Dios fue brasilero.

Boca fue más, mucho más, en la cancha. Apretó los dientes, presionó arriba y comenzó el partido bailando samba. En las tribunas, los xeneizes fueron visitantes, pero en el campo jugaron como locales. Los jugadores del Fluminense fueron la otra cara de la moneda. Irreconocibles, se dedicaron a pinchar el balón lejos de su portería para que, bajo las órdenes de Juan Román Riquelme, Boca reconstruyera su tejido ofensivo una y otra vez.

La impericia, la mala fortuna y algunas atajadas agónicas del arquero Fernando Henrique quisieron que los argentinos se fueran al descanso con el marcador en cero. Al regreso del vestuario, Boca apretó las líneas más adelante para ir a buscar el resultado. Tras el 2-2 en Argentina, estaba obligado a ganar o a empatar por dos goles o más para tener chances.
A los 12 minutos del complemento, el destino manifiesto de Boca se hizo carne con el grito de presente del goleador. Martín Palermo bajó un centro de la izquierda y cabeceó el balón de pique al suelo. Nada pudo hacer Fernando Henrique. Un premio a la labor de Boca, que cumplía con su primer mandamiento: ganarás.

Sin claridad, el Fluminense salió apremiado a buscar el empate. Boca se plantó de contraataque. Pero antes de lo que canta un gallo, Washington canjeó un tiro libre en la puerta del área por un cheque gol. 1-1. Un precioso tiro libre puesto como un guante en la red.

La presión volvió a los pies de los xeneizes. Los palos, el portero, un defensor en la línea y la fortuna ahogaron el grito de los hinchas de Boca, que se mezclaron en la tribuna entre camisetas rojinegras del Flamengo, eterno rival del Flu.

Como en Argentina, Boca pagó caro un nuevo error, sazonado con una enorme dosis de mala fortuna, la misma que en otras oportunidades le sonrió a los xeneizes. Una pelota perdida y un remate sin destino de gol rebotó en el cuerpo de Hugo Ibarra, cambió la trayectoria del balón y se coló en el arco de Pablo Migliore.

Con veinte minutos por jugarse, Boca lo intentó todo. Carlos Ischia tiró del banquillo y puso toda la carne al asador. Pero no alcanzó. Boca estuvo amigado con el juego y enemistado con el gol. Justamente lo contrario que el Fluminense. Los tricolores dirigidos por Renato Gaucho se lucieron debajo de los tres palos y sacaron un enorme rédito a su magra producción futbolística.

El tercer gol llegó en tiempo de descuento. Dodó, que desperdició varias oportunidades frente a Migliore, afinó la puntería y se llevó un merecido premio a su labor personal, no así a la de su equipo.

Pero las explicaciones de una eliminación es para los perdedores, en este caso, el último campeón de la Copa Libertadores. La alegría del pasaporte a la final, la primera en su historia, no admite razones. En el fútbol los argumentos son los goles. El Fluminense los hizo en Argentina, donde Boca empezó a perder una serie que no pudo torcer, y los hizo en Brasil.
Los tricolores, que hicieron añicos el destino manifiesto copero de Boca, ahora se enfrentarán al Liga de Quito, otro equipo nobel en una final copera.

Si la alegría siempre fue brasilera y Dios era argentino, ayer éste cambio de nacionalidad. Al menos por una noche, Dios se hizo brasilero.