Archivo de Público
Miércoles, 4 de Junio de 2008

Agustí Roqué instala su "balcón mediterráneo" en la azotea del Museo Würth

EFE ·04/06/2008 - 18:31h

EFE - La directora del Museo Würth, Silvia Lindner (i), junto al escultor Agustí Roqué (c) y el director general de Würth España, Juan Ramírez, en el interior de la instalación "Screens".

"Screens" es el título de la obra de grandes dimensiones elaborada por el artista Agustí Roqué (Barcelona, 1942) que puede verse desde hoy en la azotea del Museo Würth de La Rioja.

La escultura es un metáfora de la "vida" y de los "balcones mediterráneos" de su Cataluña natal, en la que el artista ha sustituido los alambres de los tendederos por barras de hierro pintadas y las sábanas blancas por planchas de aluminio.

Según ha explicado el artista durante la presentación de la pieza, en la que estado acompañado por el director general de Würth España, Juan Ramírez y por la directora del museo, Silvia Lindner, la obra la concibió entre 1993 y 1997 y fue exhibida por primera vez en el Städtische Museen de Heilbronn, de Alemania.

Después pasó a la galería Maeght, con sedes en los principales mercados del arte del mundo, hasta que ahora ha sido adquirida por el museo.

La obra es una pieza transitable, con una gran entrada a su interior y una pequeña puerta de salida, en la que también puede apreciarse uno de los elementos comunes de la trayectoria de Roqué: la pequeña ranura que inserta en todas sus piezas.

"Esta escultura es un resumen de una etapa muy mediterránea de mi obra en la que estuve trabajando ocho años. A mi me gusta mucho nutrirme de la calle, de temas urbanos y cotidianos y de llevarlos a mi terreno. Luego, al igual que el sentido de la vida, me gusta que tengan un principio y un final", ha dicho.

Nieto de un escultor de imágenes religiosas e hijo de un chatarrero, Roqué ha sabido combinar "el espíritu metafísico de su abuelo, con el material utilizado por su padre", según ha afirmado Ramírez, para elaborar una obra muy personal, en la que siempre ha indagado en la "creación de nuevos espacios dentro del espacio".

Fruto de este desvelo son, por ejemplo, las once piezas escultóricas de hormigón que elaboró en los años ochenta para la avenida de Río de Janeiro de Barcelona, por las que obtuvo un premio FAD de Urbanismo en 1989 o Júlia, adquirida por el Ayuntamiento de Palma de Mallorca con motivo de la Universiada de 1999.

Además de España y Alemania, su obra también está dispersa por lugares tan dispares como Chile, Arabia Saudí, Noruega o Francia.