Martes, 6 de Mayo de 2008

El escultor Richard Serra instala un paisaje de acero en París

EFE ·06/05/2008 - 18:51h

EFE - El escultor estadounidense Richard Serra propone explorar un paisaje radical y poético forjado a base de enormes planchas de acero en su paseo minimalista "Promenade", que se expone desde hoy en la nave principal del Grand Palais de París.

El escultor estadounidense Richard Serra propone explorar un paisaje radical y poético forjado a base de enormes planchas de acero en su paseo minimalista "Promenade", que se expone desde hoy en la nave principal del Grand Palais de París.

Cinco rectángulos de acero de 17 metros de altura cada uno colocados en fila con intencionada irregularidad invaden los 13.500 metros cuadrados de este singular edificio de piedra, metal y pioneras cúpulas de vidrio erigido para la Exposición Universal que albergó París en 1900.

"El contexto determina en cierto grado la obra", afirma el artista, que reconoce que elaborar una instalación escultórica para ubicarla en el Grand Palais le supuso un desafío.

Serra asegura que en Francia "el arte importa" y celebra que París haya consagrado a su talento el "Monumenta 2008", la segunda edición de una iniciativa que el año pasado estuvo dedicada al artista plástico alemán Anselm Kiefer.

"Mi país ha tenido siempre muy poco respeto por los artistas", se lamenta ante los periodistas el escultor, que añade que en Estados Unidos "no importa la cultura" sino "la agresividad" y "las armas", aunque "eso cambiará" si el aspirante a candidato demócrata a la Presidencia estadounidense Barak Obama gana las elecciones del próximo noviembre.

Finiquita el guiño político y sigue paseando entre sus planchas de acero, gesticulando y hablando de gravedad, equilibrio y espacio.

"Promenade" puede resultar desconcertante de inicio, por la simpleza de enormes dimensiones físicas de la obra, abierta hasta el próximo 15 de junio.

"No estoy interesado en crear objetos, estoy interesado en la movilidad al caminar", asegura este escultor de 69 años natural de San Francisco, autor también de la sinuosa obra "La materia del tiempo", una de las piezas más recordadas del museo Guggenheim de Bilbao.

Serra afirma que "Promenade" comienza, en realidad, cuando el visitante dialoga con la escultura, cuando interactúa con los elementos y cuando se relaciona íntimamente con la instalación.

Es entonces cuando se descubre la belleza radical que se esconde detrás de esta escultura minimalista.

En función de cómo incida la luz que atraviesa las cúpulas del Grand Palais, la obra adquiere diferentes tonalidades, pasando de un marrón más oscuro en las zonas sombrías a un color mate cercano al cobre en las áreas iluminadas.

Algunos palpan el acero con sus manos o lo golpean con los nudillos, otros rodean las planchas de metal y muchos, simplemente, degustan la perspectiva asimétrica del eje de las gruesas láminas de color cobrizo.

Poco a poco, el desconcierto inicial del público se desvanece, a medida que el entorno cerrado del edificio donde se ubica la instalación se va tornando metafóricamente en un espacio público, a merced de los visitantes.

Éstos dialogan junto a la escultura, olvidándose de que está ahí, como si sus conversaciones se fueran deslizando lentamente hasta los rincones de las charlas cotidianas de un día cualquiera.

Tras un rato de inmersión en el paseo, "Promenade" ha mutado y ha transformado también el entorno en el que está instalada: las planchas de acero se han convertido en testigos de un espacio público gobernado por los ciudadanos que atraviesan la obra.

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