Sábado, 3 de Mayo de 2008

El fuerte varapalo sufrido por los laboristas tendrá consecuencias para su líder, Gordon Brown

EFE ·03/05/2008 - 05:35h

EFE - Una mujer pasa por delante de la residencia del primer ministro británico, Gordon Brown, con una camiseta en la que se puede leer "Traiga las tropas a casa ahora", en el número 10 de Downing Street, en el centro de Londres, Reino Unido. Los laboristas encabezados por Brown han sufrido el peor revés electoral en unos comicios municipales en cuarenta años, al quedar muy por detrás de los conservadores e incluso de los liberal demócratas en las elecciones locales.

Ha sido el "viernes negro" del laborismo: la pérdida de la capital y el fuerte batacazo en el resto de municipios de los comicios celebrados en Inglaterra y Gales son un desastre para ese partido y su líder, Gordon Brown.

Desde hacía 40 años, los laboristas no habían sufrido una humillación semejante en las urnas.

La pérdida sin duda más dolorosa, por su valor simbólico, es la de la alcaldía de Londres, auténtico feudo desde el 2000 del laborista Ken Livingstone, expulsado ahora del poder por un ex periodista "tory" con aires de bufón simpático, propensión a meter la pata, y sin experiencia política de primera línea.

Los resultados de los comicios del jueves, dados a conocer hoy, más de 24 horas después del cierre de los colegios, de extrapolarse a unas elecciones legislativas, darían a los conservadores una amplia mayoría en la Cámara de los Comunes y por tanto el gobierno de la nación.

Brown, que heredó el cargo a finales de junio directamente de Tony Blair, y no se atrevió a convocar elecciones legislativas a finales del año pasado en vista de que los sondeos no le garantizaban la victoria, puede esperar aún hasta el 2010 para hacerlo, y los observadores creen que agotará el plazo.

Conviene recordar a este respecto el revés sufrido en otras elecciones locales, las de 1995, por el conservador John Major, quien dos años más tarde sería expulsado del poder por el laborista Tony Blair.

Major sucedió a la carismática Dama de Hierro, Margaret Thatcher, tras una rebelión interna del Partido Conservador, y sólo pudo aguantar dos años, destino que algunos empiezan a augurar ahora también a Brown, a quien sus enemigos acusan de haber forzado con sus maniobras la salida prematura de Blair del número 10 de Downing Street.

El vespertino londinense "Evening Standard", que ha llevado a cabo una campaña feroz contra el hasta ahora alcalde de Londres, Livingstone, publicaba hoy una foto de Tony Blair con una sonrisa de oreja a oreja, acompañada de un pie de foto que decía que si el ex primer ministro estaba triste por el desastre electoral de su sucesor, no parecía manifestarlo.

No resulta en cualquier caso difícil responsabilizar en buena medida de lo ocurrido a las torpezas y vacilaciones que han caracterizado la gestión del actual primer ministro en los últimos meses, aunque también han influido factores económicos fuera de su control.

La tardanza en resolver la crisis del banco Northern Rock, nacionalizado tras fuertes inyecciones de dinero público, la creciente inflación, las dificultades para conseguir hipotecas, todo ello parece haber acabado con el crédito de que gozó Brown como ministro de Economía cuando se ufanaba de haber presidido el mayor período de estabilidad económica en la historia de este país.

A ello se añade el fuerte malestar en las bases laboristas por la decisión del Gobierno de eliminar la franja impositiva más baja - de sólo un 10 por ciento- que beneficiaba a las personas de menores ingresos, lo que provocó la rebelión de un sector del partido y obligó al propio Brown a reconocer que pudo equivocarse.

El Partido Laborista aparece cada vez más dividido y las tensiones no se limitan a asuntos económicos, sino que afectan también a otros como la defensa de los derechos humanos en la lucha antiterrorista.

Brown parece ahora empeñado en aumentar de 28 a 42 días el período de detención sin cargos de un sospechoso de terrorismo, algo que no convence no sólo a la oposición, sino tampoco a la propia izquierda laborista y va a provocar nuevas tensiones internas.

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