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Lunes, 2 de Junio de 2008

La cara B de Saint Laurent

La muerte de Yves Saint Laurent a los 71 años deja a la moda sin uno de los pilares del siglo XX. Enamorado del arte, dotó a la mujer de una libertad dandy que perdura todavía hoy. 

ALEX CARRASCO ·02/06/2008 - 21:15h

Todos le recordaran por las aportaciones que hizo al mundo del lujo y el glamour. Para ser justos, habría que sumar a la ecuación la cara más irreverente y visionaria del maestro. Pierre Bergé, su cerebro económico, amante y confidente hasta el final de sus días, contaba en su biografía cómo un jovencísimo Yves Saint Laurent se escabullía por la ventana del cuarto de baño del apartamento  que compartían en el centro de París, para desaparecer durante días por los suburbios de la ciudad…

No hay que extrañarse, porque para alguien que prefirió comerse la vida a verla pasar, no existen puertas físicas ni creativas que le frenen. Heredero director de Christian Dior, Yves Saint Laurent fue el creador de alta costura más joven de la historia de la moda. También uno de los más longevos y prolíficos.

“Una sensación recorre París, nueva para la ciudad y para Francia: la creciente influencia de la juventud”, el todopoderoso Vogue América coronaba de este modo la primera colección de Yves, Beat Look, con las que introdujo en la estricta couture parisienne el potencial estético de las nuevas tribus urbanas juveniles.

Provocador juerguista

Porque si hoy el mundo le vanagloria por su aportación a la elegancia más exquisita y atemporal, durante los años 60 y 70 la sociedad se dividía ante unas propuestas que cambiaron la concepción de la mujer. También de la sobria imagen del modisto tradicional: mientras por los pasillos de la moda corría como la pólvora su afición por las juergas hasta el amanecer (muchas de ellas terminaron en el hospital), él alquilaba un espectacular yate para presentar su perfume Opium, titulaba el siguiente como Yvresse (borrachera) y posaba desnudo para publicitar su primera fragancia masculina.

Así era El Principito de la costura, como se le dio a conocer, tan exquisito como provocador. Buena muestra de ello fue una de sus más aclamadas creaciones, el smoking para mujer, una propuesta que no sólo introducía en el guardarropa femenino la prenda más emblemática del dandismo masculino, también iniciaba la era de la dualidad sexual en la moda y ofrecía por primera vez la historia la posibilidad de llevar pantalones a las mujeres.

El arte fue otra de sus grandes pasiones, tanto como coleccionista como por sus colecciones temáticas, entre las que se encuentran su célebre homenaje a Mondrian, que además supone la proclamación de la silueta trapecio.

También diseña espectaculares decorados y vestuarios para cine y teatro, como Cyrano de Bergerac y La Pantera Rosa, hasta que encuentra en Catherine Deneuve a su musa indiscutible. Pero el arte fue generoso y le devolvió cada uno de sus favores, sobre todo su amigo Andy Warhol, con el que colaboró en numerosas ocasiones y que le inmortalizó en uno de sus cuadros como el gran icono pop de la moda de todos los tiempos.
“Recuerdo que, cuando soplé las velas de mi noveno cumpleaños, pedí que mi nombre se viera con letras luminosas en los Campos Elíseos”, recordaba el propio Yves en sus memorias. Su sueño no sólo se ha cumplido, sino que ha superado con creces las expectativas.