Lunes, 5 de Mayo de 2008

El desastre debilita al régimen militar por sorpresa

MAR CENTENERA ·05/05/2008 - 22:18h

La devastación provocada por el ciclón Narguis no podía llegar en peor momento para el autoritario régimen militar birmano: queda menos de una semana para el referéndum constitucional con el que planean eternizar su control político del país asiático.

Pocos creen que la tragedia vaya a alterar el resultado favorable de una votación considerada fraudulenta de antemano, pero la Junta Militar birmana se ha debilitado de forma inesperada por la mala gestión de la crisis humanitaria.

La escasez de agua potable, la fuerte subida del precio de los alimentos, la interrupción del suministro eléctrico y la ausencia de equipos de rescate han disparado las críticas contra el régimen militar, en el poder desde 1962.

"No sé dónde están ahora las tropas que golpearon a manifestantes pacíficos en septiembre", declaró ayer al diario Irrawaddy una ama de casa en Rangún, la mayor ciudad del país.

Miles de personas lo han perdido todo y ven con impotencia cómo nadie aparece para ayudarles. "Llegaron muy rápido en septiembre. Pero ahora no están aquí para ayudar a las víctimas del ciclón", denunció la entrevistada.

La ira contra los dirigentes se ha propagado como la pólvora y no son pocos los que están convencidos que el desastre natural es un castigo divino. "Mucha gente está diciendo que el ciclón es un mal presagio para el régimen y un castigo por la represión violenta contra los monjes budistas en septiembre", explica Win Min, politólogo birmano exiliado.

Entre 30 y 200 personas murieron durante la represión militar de las protestas prodemocráticas y centenares siguen encarceladas.

Aplazar o no la votación

Win Min señala que la superstición birmana dificulta también el cambio de la fecha de la consulta popular: el líder de la Junta Militar, Than Shwe, eligió el 10 de mayo porque era "un día favorable".

Si el régimen retrasa la cita, dará más tiempo a los grupos opositores -casi todos ellos clandestinos y/o con sede en en el exilio- a organizar campañas contra el referéndum. Si, por el contrario, da luz verde a la votación, tendrá que renunciar a uno de sus objetivos: celebrar la consulta lejos de las miradas del mundo exterior.

Ni observadores internacionales ni periodistas extranjeros habían sido autorizados para supervisar e informar sobre la votación popular, pero la crisis humanitaria ha forzado un cambio de timón. La Junta Militar ha permitido la entrada de ayuda internacional, bajo coordinación de Naciones Unidas.

El recelo de las autoridades birmanas hacia la comunidad internacional es enorme. Acusan a las agencias humanitarias de ser "herramientas coloniales" y de apoyar a rebeldes separatistas contra los que combaten desde hace medio siglo. Sin embargo, la imposibilidad de hacer frente en solitario al desastre les obliga a abrir las puertas y mantenerse alerta para que, pese a la presencia extranjera, todo siga igual.

Su larga supervivencia en el poder hace creer que pueden conseguirlo una vez más. Los generales han burlado las sanciones internacionales renunciando al comercio con Occidente y volcándose en cambio con sus vecinos asiáticos.

Grandes reservas naturales

El hambre energética de India, China y Tailandia vuelve muy deseables sus grandes reservas de gas. También son codiciados sus vastos bosques de teca y la abundancia de jade y otras piedras preciosas.

Con la venta barata de las grandes riquezas naturales del país, el régimen militar evita preguntas incómodas sobre los derechos humanos y el injusto reparto de los recursos.

Pero, dentro de sus fronteras, la desesperación por un desastre que lleva al límite las duras condiciones de vida de los birmanos podría volverse contra un régimen que creía tenerlo todo bien atado.