Archivo de Público
Miércoles, 4 de Junio de 2008

La hidra económica acosa a Zapatero

La crisis confirma la previsión de que la economía será el eje del debate político, al menos hasta mediada la legislatura

GONZALO LÓPEZ ALBA ·04/06/2008 - 07:59h

Zapatero y sus ministros observan a Mariano Rajoy en el Congreso. DANI POZO 

El talante se demostró un buen antídoto contra la crispación, pero, por más que sea cierto que “el pesimismo no crea empleo”, la repetición de este mantra presidencial no parece que tenga poderes taumatúrgicos porque, al final, la factura siempre llega. El mejor indicador del miedo al cartero es, junto a la caída en la venta de automóviles, que el 54,1% de los españoles dice no saber aún a qué destinarán el reintegro fiscal de 400 euros, según revela el Publiscopio.

Lo que el presidente del Gobierno realmente está diciendo cuando hace aquella afirmación es que lo peor que puede ocurrir en un escenario de crisis económica es que se instale el

pesimismo. No es una terapia revolucionaria. Ya Keynes teorizó la importancia de las expectativas en la economía y el efecto directo que los factores psicológicos tienen sobre los precios y la inversión.

El diván presidencial

Zapatero se atiene, pues, a la ortodoxia económica al intentar llevar a los españoles al diván. Pero no se sabe si llega a tiempo y con credibilidad suficiente después de un rosario de errores de previsión, de los que no se han salvado los organismos internacionales, que han sido parte inductora.

El pesimismo ya está aquí, aunque en dosis que pueden ser neutralizadas. El Publiscopio indica que, en poco más de seis meses –de octubre de 2007 a mayo de 2008– , se ha duplicado el número de españoles que juzgan bastante o muy mala la situación económica, hasta conformar el parecer mayoritario (55,1%). Sin embargo, sólo el 18,5% cree que su situación personal o familiar es mala.

Esta aparente contradicción se compadece con la de los datos económicos. El paro creció en mayo rompiendo la pauta histórica de ese mes, pero las afiliaciones a la Seguridad Social también crecieron; se destruye mucho empleo en la construcción, pero crece en otros sectores; cae la recaudación por IVA, pero sigue subiendo por IRPF...

El panorama aparece claramente definido por la inestabilidad y la pérdida de confianza, las dos patas de la incertidumbre que es intrínseca a los estados de tránsito. Todo el mundo espera que el Gobierno haga algo y proliferan las recetas, pero nadie parece saber muy bien cuál es la fórmula magistral de efecto global inmediato. El peor indicio aparece cuando los políticos empiezan a inventar palabros para describir cosas conocidas: de la “desaceleración” simple

se ha pasado a la adjetivada, y de esta a “la contracción”, “las correcciones del mercado”...

Paliativos

Si se acepta que la crisis obedece básicamente a la restricción financiera internacional, el descontrol de la inflación a causa del encarecimiento de los combustibles y el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, el margen de maniobra a corto plazo es escaso más allá de las medidas paliativas: créditos del ICO para proporcionar liquidez, reducciones fiscales para inyectar dinero al consumo, y poner un colchón que amortigüe el batacazo de la construcción, pero sin relanzar el sector para mantener la coherencia con el objetivo de cambiar el modelo de crecimiento. Otra cosa es la intensidad de los paliativos.

Así, es natural que el Gobierno sostenga que hay que evitar caer en el ejercicio sadomasoquista de medir todos los días la profundidad de la crisis, pero también que la oposición acentúe la impresión de que el Ejecutivo carece de ideas e iniciativa. Hasta la fecha, no ha hecho otra cosa que ir goteando las medidas ya previstas en su programa electoral, cuando las previsiones eran más optimistas.

La oposición, todos a una

Casi la mitad –12 de 23– de las preguntas que hoy se realizarán en la sesión de control parlamentario del Congreso tienen que ver con cuestiones económicas. Rajoy apunta al centro: “¿Cree que la política del Gobierno transmite confianza en la economía española?”. Llamazares ataca por la izquierda : “Si ha agotado el Gobierno un margen presupuestario discrecional en propuestas electorales ante la desaceleración, ¿qué otras medidas piensa adoptar para hacer frente a la crisis y el desempleo?”. Y Duran Lleida avisa: “¿Ha previsto el Gobierno la adopción de alguna medida destinada a compensar el impacto de las alzas de precios de los carburantes sobre sectores productivos de la importancia de la agricultura, la pesca o el transporte?”.

Mientras, sindicatos y empresarios se mantienen “a la espera del ministro de Trabajo”, pero ya han empezado a levantar la voz. UGT, cuyo líder –Cándido Méndez– tiene hilo directo con Zapatero, reclamó ayer al Gobierno que actúe “sin demoras” para frenar la destrucción de empleo y la CEOE pidió que se “extremen las cautelas” en el gasto público y las subidas salariales. Sindicatos y patronal tienen ya diseñada su estrategia de negociación: no aceptarán que el diálogo social se fraccione por temas.

En el tanteo de una legislatura que no empezará de hecho hasta el otoño, se columbra que el Gobierno vivía mejor contra el fantasma de la crispación que contra la hidra de la crisis económica. Incluso aunque en tiempos de aquella hubiera oposición y en los tiempos presentes ande atribulada en busca de su propio yo.