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Lunes, 2 de Junio de 2008

Quince artistas vuelven a la infancia en un castillo de Enrique VIII

EFE ·02/06/2008 - 21:08h

EFE - "Hanginí Tree", obra de Kevin Francis Gray, que forma parte de la exposición "The Artists' Playground. Contemporary Art at Sudeley Castle", que se puede visitar en el castillo de Sudeley.

El castillo de Sudeley, hogar de la última esposa del rey Enrique VIII, Catalina Parr, acoge una exposición sobre el juego que ha permitido volver a la infancia a quince artistas, entre ellos Carsten Höller y la arquitecta Zaha Hadid.

Se trata de "The Artists' Playground. Contemporary Art at Sudeley Castle" ("Zona de recreo de los artistas. Arte contemporáneo en el castillo de Sudeley"), una muestra de esculturas al aire libre de las colinas de Cotswold (Gloucestershire, suroeste de Inglaterra).

En la exposición, que podrá visitarse hasta el próximo 31 de octubre, el arte contemporáneo más innovador compite en belleza con un paisaje histórico y natural que deja casi sin respiración al espectador.

Las dieciocho obras que conforman la muestra están distribuidas estratégicamente por los jardines del castillo en un recorrido que requiere un mapa y que hace al visitante creerse protagonista de la búsqueda de un tesoro.

Los artistas visitaron primero el lugar para que su magia les inspirase a la hora de experimentar en sus obras con los conceptos del juego y del disfrute de la vida.

Así, Zaha Hadid -única mujer que ha ganado un Premio Pritzker, el considerado Nobel de arquitectura- ha creado un tobogán futurista de color gris que está adaptado a los desniveles del terreno.

El danés Jeppe Hein ha optado por un laberinto de espejos que, con su reflejo, parece abrir muchos más caminos de los existentes y deforma la realidad gracias a las lentes.

Uno de los "platos fuertes" de la exposición es la máquina voladora de Carsten Höller, una suerte de ala delta fijado al suelo que permite a los más valientes dar vueltas en el aire.

Los trabajos más grandes son los de Michael Craig-Martin y de Piotr Uklanski, una gran pala de color fucsia y una enorme silueta de una mano, respectivamente, clavadas en el suelo.

Muy divertidas resultan los trabajos de James Hopkins, unas grandes botellas de champán que a través de sus cuellos muestran, a modo de catalejos, una cámara oscura y un caleidoscopio.

La sofisticación, por otro lado, define los trabajos de Kevin Francis Gray: la tumba de unos jóvenes amantes y la escultura de una mujer sentada en la rama de un árbol y de cuya frente nacen hilos de cristales que le tapan el rostro y llegan hasta el suelo.

Por su parte, las obras de Henry Krokatsis tienen temática religiosa pues son un púlpito de caracol que rodea un árbol y unas velas con forma de cuernos de venado en el interior de la iglesia en la que está enterrada la reina Catalina Parr (1512-1548).

Rolf Sachs ha hecho una rudimentaria mesa de ping pong con herramientas de carpintero que contrasta con la sofisticación de las mesas lunares de Arik Levy, tres medios círculos de metal en cuya superficie se ve el cielo reflejado.

Y Richard Woods ha decorado algunas puertas del castillo con vivos colores que simulan tablas de madera y barrotes, como en un cuento, mientras Jonathan Monk ha hecho un pequeño cañón de acero.

También han participado en la exposición Lawrence Weiner y Ai Weiwei, entre otros creadores.

Todos los trabajos, la mayoría creados para la ocasión, están a la venta a través de la casa de subastas Phillips de Pury & Company, una de las organizadoras de la exposición.