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Miércoles, 4 de Junio de 2008

Tracey Emin escandaliza una vez más con su selección para la Royal Academy

EFE ·04/06/2008 - 14:05h

EFE - La artista británica Tracey Emin posa junto a sus obras en la sala Cubo Blanco de Londres, Reino Unido.

Resulta difícil hoy en día escandalizar en el mundo del arte, pero parece que Tracey Emin lo ha conseguido otra vez con la sala que ha "comisariado" para la Exposición de Verano de la Royal Academy of Arts (RAA) londinense, a juzgar por las declaraciones de algunos de sus académicos.

Emin, conocida sobre todo por su cama con los restos de una noche de amor -bragas sucias, colillas y preservativos incluidos- y por una instalación en forma de tienda de campaña con los nombres de todos sus amantes, fue nombrada académica de la RAA el año pasado y recibió la invitación para seleccionar las obras de una de las salas de esa exposición, que se celebra anualmente desde 1769.

Antes incluso de que la RAA abriera sus puertas este lunes a la prensa, algunos académicos comentaron que el gran Turner, que exhibió en su día varias obras maestras en la Exposición de Verano, se habría ofendido y habría considerado lo expuesto por Emin como infantil y ofensivo.

"Es una desgracia. Están utilizando a la Royal Academy para escandalizarnos con basura pretenciosa. No es representativo de la Academia. Es provocador y ofensivo", se queja hoy, por ejemplo, el escultor y académico Ivor Abrahams en el diario "The Times".

Emin no ha querido en efecto defraudar ni a admiradores, que los tiene, ni a sus detractores, y sobre todo ha hecho lo que parece que más le gusta: que se hable de ella.

Nada más abrirse esta mañana la exposición a los críticos y periodistas, su sala se llenó de fotógrafos que no dejaban de disparar sus cámaras sobre los objetos seleccionados.

Allí había desde una escultura cinética de gran tamaño que representa a una cebra macho copulando con una mujer hasta el vídeo de una joven bailando desnuda junto al mar con un hula-hoop hecho de alambre de espino y desangrándose con el movimiento de caderas.

Una macabra fotografía en blanco y negro mostraba a un jovencísimo Damien Hirst, el de los tiburones disecados en formol, juntando su cara risueña al rostro abotargado de un cadáver que parece hacer una mueca como las de las famosas esculturas del artista austríaco del barroco Franz-Xavier Messerchmidt.

No lejos de allí podía verse una escultura titulada "Pink Narcissus" (Narciso Rosa), compuesta por un manojo de penes y dedos, que, gracias a un foco colocado delante, arrojaban curiosamente sobre la pared un doble perfil a lo Jano.

Algunas de las obras elegidas por Emin carecen de ese elemento provocador como una escultura en bronce y acero en forma de saco de la nonagenaria Louise Bourgeois o un lienzo del estadounidense Julian Schnabel que representa el rostro de una geisha sobre un fondo de "drip painting".

La propia aportación de Emin a su sala consiste en el primer plano de una mujer -tal vez ella misma- con las piernas abiertas, ejecutada con trazos rápidos, un poco como lo que hacían hace ya un siglo los austríacos Egon Schiele y Gustav Klimt, sólo que con bastante mayor torpeza.

"Es como una niña que quiere ser mala y se sube las faldas para enseñar al público que no lleva bragas", comenta hoy una crítica de la representante de Gran Bretaña en la última Bienal de Venecia.

Por lo demás la Exposición de Verano es como siempre un escaparate en el que exponen famosos profesionales como los alemanes Anselm Kiefer o Georg Baselitz, el español Antoni Tapies, todos ellos académicos honorarios, o los británicos Allen Jones, Anish Kapoor, Tony Cragg o Anthony Caro, pero también simples aficionados.