Archivo de Público
Domingo, 1 de Junio de 2008

La hemeroteca de Mariano

A Rajoy le gusta comparar la situación actual del PP con la vivida por Aznar tras la derrota electoral de 1993. ¿Son escenarios comparables?

YOLANDA GONZÁLEZ ·01/06/2008 - 17:27h

José María Aznar, Francisco Álvarez Cascos y Mariano Rajoy, en la noche electoral del 6 de junio de 1993, cuando el entonces candidato del PP perdió por segunda vez. EFEJosé María Aznar, Francisco Álvarez Cascos y Mariano Rajoy, en la noche electoral del 6 de junio de 1993, cuando el entonces candidato del PP perdió por segunda vez. EFE

 José María Aznar, Francisco Álvarez Cascos y Mariano Rajoy, en la noche electoral del 6 de junio de 1993, cuando el entonces candidato del PP perdió por segunda vez. EFE

Mientras Mariano Rajoy se mantiene firme en seguir tirando del carro, no oculta que su partido está atravesando una situación difícil. No obstante, en más de una ocasión ha intentado dejar caer que las filas conservadoras no pasan por el peor momento de su historia. Y que él no ostenta en exclusiva el récord de ser el líder del PP más criticado desde dentro del partido y desde algunos medios de comunicación. La última vez que ha defendido esta tesis fue hace una semana, en una entrevista publicada por el diario ABC.

Preguntado sobre si había interpretado las últimas declaraciones de Aznar -reclamando un partido sin complejos- como un reproche hacia su gestión, tildó el comportamiento de Aznar de "impecable". También recordó que "Aznar vivió algo parecido" a lo que él está viviendo, pero en el año 1993. "Yo estaba aquí, era el vicesecretario general de Organización y lo vi muy de cerca". Rajoy no quiso aceptar el órdago del periódico de recordar hechos concretos, de mojarse.

"Le invito a que repase las hemereotecas", señaló al entrevistador. Días antes de esta entrevista, en un acto en ICADE el martes 19 de mayo, fue incluso más preciso. Preguntado por un alumno sobre si no había llegado ya la hora de ceder el testigo después de haber perdido por segunda vez, se defendió argumentando que tanto Felipe González como José María Aznar habían ganado a la tercera. "¿Por qué el señor Rajoy no va a ganar a la tercera?", insistió. Y volvió a escudarse en la historia del partido: "Algunos medios también querían echar a Aznar en 1993".

¿Qué dicen las hemerotecas?. Basta echar un vistazo a las portadas de los medios de aquéllos días y a los teletipos de las agencias para concluir que el liderazgo de Aznar, a diferencia del de Rajoy hoy, no estaba tan cuestionado. Quizá Rajoy no recuerda que el momento actual no es extrapolable a 1993. Primero, porque a diferencia de lo que ocurre hoy en día, el Congreso del PP en el que fue escogido Aznar, se celebró antes de la cita electoral, del 5 al 7 de febrero de 1993. Segundo, porque, pese a no ganar, a pesar de los pronósticos favorables de las encuestas, Aznar logró arañar un importante número de votos a los socialistas en las generales del 6 de junio (2.800.000 votos más que en 1989).

Eso, sí, para Aznar, igual que ahora para Rajoy, se trataba de su segunda derrota. Precisando un poco más: ¿Cómo era ese PP de 1993? ¿Hubo dimisiones, batallas previas al Congreso, críticas internas y mediáticas?

Dimisiones

A diferencia de lo que le está pasando a Mariano Rajoy, José María Aznar no tuvo que hacer frente al desgaste que supone que personas de referencia dentro del partido decidan cerrar una etapa, marchándose o pasando a segunda línea política.
Pocos días después de las elecciones, el 13 de marzo, Eduardo Zaplana, hasta esa fecha portavoz de los conservadores en el Congreso, decidía retirarse de la élite política para "ser diputado raso". Poco duraron sus intenciones de ocupar un simple escaño en el Congreso de los Diputados. No pudo resistir la tentación de saltar a la empresa privada, concretamente a Telefónica.

El 13 de marzo tuvo, no obstante un punto dulce para Mariano Rajoy. Alberto Ruiz-Gallardón, que cuando fue excluido de las listas electorales por Madrid amenazó con retirarse, anunciaba que tomaba nota del gesto de responsabilidad que había tenido Rajoy siguiendo al frente del PP y él también seguía. Quizá Rajoy ha premiado esta actitud del alcalde madrileño confirmando que "Alberto" será uno de los hombres claves del equipo que presente en el XVI Congreso.

A Zaplana se sumó posteriormente Ángel Acebes. El todavía secretario general del PP no repetirá en su cargo tras el Congreso del partido que se celebrará en junio en Valencia. Hizo pública su decisión el pasado 5 de mayo.

Las marchas de Zaplana y Acebes no suponen sólo el hecho de dejar libre el camino para los jóvenes valores por los que ha apostado Rajoy, con Soraya Sáenz de Santamaría al frente. Tienen una importante carga simbólica, la del fin del aznarismo en los puestos más relevantes del partido.

También símbolos y referentes morales del partido son la presidenta del PP vasco, María San Gil, y el ex funcionario de prisiones y víctima de ETA José Antonio Ortega Lara. San Gil anunció hace poco menos de dos semanas su intención de no seguir siendo la cabeza visible de los conservadores de Euskadi y de abandonar su escaño en la Cámara autonómica. Ortega Lara le siguió en su decisión.

