Lunes, 5 de Mayo de 2008

El clásico estrenará campeón

El choque entre los dos grandes del fútbol español llega justo después de que el Real Madrid haya conquistado la Liga. Los azulgranas harán el pasillo a su eterno rival. La resaca de La Cibeles puede relajar a los blancos

JORGE YUSTA ·05/05/2008 - 18:35h

El Real Madrid ya tiene en su palmarés una Liga más, la trigésimo primera. El triunfo heroico de ayer en Pamplona recordó al del año pasado en Mallorca, pero esta vez quedan todavía tres partidos por disputarse y el próximo será precisamente ante el Barcelona, el máximo damnificado del éxito blanco.

El madridismo se debatía ayer entre lograr el título ante Osasuna y llegar al clásico con el campeonato en el bolsillo o conquistar la Liga ganando en el Santiago Bernabéu al conjunto de Rijkaard. Finalmente la realidad se ha decantado por la primera opción. El Barcelona se presenta en el feudo blanco luchando por lograr la segunda plaza, que ahora ostenta el Villarreal, y con la difícil papeleta de hacerle el pasillo de campeón al eterno rival. El propio Puyol señalaba que como culé no le gusta la idea, pero que como deportista debía reconocer al campeón. 

En el partido no estarán ni Eto'o ni Deco, ya que deberán cumplir ciclo de amarillas tras ser amonestados ante el Valencia. Ambos aseguran que no sabían que no podría jugar el clásico pero la idea de que se han borrado del homenaje al Real Madrid está en el aire. Los madridistas esperaban ver al camerunés, sobre todo, rendir tributo a los de Schuster después de proferir aquel famoso "Madrid cabrón, saluda al campeón".

El contundente 6-0 ante el Valencia da muestras de que, pese al mazazo de la eliminación de Champions ante el Manchester, los azulgranas lucharán hasta el final por librarse de disputar la previa de la Champions. Además, ganar el Bernabéu calmaría, en parte, los ánimos de los aficionados, que ayer volvieron a pedir la dimisión de Laporta. Antes de iniciar una reforma profunda en la plantilla que parece inevitable, el Barcelona quiere regalarse la última alegría de la temporada.

El Real Madrid sigue hoy de resaca tras la trasnochadora celebración en La Cibeles y acude al clásico con la relajación propia del campeón. Sin embargo, medirse al Barça siempre motiva. Esta temporada ya ha roto con la mala racha que le impedía ganar en el Camp Nou y volver a ganar al Barça en el Bernabéu sería la guinda a una temporada en la que no ha tenido rival en la Liga, asumiendo el liderato de principio a fin. 

Dos Ligas seguidas, 18 años después 

Después de 18 años, el Real Madrid ha conquistado dos Ligas de forma consecutiva, pero las ha conquistado de forma bien distinta -la pasada con remontada de puestos y la actual líder desde el inicio-, pero con más de una cosa en común, la garra, el espíritu de lucha y el hambre de títulos de una plantilla que respira fútbol.

El año pasado el fútbol dejó paso a la campaña del "juntos podemos". Con un entrenador resultadista como Capello y siempre alejado del Barcelona, el conjunto blanco sufrió una conversión y comenzó a creerse que podía ganar la Liga. La remontada se alcanzó en La Romareda y se confirmó en aquel final de infarto ante el Mallorca.

Ayer, todo era distinto. La opción de ser campeón se había desvanecido ante el Athletic y el Reyno de Navarra no era el escenario idílico para conquistar una Liga. Además, la opción de ganar la Liga contra el Barça en casa era mucho más apetecible. Sin embargo, este Real Madrid no da un partido por perdido y Osasuna no iba a ser menos. Después del gol de penalti de Puñal y tras la expulsión de Cannavaro se inició la épica con el gol de cabeza de Robben y el obús de Higuaín. 

La fiesta en La Cibeles era obligada aunque fuera a horas intempestivas. El proyecto del Real Madrid de Schuster ha arrancado con buen pie. Una Liga es un título complicado, que exige estabilidad, compromiso y eso no le ha faltado al conjunto blanco. Ahora toca desplegar el fútbol que quiere el madridismo, sin titubeos, sin experimentos, con belleza y con eficacia. Y sobre todo, también es necesario recuperar el sitio perdido en Europa después de varias temporadas lejos de las finales.

 

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