Sábado, 3 de Mayo de 2008

Miles de personas acuden cada año a un monasterio budista en Castellón en busca de la felicidad

EFE ·03/05/2008 - 15:12h

EFE - Varios monjes durante la oración de la mañana en el monasterio que la comunidad de practicantes budistas Sakya Tashi Ling abrió en 2004 en Vall d'Alba (Castellón) con el objetivo de ayudar a personas de cualquier creencia a encontrar la felicidad.

Unas 6.000 personas visitan cada año el monasterio que la comunidad de practicantes budistas Sakya Tashi Ling abrió en 2004 en Vall d'Alba (Castellón) con el objetivo de ayudar a personas de cualquier creencia a encontrar la felicidad mediante prácticas ancestrales de esta religión adaptadas a la sociedad actual.

En ella conviven actualmente once personas que, tras un periodo de búsqueda e insatisfacción, descubrieron una "filosofía de vida" que les ayudó a ser más felices sin necesidad de renunciar a tener un trabajo, trabar relaciones o consumar un matrimonio.

Así lo explica Alfredo Lamas, de 41 años, casado en la Iglesia de Santa María de Castellón, residente en la capital de la Plana, postulante del monasterio y director de la Fundación Monjes Budistas de Castellón.

Los monjes de esta comunidad, de la misma familia que la del Garraf en Barcelona, no persiguen el objetivo de "convertir" a los ciudadanos al budismo, sino que ponen a su disposición ejercicios de meditación, estudios filosóficos y técnicas de autoconocimiento y de interiorización para que cada uno de ellos sea más feliz con su vida actual.

Según explica el Ngagpa Jamgang Hangchub, rector del monasterio y antiguo jugador de fútbol en equipos de segunda división como el Módena o el Parma, los integrantes de esta comunidad buscan "llevar el mensaje a todas las capas de la sociedad" aprovechando todas las posibilidades que la sociedad pone a su alcance.

Una muestra de ello es la publicación de dos discos grabados en las salas de meditación de los tres monasterios de la comunidad -dos situados en España y otro en Cuzco (Perú)- en los que fusionaron sus mantras -breves oraciones sagradas- con música pop y chill out.

Según dicen, los temas de "Monjes budistas" y "Live Mantra", editados en 2005, tienen propiedades curativas y permiten esparcir felicidad de una forma sencilla a todo tipo de gente.

"Está comprobado que nuestra música ayuda a los bebés a conciliar el sueño, crea un mejor ambiente en las tiendas y es una forma de transmitir valores de paz", cuenta Alfredo Lamas, quien admite que en más de una ocasión ha escuchado sus temas en uno de los chiringuitos de moda de Benicàssim.

La comunidad se está haciendo también un hueco en el mercado con la venta de un casco para motoristas con motivos religiosos sobre fondo amarillo que reúne protección y diseño en un mismo producto.

En el fondo de la caja el comprador encuentra un folleto explicativo con las actividades que se llevan a cabo en el monasterio y recomendaciones de seguridad vial, lo que para el Ngagpa Jamgang Hangchub es un "método hábil para difundir una filosofía de vida" que además aporta beneficios para mantener las obras sociales de la comunidad.

Los budistas también editan libros como el "Manual de cocina para la felicidad" o "El camino del héroe", del abad de los tres monasterios, el Lama Jamyang Tashi Dorje Rimpollé, y trabajan con empresas cursos de procesos de mejora profesional o "coaching".

Según explica el rector, "las rutinas, los malos hábitos y los problemas personales influyen en el trabajo", por lo que "si potencias valores humanos en la empresa optimizarás el trabajo, harás fiel al empleado y serás más feliz".

En el monasterio conviven 11 personas, aunque una de ellas, el postulante Alfredo Lamas, vive en Castellón. Dos de ellos son monjes, tres novicios, dos postulantes y el resto son residentes que inician ahora el camino espiritual.

Pero además, en la comunidad colaboran cerca de 20 voluntarios con tareas específicas que visitan las instalaciones casi diariamente.

Cualquier persona puede hacerlo. En el término de Vall d'Alba, a sólo dos kilómetros de la localidad, los residentes esperan visitantes a los que impartir cursos y ofrecer hospedería, servir un café o un menú a precios razonables o enseñar el entorno del monasterio en una visita guiada que cuesta cinco euros.