Pese a la insistencia de Rajoy en que su partido sigue siendo el mismo, María San Gil quedó muy tocada cuando se filtró que el PP iba a intentar un acercamiento a los nacionalistas.
Estas bajas obligan a Rajoy a pensar en algunos nombres para rediseñar el PP que salga del XVI congreso del partido. En 1993, Francisco Álvarez Cascos era el secretario general de los conservadores, Rodrigo Rato el portavoz en el Congreso y Alberto Ruiz-Gallardón el portavoz en el Senado. Javier Arenas y Mariano Rajoy figuraban como vicesecretarios generales.

Las batallas para el Congreso

El XI Congreso del PP se celebró en Madrid del 5 al 7 de febrero de 1993, bajo el lema "Partido de Gobierno". Era la primera vez que se veía al partido como alternativa al PSOE de Felipe González. Reinaba cierto optimismo por la posibilidad de una victoria en las generales de junio. Aznar fue votado casi unánimemente por los casi 2.800 delegados. Quizá la única sorpresa de este cónclave fue la ausencia de Miguel Herrero de Miñón en la Ejecutiva nacional. ¿Posible venganza de Aznar? Lo cierto es que antes del Congreso, el político conservador había criticado el liderazgo de Aznar.

Meses después, en noviembre, Herrero de Miñón se quejaba de Aznar en una entrevista en El Mundo. Aseguró que no le gustaba "el autoritarismo de Aznar en el partido".

Quince años después, el panorama es más complejo. Durante las últimas semanas, la posibilidad de que algún destacado militante del partido -leáse el diputado Juan Costa- diera un paso al frente y presentara una candidatura alternativa a la Rajoy ha animado aún más los movimientos en el PP. Al final, la cercanía del Congreso y, por tanto, la imposibilidad de reunir los 600 avales necesarios -muchos de ellos ya en poder de Rajoy- han disipado las expectativas. No obstante, la posibilidad sigue abierta hasta el propio Congreso.

Quien tampoco parece decidirse es la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. En sus planes no entra el de rivalizar con Rajoy. Pero si no fuera así, el líder del PP sería el primero en enterarse. El hecho de que Aguirre no esté decidida a luchar por la presidencia del partido no es sinónimo, no obstante, de acercamiento a su jefe.El pasado miércoles, ambos volvieron a escenificar una vez más la distancia que los separa. Que Rajoy dice que el partido tiene que hacer esfuerzos para "sumar" a más gente, pues Aguirre responde que el PP no necesita ningún cambio.

Un partido más grande

Quizá las mayores similitudes entre el PP de 1993 y el de la actualidad sea la insistencia de sus líderes en señalar que el partido tiene que hacerse más grande, conquistar a más electorado. En julio de 1993, poco después de perder las elecciones, Aznar habló de que su partido iba a vivir "un tirón nuevo de renovación y cambio, que va a ser un tirón muy fuerte". En la misma línea, Javier Arenas apostó por que el PP no se detuviese en un "continuismo estéril", por que se moviese "hasta identificarse con los sentimientos y aspiraciones profundas de los españoles".

Un mes después el actual presidente del PP andaluz se mostró a favor de dar "un paso más", de abrirse al centro para incorporar a más gente. Es algo en lo que ahora también insisten destacados miembros conservadores, desde el alcalde de Madrid hasta el propio Mariano Rajoy. Pero no ha sido interpretado igual. Por ejemplo, la presidenta de la Comunidad de Madrid ha sido muy insistente en que el PP no debe empeñarse en ser simpático, en caer bien.

También a María San Gil le asustó que su partido fuese a intentar "sumar" acercándose a los nacionalistas. Pese que al final el texto de la ponencia política para el Congreso recoge las ideas que ella había planteado.

Es sin embargo ahora cuando los conservadores se han enzarzado en una guerra semántica para definir el partido. Se ha oído de todo: liberal, neoliberal, moderado... Rajoy lleva varios días insistiendo en que su partido es de "centro-reformista" y que cuando se mantuvo en esas coordinadas ideológicas, "ganó elecciones". Palabras que sonaban a contestación a Francisco Álvarez Cascos. El ex ministro ha presentado una enmienda que pide que el partido deje de definirse como formación de centro. Pide que se defina como una organización inspirada en los principios liberales y del humanismo cristiano.

Presión mediática
La presión por parte de determinados medios de la derecha a Rajoy es inédita. Desde que comenzó a hacer los primeros cambios en su equipo en el Congreso han insistido en que se equivocaba, en que carecía de liderazgo y en que se habían equivocado respaldándole como candidato para las generales. Para algunos de estos medios, Rajoy ha sido blando y autoritario, según las veces. Blando por no ser capaz de llevar las riendas del partido y duro por no escuchar a las voces más críticas, que tienen sus principales altavoces en la Cope y El Mundo.

Fue precisamente este diario el que en noviembre de 1993 titulaba un editorial "Si Aznar no es oposición tampoco es alternativa". Le reprochaban no haber atacado al Gobierno por su política económica y mantenía que si Aznar no rectifica "estará poniendo en cuestión su propio futuro como líder y el del partido que dirige". Rectificó.