Archivo de Público
Jueves, 5 de Junio de 2008

Es que no aprenden

GUILLERMO RODRÍGUEZ ·05/06/2008 - 13:49h

La demanda presentada por Promusicae –la entidad que aglutina a las principales discográficas- contra Pablo Soto, creador de los programas de P2P Omemo y Blubster, mantiene varios puntos en común con la caída en desgracia de Napster, el programa que encendió la mecha del intercambio de archivos en la Red.

Padre de los programas P2P, Napster fue creado por Shawn Fanning a los 18 años. Su ‘invento’ marcó el comienzo de la pesadilla para la industria musical, que hasta 1999 había vivido cómodamente alojada en un colchón en el que, en vez de plumas, había billetes y más billetes.

La muerte de Napster sólo supuso el principio del fin de la industria musical 

A los pocos meses de su lanzamiento, la industria musical interpuso la primera demanda contra la plataforma al entender que permitía acceder a todo tipo de archivos protegidos por los derechos de autor. En Napster cualquier usuario podía intercambiar ficheros de música, películas, documentos o software. Fue el inicio de la barra libre para los internautas.

El juicio contra Napster fue alambicado y largo. Muy largo. En julio de 2001 un juez ordenó el cierre de los servidores la compañía para evitar que los internautas siguieran intercambiando material protegido por copyright.  

A Napster muerto, clones puestos

Septiembre de 2001 pasó a la historia por marcar el principio del siglo XXI: arrancaba con el atentado del 11-S y la ‘muerte’ de Napster, que pasó a mejor vida (más tarde acabaría convertido en un servicio de pago). Atrás quedaban sus días de gloria, con más de 13,5 millones de usuarios intercambiando archivos. En total, 60 millones de personas utilizaron en algún momento su programa.

Napster tuvo que pagar 26 millones de dólares, el doble de lo que pide ahora Promusicae a Soto

Además del 'apagado' de sus servidores, la sentencia obligaba a Napster a pagar 26 millones de dólares –el doble de lo que Promusicae pide ahora a Pablo Soto- por los daños generados con su actividad.

Sin embargo, lo que por aquel entonces la industria musical entendió como su victoria definitiva no fue más que el inicio de una lenta, incomprendida y dolorosa agonía. Tras la muerte de Napster surgieron en la Red decenas de clones que no sólo imitaban, sino que mejoraban la plataforma creada por Shawn Fanning.

La legalidad de lo que reclaman ilegal 

La industria musical española demanda ahora a Pablo Soto por haber creado Omemo y  Blubster. Plataformas que, a la postre, no representan más que un grano de arena en el desierto. Su cierre puede causar daño moral, pero no frenará en absoluto el P2P.

A lo sumo, generará aún más inquina entre los miles de usuarios cuya mentalidad está muy alejada de aquellos que se dejaban las pesetas comprando discos de vinilo.

El caso Napster y el que ahora pretende lanzar Promusicae tiene varios puntos en común. Y también una diferencia capital: en Estados Unidos descargar canciones está prohibido. En España no. Según la legislación vigente, Promusicae reclama 13 millones de euros a una emprendedor cuyo único ’delito’ ha consistido en fomentar y desarrollar una actividad legal.