Lunes, 5 de Mayo de 2008

El CSKA vuelve a reinar en Europa

Dos años después, la Euroliga vuela a Moscú tras la victoria (91-77) frente al Maccabi en Madrid

KEPA GORRIA ·05/05/2008 - 01:23h

La apisonadora moscovita pasó por el Palacio de los Deportes y poco a poco se fue comiendo el ímpetu inicial del Maccabi de Tel Aviv. La victoria inapelable (91-77) del equipo entrenado por el italiano Ettore Messina se fraguó en el tercer cuarto, ya que hasta entonces el partido había permanecido igualado.

Aunque el juego de conjunto primó en el CSKA, la entrada fulgurante en la segunda mitad de Holden, con dos triples seguidos, dinamitó el partido, en el que a partir de entonces el Maccabi no supo encontrar el tono en el tiro exterior. Dos años después, la Euroliga vuelve a Moscú.

El partido arrancó con la afición del Maccabi, mucho más numerosa que la del CSKA, rugiendo en el Palacio de los Deportes de Madrid y llevando en volandas a su equipo. Endosó un parcial de 5-0 al CSKA en el primer minuto de la final de la Euroliga, la reedición de la disputada en Praga en 2006.

A los dos minutos de partido se estrenó el equipo moscovita con un triple de Langdon, el único hombre que parecía ver canasta en el CSKA en los primeros compases.

A falta de menos de cinco minutos para el final del primer cuarto, anotó su primer triple Holden, lo que parecía engrasar la maquinaria de larga distancia del CSKA, ya que en el siguiente ataque anotó un nuevo triple Langdon.

Con Papaloukas (1 punto) y Holden (4) sin dar todo lo que podían hasta ese momento, el cuadro entrenado por Ettore Messina llegó al final del primer cuarto con una mínima ventaja de un punto (21-22).

Langdon se pone el traje de Papaloukas

El alero griego del CSKA estrenó su casillero de triples pasados dos minutos del segundo cuarto. Pero para qué quería a Papaloukas el equipo ruso, si Trajan Langdon seguía cosiendo a triples la canasta israelí y mediado el segundo cuarto ya había anotado 14 puntos, con lo que ponía siete por delante al CSKA.

Pero el Maccabi no se quería ir del partido, y tras un triple de Bluthenthal consiguió el empate a 38. Al descanso, en la final continental, como era de esperar, quedaba todo por decidir: Maccabi 41 – CSKA 42.

Holden coge las riendas en la reanudación

El estadounidense nacionalizado ruso comenzó la segunda mitad poniendo las cosas en su sitio y elevando, con dos triples consecutivos, la diferencia sobre el Maccabi hasta los siete puntos.

En el ecuador del tercer cuarto una canasta de Andersen rubricó el buen momento del CSKA ampliando la ventaja hasta nueve puntos, la máxima del partido (43-52). Los rusos mantenían su diferencia (51-60) a falta de menos de dos minutos para el final del cuarto. Sólo un triple de Bynum conseguía reducir la distancia a seis puntos (57-63) al final del tercer cuarto.

Pasados más de tres minutos del último periodo, Maccabi seguía sin anotar, mientras que los de Messina superaban la mayor diferencia hasta entonces para ponerse 14 puntos por arriba (57-71).

Desde ese momento, todo el pabellón tenía claro que la victoria era para el millonario equipo moscovita, que en la primera década del siglo XXI ha vuelto por sus fueros de dominio europeo, como cuando era la escuadra del Ejército Rojo.

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