Archivo de Público
Miércoles, 4 de Junio de 2008

Leonardo Cantero, el fotógrafo que estaba escondido

JUAN VALBUENA ·04/06/2008 - 15:06h

Hay un cuento que a todos nos gusta contar: un artista tiene un papel secundario en un grupo hasta que, años después, alguien repara en él, lo rescata y lo pone en el lugar que se merece. Entonces descubrimos que el mundo estaba lleno de injusticia, porque ese autor era el mejor de todos ellos y no lo sabíamos. Esta podría ser la historia de Leonardo Cantero.

Leonardo Cantero formó parte, junto a otros autores como Gabriel Cualladó y Paco Gómez, del llamado Grupo La Palangana, al que posteriormente se sumaron algunos fotógrafos que orbitaban en torno a la Real Sociedad Fotográfica: Fernando Gordillo, Rafael Sanz Lobato o un Ramón Masats recién venido de Barcelona. Alma de la fotografía española en los años cincuenta y sesenta del siglo XX, formaron la llamada Escuela de Madrid.

La muestra que se presenta en el Reina Sofía es un ejemplo de dos de las labores que este museo debe realizar según su nuevo director Manuel Borja-Villel: por un lado, la conservación del patrimonio artístico, posible gracias a la donación de la familia Cantero y, por otro, la paulatina exhibición de los fondos de la colección permanente de un modo que permita comprender los vínculos entre todas las disciplinas artísticas.

La exposición, comisariada por Catherine Coleman, se pliega al concepto de lugar, tema del festival en esta edición, desde el momento en que todas las imágenes están tomadas en el entorno de la finca familiar de La Dehesa del Hoyo, en Sotillo de la Adrada, provincia de Ávila. Las imágenes son irregulares originales de época, positivadas por el propio Leonardo Cantero. Se acompañan de unas vitrinas con documentos varios.

También se puede ver la proyección de 80 diapositivas Elegía a un bosque muerto, trabajo realizado entre 1968 y 1972 sobre un incendio forestal que se desató en la propia finca y la posterior regeneración del bosque.Vemos escenas de campo, juegos de niños, trabajos de hombres, un inolvidable caballo negro sobre fondo blanco... y una sorpresa que Fernando Gordillo desvela: Leonardo Cantero se incluía, mediante fotomontajes, escondido en un rincón de alguna de sus imágenes.

La historia es, sin duda, bonita. Pero no es redonda porque el mejor de todos aquellos ya lo descubrimos hace tiempo, se llama Ramón Masats. Aunque el historiador Publio López Mondéjar me diga que Masats defiende, y escribe, que el bueno, bueno de verdad era Paco Gómez.