Archivo de Público
Miércoles, 4 de Junio de 2008

‘Balsas vivas’ para salvar a la focha

Un programa demuestra el beneficio de la suelta de un ave casi extinta en un estanque de riego artificial

JUAN ARMENTEROS ·04/06/2008 - 20:22h

Juan de Dios Ortin - Una focha en una balsa artificial. JUAN DE DIOS ORTIZ

El aprovechamiento de la naturaleza por parte de los humanos no siempre implica la desaparición de la biodiversidad; en algún caso puede incluso ser idóneo para la supervivencia de las especies.

En Jaén existen 1.256 balsas de riego. Muchas son artificiales, construidas por los agricultores para el riego de olivos. En dos de ellas se ha puesto en marcha el proyecto Balsas vivas, una iniciativa que contribuye a salvar a la focha cornuda o moruna, un ave en peligro crítico de extinción.

En España sólo hay 90 ejemplares, todos en Andalucía.La comunidad de regantes San Isidro, en la provincia de Jaén, capta agua del Guadalquivir en época de lluvias y la almacena en una balsa de algo más de una hectárea construida en medio del olivar. Cuando llega el estío, de esa balsa artificial se extrae agua para regar 10.000 olivos.

Hace cinco años, la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía propuso a los agricultores la suelta de una pareja de fochas cornudas en su balsa para tratar de salvar un ave casi desaparecida.

De hecho, en Jaén –como ahora en la mayor parte de España– no se podía encontrar ningún espécimen. Un lustro después, esa balsa artificial se ha convertido en el principal reservorio de cría de focha cornuda en libertad. Allí nace el 80% de los pollos de esta especie.

En la balsa de San Isidro hay asentadas seis parejas de fochas. El año pasado nacieron 66 pollos, de los cuales 60 consiguieron sobrevivir.La palabra adecuada para definir la relación entre olivareros, vegetación de humedal y fochas cornudas es “simbiosis”.

Según la Real Academia, se trata de la asociación de individuos de distintas especies en la que los asociados o simbiontes sacan provecho de la vida en común. En el caso de la balsa de la comunidad de regantes San Isidro la relación a tres bandas es muy satisfactoria.

Uno de los principales problemas que tienen todos los regantes es la saturación de los filtros de las balsas por algas o sedimentos de tierra. Los agricultores suelen gastarse un dineral en productos químicos para evitar la obstrucción de los filtros.

En la comunidad San Isidro, las fochas han dejado abundante vegetación palustre, sobre todo enea, que actúa como un primer filtro natural del agua procedente del río Guadalquivir: allí se decantan los sedimentos, por lo que la tierra no llega al resto del embalse y el agua se mantiene limpia y pasa a las conducciones de riego sin tierra que atore los filtros.

Además, con la decantación, la vegetación palustre se surte de nutrientes; estos, procedentes sobre todo de abonos y herbicidas, son alimento ideal para las algas que se concentran allí. Si no, podrían proliferar y obstruir los filtros de la balsa.Tierra y algas son serios problemaspara los regantes.

El tercero de los protagonistas, la focha cornuda, aprovecha las praderas de vegetación de la balsa para alimentarse y criar, ya que la enea le proporciona comida y refugio. En las praderas de vegetación de la balsa también crían otros animales invertebrados que alimentan a distintas especies de aves acuáticas.

La focha contribuye a mantener el equilibrio natural en un humedal creado por el hombre. Además la ley obliga a cercar estas balsas por motivos de seguridad, lo que favorece que la focha no tenga depredadores directos y se mueva con tranquilidad y sin riesgo.

En los últimos años las parejas de fochas cornudas de los embalses artificiales del programa Balsas vivas están contribuyendo a repoblar otros humedales.

Los pollos que nacen allí abandonan el nido paterno para buscar su propio hábitat; aunque lo que encuentran son lagunas con agua de mala calidad, con un exceso de nutrientes derivados de los abonos que utilizan los agricultores.

En el horizonte desolador de los humedales, las balsas artificiales jiennenses se han convertido en un oasis inesperado pero providencial para la focha cornuda. Por esta razón, la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía ha decidido ampliar el proyecto Balsas vivas a otras 10 balsas de riego.