Archivo de Público
Domingo, 1 de Junio de 2008

"La salud pública no es intromisión en la vida del ciudadano"

María Neira, directora del Departamento de Salud Pública y Medio Ambiente de la OMS, cree que el debate sobre el tabaquismo caerá por su propio peso dentro de pocos años

AINHOA IRIBERRI ·01/06/2008 - 21:36h

EFE - María Neira, en la sede de Naciones Unidas en Ginebra (Suiza), en una imagen de archivo.

Las opiniones de María Neira (Langreo, Asturias, 1960) están sobre la mesa de los ministerios de Sanidad de casi cualquier país. Esta médico con una amplia trayectoria en el campo de la ayuda humanitaria –de la mano de la ONG Médicos Sin Fronteras y de la Organización de las Naciones Unidas (ONU)– cambió hace ya 15 años los campos de refugiados por un despacho en Ginebra, donde, desde hace tres años, dirige el Departamento de Salud Pública y Medio Ambiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El sábado participó en el 41º Congreso de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), que se celebra hasta hoy en Tenerife.

¿Cómo lleva una persona de acción como usted la burocracia de un organismo como la OMS?

Como parte de la ONU que somos, por supuesto que en la OMS hay una burocracia rigurosa que es necesaria, pero eso no quiere decir, ni mucho menos, que no haya acción. De hecho, éste es el lugar del mundo donde he visto que mi acción tenía más repercusión. Las decisiones que yo puedo tomar desde la OMS pueden influir en las políticas de salud pública a nivel internacional y eso sí que es acción y repercusión; y es algo a lo que estoy totalmente enganchada.

¿Cómo valora la evolución en las políticas de salud pública en los últimos años?

Yo creo que ha habido de todo, evolución positiva, pero también involución negativa. Esto último es en ocasiones necesario porque a veces los avances son resultado de pequeños retrocesos y posteriores empujes.

¿En qué áreas ha habido más y menos avances?

Yo creo que hemos tenido grandes éxitos en respuesta a epidemias y en sensibilización internacional hacia éstas. También en materia de vacunas. Pero todavía nos quedan tantas grandes causas por sacar adelante... Por ejemplo, salud materno-infantil, malnutrición, enfermedades infecciosas en África, agua y saneamiento... Son campos en los que hemos ganado batallas, pero la guerra no la hemos ganado en absoluto, sobre todo en lo referente al saneamiento.

¿Y cuál es el gran reto actual de su departamento?

Nuestro gran desafío ahora son las enfermedades crónicas: las cardiovasculares, la diabetes, la hipertensión, las relacionadas con la obesidad y el síndrome metabólico. Hay una tendencia epidemiológica doble en los países en vías de desarrollo, donde en los núcleos urbanos te encuentras a la vez el problema de las patologías crónicas y las infecciosas. Es una doble agenda muy difícil de gestionar, con el agravante de que las dolencias crónicas generan unos gastos para la salud pública muy importantes y esto puede influir en las bases de nuestro futuro. Por otra parte, tenemos un elemento aglutinador negativo, que es la potencial crisis de los alimentos a la que nos enfrentamos.

Si pudiera elegir tres problemas de salud pública para solucionarlos con una varita mágica ¿cuáles serían?

En primer lugar, este aumento de las enfermedades crónicas; en segundo, todo lo que supone el envejecimiento de la población, que nos va a generar costes que no se sabe quién va a financiar y, en tercer lugar, por supuesto, el desafío pendiente que no hemos resuelto que son las enfermedades infecciosas relacionadas con agua, saneamiento y factores ambientales y que están ahí desde siempre, como la malaria o la tuberculosis.

Una de las acusaciones a la que se enfrentan las políticas de salud pública es la de que pueden interferir, en cierto modo, en la libertad de los ciudadanos. ¿Qué opinión le merece esto?

Éste es un debate falso. Las políticas de salud pública no son una intromisión en la vida de los ciudadanos, son promoción del bienestar social. En una sociedad como la nuestra, en la que convivimos ¿quién no querría, por ejemplo, que pusiéramos en marcha agua clorinada para evitar la transmisión de enfermedades con la excusa de que no se le deja beber el agua que quiere y que, encima, sabe mal? Otra cosa es que un señor quiera fumarse en su casa un cigarrillo o tomarse 10 whiskys, ahí nadie se va a meter. Lo haremos cuando ese señor esté exponiendo al humo de su cigarro a otras personas o cuando tenga que ser hospitalizado por varios meses con cargo a unos gastos enormes a la sociedad.

Ahora que ha mencionado el tabaco, muchos de los detractores de las leyes restrictivas afirman que todo lo que se hace en tabaco se deja de hacer, por ejemplo, en la contaminación provocada por los coches. ¿Qué opina?

Nosotrós sí hemos hecho algo con el humo de los coches. En 2006 mi departamento hizo unas guías de calidad del aire, a pesar de que desde algunos ámbitos se estimaba que esto no le correspondía a la OMS. Nosotros creemos que sí, que si la calidad del aire va a influir, y mucho, en la salud de la gente, por supuesto que se debe ocupar la OMS.

¿Pero se podría responder a la pregunta de si es más peligroso el humo del tabaco el de los coches?¿Cuál sería el sentido?

Está claro que las condiciones de salud más ideales se podrían encontrar en un lugar de alta montaña, donde viviéramos poquísimos, el agua fuera cristalina y no hubiera coches; pero vivimos en sociedad y casi nadie puede permitirse esos lujos. Lo que tenemos que intentar es atacar a los riesgos más importantes para la salud pública y evitar una exposición a ellos, vengan de donde vengan, del tabaco o del humo de los coches. Y si pudiéramos eliminarlos todos,mejor todavía.

Entonces ¿cuál es el futuro del tabaquismo?

Yo creo que en 10 años será tan obvio que no habrá debate. Hay que quitarle todo el glamour a fumar, yo prefiero llamarlo combustión de sustancias cancerígenas.