Martes, 6 de Mayo de 2008

"Llevamos cien años de retraso y estamos como Zimbabue"

ELSA RECHE ·06/05/2008 - 21:40h

Las imágenes de un satélite de la Nasa dan una idea de la devastación. La fotografía de la izquierda, tomada el 15 de abril, muestra el delta del Irawadi (parte inferior izquierda) antes del ciclón, con Rangún dentro del recuadro rojo. A la derecha, tras el paso del Nargis, la región está invadida por las aguas. AFP.

Pocos son los birmanos capaces de permanecer callados ante un comentario sobre la permanente subida de precios en Birmania: de pronto su temperamento afable y pacífico se transforma en una tormenta de críticas a la Junta Militar que rige el país desde hace 45 años.

De camino a la emblemática pagoda Shwedagon en la capital del país, uno de los escenarios principales de la Revolución Azafrán del pasado septiembre, un taxista afirma indignado que "el Gobierno sólo se cuida de sí mismo y la gente no tiene derechos ni oportunidades, lo odiamos y estamos esperando nuestro momento. Voy a votar que no en el próximo referéndum constitucional".

Pero la abstención o el voto en contra de la consulta del próximo 10 de mayo sobre la futura Constitución, que no reconoce el partido de la premio Nobel Aung San Suu Kyi, no va a resultar tan fácil por el control militar que ya ha empezado a notarse en las calles.

"El resultado de la votación se sabe de antemano. Me obligarán a votar una Constitución escrita por y para ellos [la Junta Militar]. Si el resultado fuera contrario al previsto por la Junta como sucedió hace 20 años, ¿tendremos que esperar otros 20 para la próxima votación?".

El señor Han, guía turístico de la sureña ciudad de Bago, hace mención al fracaso de las elecciones de 1990, cuando la Junta hizo caso omiso del 82% de los votos que obtuvo el partido de Suu Kyi, bajo arresto domiciliario desde 1989.

Una mujer muy sabia

La dama, como también se conoce a Suu Kyi, es reverenciada por todo el país sin paliativos. El anciano señor Maung, vendedor de bolígrafos en Yangón, explica, en un tono cada vez más bajo por la llegada de un policía a una de las teterías que salpican las aceras del centro de la capital, que el Gobierno la odia porque es una mujer muy sabia.

También se queja de las multas que le obligan a pagar en los últimos meses por tener abierto el puesto de bolígrafos en la calle después de las tres de la tarde. Esta medida aleatoria no es la única ideada por el Gobierno.

La venta de gasolina está racionada en las ciudades a 7,5 litros diarios a un precio de cinco euros. Pero esta cantidad es insuficiente para muchos birmanos, que se ven obligados a comprar combustible en el mercado negro por el doble de su precio, también suministrado por el Gobierno a cambio de ingresos extras.

La espectacular subida de los precios de los combustibles de hasta un 500% originó las protestas de los monjes budistas por todo el país en lo que se denominó la Revolución Azafrán por el color de las túnicas.

En el monasterio Nga Hpe Kyaung situado en pleno lago Inle, el monje Nanda afirma que todavía hay unas mil personas encarceladas a raíz de esos acontecimientos.

"El precio de la gasolina se disparó y la gente no podía pagarlo. Nosotros vivimos de ella, así que nos echamos a la calle. Los agricultores de esta zona ganan menos de un dólar al día, es una vida muy dura. Llevamos cien años de retraso y estamos a un nivel parecido al de Zimbabue. El Gobierno le regala prácticamente la gasolina y el resto de recursos naturales a China, mientras que los birmanos tienen que pagarla a un precio muy caro".

Birmania es un país con más monjes que militares, 500.000 frente a 450.000. Los religiosos forman la única organización que resiste en una sociedad civil eliminada por el Ejército. Uno de cada 100 birmanos es un monje. Todos los niños pasan unas semanas en el monasterio y los religiosos recorren todas las mañanas las calles con un bol, que los ciudadanos rellenan de arroz.

La dependencia e identificación entre los monjes y la población es absoluta en un país profundamente religioso. "La gente está todavía más enfadada después de septiembre. Hay monjes en la cárcel", señala el señor Han. Habrá que ver cuánto aumenta el enfado de una población que no fue ni siquiera avisada de la llegada del ciclón Nargis por un Gobierno que tardó tres días en aceptar la ayuda internacional.