Archivo de Público
Miércoles, 4 de Junio de 2008

Viaje al humanismo de Eugene Smith

Casi 250 fotografías recuerdan a uno de los grandes maestro

PEIO H. RIAÑO ·04/06/2008 - 00:00h

The Heirs of Eugene Smith - En 1950 se encontró de cara con una España en pleno bloqueo.

En todos los retratos que he visto de Eugene Smith aparece en el laboratorio rodeado de trastos, con una ristra de negativos colgando de una cuerda mientras se secan y una mesa para editar. Ya mayor, barba blanca, ropa de sport negra, mirando una hoja de contactos. Eugene Smith (1918-1978) consideraba que era su mejor editor, aunque le acusaban de todo lo contrario. Tenía mucho genio y se llevó fatal con los editores gráficos que trataron sus fotografías en sus publicaciones. Si Smith se pasara hoy por la enorme sala de exposiciones Teatro Fernán Gómez de Madrid, encontraría en la muestra Más real que la realidad un homenaje a su capacidad como fotógrafo y su necesidad de editor.

La exposición la forman algunos dibujos originales de las revistas en las que publicó y más de 250 fotografías de las series La aldea española, Médico rural, Enfermera-comadrona, Un hombre piadoso, Pittsburgh y Minamata . Todo lo expuesto sale del laboratorio y de las manipulaciones que el propio Eugene hizo en cada una de sus fotos, sin intermediarios. Necesitaba controlar la honestidad hasta el último momento: retocó lo real para hacerlo lo más real posible.

Pequeño secreto

Su mayor preocupación fue la humanidad: Trato de tomar la voz que tengo y dársela a quienes no la tienen, solía decir. Los que no la tenían en la dura España de los años cincuenta eran los vecinos de esa pequeña aldea extremeña a la que llegó el fotógrafo, movido por un especial amor al país (una novia bailaora de flamenco) y un encargo de la revista Life para que retratase la sequía por la que se pasaba aquí. Estuvo dos meses y medio. Encontró sufrimiento, esfuerzo, calor y tres guardias civiles. Entre todo el material de la exposición merece la pena detenerse cuanto más, mejor en las hojas de contacto que cuelgan de las paredes y enseñan el encuentro con estos tres calaveras con metralleta. Toma a toma, el negativo es el testimonio real del secreto mejor guardado, la relación de confianza que el fotógrafo generó para conseguir lo que buscaba. Primero, un poco lejos, y poco a poco, más cerca. Y a la cuarta, la buena. Una lección magistral.

Idealismo indomable

Decía estar confiado en poder acusar a la guerra, en influir en la gente del futuro y evitar otras. Destruyó toda su obra temprana, porque pensó que no valía nada. Abandonó la universidad porque no tenía la libertad que necesitaba para fotografiar. Se enfrentó a todas las revistas con las que trabajó: le despidieron de Newsweek en 1936, porque insistía en utilizar otro formato; llegó a Life pero no duró. Nunca vieron con buenos ojos que se tomara el tiempo que necesitaba para hacerlo bien y en un informe interno escribieron de él: Tan pronto como le quitemos el idealismo a Smith, obtendremos más rendimiento suyo como fotógrafo. Y en 1955 ingresa en Magnum... para dejarlo.

Le han calificado de moralista, pero él prefería cínico dotado de compasión. Dijo que su secreto era la capacidad para comprender cómo serían las cosas antes de experimentarlas: No sufrí traumas por experiencia alguna en la guerra, porque pocas de ellas estaban más allá de mi imaginación.

La exposición acaba con la imagen más dulce: sus dos hijos en el bosque, la primera foto que hizo después de estar dos años sin disparar su cámara a causa de las 32 operaciones que padeció por las heridas de guerra.

El origen de las grandes series

1.- ‘La aldea española', 1950
La atracción de lo exótico zarandeó la curiosidad de Eugene Smith al llegar a la villa cacereña de Deleitosa. El pueblo y las gentes a las que encontró le parecieron una leyenda, una visión poética de la construcción de una aldea por sus vecinos.

2.- ‘Pittsburgh', 1955
La atracción por la cercano hizo que en cinco meses juntara 11.000 negativos del trabajo más personal y moderno de todos.

3.- ‘Minamata', 1971-75
La atracción por lo íntimo le llevó a cultivar la relación con sus personajes en esta villa de Japón. Estuvo todo el tiempo que quiso conociendo a la gente, porque ya no trabajaba para nadie. Terminó convirtiéndose en un vecino más. "Esa es la forma de hacer las mejores fotografías", dijo.