Lunes, 5 de Mayo de 2008

El poeta alemán Schiller no está en su tumba

Un análisis genético revela que los restos son un ‘puzzle’ de varios desconocidos

J. Y. ·05/05/2008 - 19:41h

El cráneo analizado. REUTERS

Si los muertos pudieran conversar, el escritor alemán Johann Wolfgang von Goethe se estaría preguntando con quién ha charlado durante tantos años; con su amigo Schiller, no. Un estudio genético ha determinado que los restos que han permanecido durante 180 años enterrados junto a los de Goethe, en la tumba del poeta y dramaturgo Friedrich Schiller, no pertenecen a este autor, sino a varios individuos anónimos.

La conclusión es el fruto de dos años de trabajo patrocinados por la Fundación de Clásicos de Weimar, la cadena de televisión MDR –que ha difundido los resultados– y las universidades de Jena e Innsbruck. El motivo para remover los huesos de Schiller en su tumba de la localidad de Weimar no era puro capricho: existían serias sospechas de que los restos no perteneciesen al autor de la Oda a la Alegría.

En 1826, 21 años después de la muerte de Schiller, el alcalde de Weimar, Carl Leberecht Schwabe, decidió exhumar su esqueleto de la fosa común donde yacía para darle un destino más honroso, en un mausoleo que hoy recibe 60.000 visitas al año. El problema era identificar los restos. Schwabe, admirador del poeta, decidió que su talento no habría cabido sino en el cráneo más grande de la fosa, al que se le escogió un esqueleto a medida.

En 1911, el experto August von Froriep desenterró otra calavera que presentó como la auténtica y a la que después se unió una tercera, sembrando la confusión. En 2006, el ADN fue extraído para compararlo con el de familiares directos de Schiller, que yacen en tumbas identificadas. La portavoz de la Fundación, Julia Glesner, ha sido tajante: “No es el cráneo del poeta”. Tampoco lo son los otros dos candidatos, y el esqueleto es un rompecabezas de varios individuos. La Fundación ha declarado que no se lanzará a la búsqueda de los auténticos restos.

 

Fetichismo forense: la verdad está ahí dentro

En 2006, un equipo de la Universidad de Granada certificó que los huesos de la Catedral de Sevilla atribuidos a Cristóbal Colón son auténticos. Esto no descarta que los restos enterrados en la Catedral de Santo Domingo también pertenezcan al descubridor, como defienden los dominicanos.

La autenticidad del cráneo de Mozart es un caso abierto: el ADN de sus ‘familiares’ no reveló parentesco, ni con el músico ni entre ellos.

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