Jueves, 1 de Noviembre de 2007

Protocolo de Kioto: cuestionado antes de nacer

Los expertos creen que el acuerdo, que obliga a reducir las emisiones un 5% a partir de enero, no conseguirá su objetivo

MARÍA GARCÍA DE LA FUENTE ·01/11/2007 - 08:07h

A dos meses del comienzo real del Protocolo de Kioto, el próximo 1 de enero de 2008, hay voces que comienzan a cuestionar el cumplimiento del acuerdo y creen que, por tanto, sería preferible incluso abandonarlo. Los firmantes del Protocolo, en 1997, se comprometieron a reducir en un 5% las emisiones globales en el periodo 2008-2012, respecto a las de 1990. Pero los países con compromisos de reducción de emisiones no obtienen buena nota.

Los científicos británicos Gwyn Prins, de la London School Of Economics, y Steve Rayner, de la la Universidad de Oxford, han publicado un artículo en la revista Nature en
el que aseguran que el Protocolo de Kioto "ha fracasado" en su meta de reducir las emisiones globales del planeta. Los autores señalan que este acuerdo "no ha proporcionado reducciones demostrables de las emisiones" y que "carece de éxito ante el calentamiento global".

El investigador Juan Carlos Rodríguez, del Centro de Ciencias Medioambientales (del CSIC), también piensa que los objetivos de reducción de emisiones no se van a cumplir, "y eso es un fracaso", añade. En todo caso, apunta que ese hecho ya se podía intuir durante la negociación, hace 10 años, porque se necesita más tiempo para lograr disminuir los gases de efecto invernadero. Rodríguez señala que es necesario fijar cuotas por países también en el siguiente acuerdo, después de 2012: "Hacen falta objetivos concretos y, si se quiere hacer frente al cambio climático, debe realizarse con reducciones más importantes que las que se pactaron en Kioto".

Mecanismos de desarrollo

Prins y Rayner critican que el Protocolo de Kioto dependa en exceso del mercado de comercio de emisiones, así como que se gane dinero con los Mecanismos de Desarrollo Limpio (proyectos en terceros países para reducir emisiones), en vez de aumentar las inversiones en tecnología e innovación.

Los expertos proponen que las grandes economías -al tiempo que grandes contaminantes- destinen más dinero a la innovación, "como ya hacen, por ejemplo, en la investigación militar". Rodríguez indica que es razonable que se pida más inversión pública en tecnología limpia, aunque añade: "El problema no se resuelve sólo con innovación, porque se ha invertido y han seguido aumentando las emisiones".

Uno de los problemas de Kioto es que no tuvo en cuenta la contaminación por unidad de producción, es decir, que la fabricación de un producto se realice siempre en las mismas condiciones; por ejemplo, que la producción de un coche, en China o en Europa, contamine lo mismo. Y para eso se necesita innovación.

Otro pero de los científicos británicos es la falta de recursos para adaptarse al cambio climático y mitigar sus efectos. En la actualidad, apenas 20 países son responsables del 80% de las emisiones. "Los esfuerzos en mitigación deben recaer en estos países", dicen ambos investigadores. Ante el acuerdo para después de 2012, que comenzará a negociarse en Bali, en diciembre, habrá que tener en cuenta el modelo de civilización. "Puede que estemos llegando al límite ecológico del planeta", avisa Rodríguez.

El Gobierno defiende la asignación de emisiones per cápita

Una de las propuestas que surgen con más fuerza, y que defiende el Ministerio de Medio Ambiente, es la asignación de emisiones per cápita y por unidad de producción, una medida que no se incluyó en el Protocolo de Kioto. Las emisiones por habitante suponen que "cada persona tenga el mismo derecho a emitir, independientemente del país en el que viva", indica el investigador del CSIC Juan Carlos Rodríguez. Así, un chino y un estadounidense estarán en igualdad de condiciones.

Esto conllevará que los países desarrollados tengan que reducir drásticamente sus emisiones, "mientras que los que están en vías de desarrollo no tendrán que disminuirlas tanto", explica el científico. Este principio de equidad no se incluyó en 1997 y España salió perdiendo, ya que las emisiones por habitante son más bajas, por ejemplo, que las de países como Alemania. La cuota de la UE se negoció en conjunto.  

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