Miércoles, 30 de Abril de 2008

"La forma de trabajar ha cambiado una barbaridad"

Manuel de A. Moreu. Trabajador de Seat . "En invierno llegamos a quemar madera en bidones en la fábrica"

GLORIA ÀYUSO ·30/04/2008 - 23:17h

Se llama Manuel de Antonio Moreu, pero en Seat le conocen como Moreu. Hace 38 años que trabaja en esta empresa automovilística, su primer empleo y el último, ya que se prejubila en dos meses. Cuando empezó su vida laboral las cosas eran muy diferentes. Volvía de la mili y se incorporó a los 21 años a una empresa que le impresionó por su magnitud.

Unos 20.000 trabajadores, una fábrica grande... tanto que en su primer día no encontraba los vestuarios ni sabía bien adónde ir. Ocupó su puesto en control de calidad de chapa. "Revisaba las carrocerías del Seat 600. Vigilaba que salieran bien, sin golpes ni abolladuras, el ajuste de puertas.. después se enviaban a pintar", explica.

"La forma de trabajar ha cambiado una barbaridad", afirma. Para empezar, antes se utilizaba mucho más "la fuerza bruta". Se apartaban las piezas a empujones, y para soldar era necesario tener músculos: las pinzas que se utilizaban, pese a estar colgadas con unos cables, costaba moverlas porque eran muy largas y pesaban. "La gente se rompía los cuernos trabajando", enfatiza Moreu.

Ahora la soldadura está robotizada. Las máquinas aligeran mucho el trabajo y también han eliminado muchos puestos de trabajo. "Antes cuando trabajábamos había mucha aglomeración. Ahora trabajamos a más distancia", señala. Quizás esto, piensa Moreu, ha influido en las relaciones.

"La gente se conocía y hablaba mucho. Si alguien preguntaba por algún compañero, se sabía quien era, aunque trabajara en el turno de la noche. Ahora no se conoce ni al que está a pocos metros".

También influye que la cadena de montaje va mucho más rápido debido a las máquinas, y "uno no puede no volver la cabeza, porque entonces ha perdido un coche". Considera que todo ello ha llevado a una deshumanización del trabajo y a un aumento del estrés.

Otras cosas han mejorado. Es el caso de la seguridad. "No había casi control. Nos protegíamos con unos guantes, mangas para los brazos y zapatos porque la chapa es muy cortante. Pero en verano la temperatura podía superar los 35 grados, y las mangas acababan fuera".

En invierno era duro por el frío. "Incluso llegamos a quemar madera en bidones en medio de la fábrica", recuerda. En momentos de tensión, la Guardia Civil ocupaba la planta y vigilaba de cerca a los trabajadores, que escondían las octavillas en el lavabo. Ahora Moreu es jefe de primera, y ve como los jóvenes cobran menos pese a tener estudios.