Miércoles, 30 de Abril de 2008

Las primeras de Filipinas

ÓSCAR TORO ·30/04/2008 - 20:47h

Perlita Abaco es ingeniera agrícola, filipina y una de las 270 mujeres que han llegado a trabajar, por primera vez, en empresas freseras de Almonte gracias a que entre los Últimos de Filipinas había un soldado de esta localidad onubense. El héroe local se llamaba José Jiménez Berro, campesino de  23 años cuando, junto a otros 33 soldados, se refugió en la iglesia de Baler durante 337 días defendiéndose del ataque de las tropas tagales y sin saber que Filipinas ya había dejado ser colonia española. Todo ocurrió entre 1898 y 1899. 

Hoy, gracias a un convenio de contratación en origen, Perlita y José podrían hablar de cómo es el trabajo en el campo  y compartir historias sobre lo visto y vivido por cada uno en la patria del otro. Pero la realidad y la historia es otra. Entre ambos han pasado 110 años, y mientras que Perlita trabaja para mejorar su situación socioeconómica,  José, como cuenta su bisnieto y autor del libro José Jiménez Berro, héroe de Baler, Juan Matías Ojeda, se vio obligado, como muchos jóvenes, a hacer la mili en las colonias de Ultramar.

A aquellos héroes se les reconoció sólo vagamente su hazaña mediante una condecoración a cargo de la reina regente María Cristina, entre otros motivos porque al final Filipinas se había perdido, y con ella la supremacía española en Ultramar. Sin embargo, según afirma Ojeda, el soldado almonteño fue llamado alguna vez por Alfonso XIII cuando éste cazaba en Doñana.

Perlita dice que conoce “algo” la historia de los soldados españoles, pero que no sabía que uno de esos “héroes” era del pueblo que ha impulsado esta iniciativa con la colaboración de las empresas Frutas Borja, Bionest, Atlantic Blue y Flor de Doñana. El Ayuntamiento está terminado de organizar un programa de visitas culturales para que estas mujeres sepan de los vínculos de Almonte con Filipinas.

En ese recorrido no faltará una parada en la réplica de la iglesia de Baler, inaugurada por la presidenta de Filipinas, Gloria Macapargal,  en diciembre de 2007, y por supuesto en la Plaza de Andalucía, donde se alza la escultura del artista Luis Moreno donde se representa a José Jiménez Berro aceptando una oferta de paz que le llevaba un niño local. “Es cierto que los filipinos, durante el conflicto, insistían en firmar la paz. Para ello mandaron a un niño con una bandera blanca, pero el teniente de la guarnición no quería rendirse, y le pidió a mi bisabuelo, que por lo visto era el mejor tirador, que le quitara de un disparo la carta de las manos sin dañar al chaval”. Y así  lo hizo.

Capataces del Este

Perlita vuelve al trabajo tras la charla reuniéndose con el resto de compañeras que recogen las fresas ante la atenta mirada de las capataces, procedentes de países del Este.  Las jornaleras, repartidas por nacionalidades para la recolección (en esta finca de unas 100 hectáreas conviven y trabajan personas de siete nacionalidades), ganarán 36 euros diarios, según el dueño de la empresa, Luis Borja, trabajando en horario de 7 a 2. Al final de los tres meses de campaña, tanto el empresario como la concejala de Participación, María José Pérez, coinciden en  que podrán llevarse una cantidad equivalente a dos años de salarios en su país. Lo suficiente para comprarse una casa.

Aunque aún es pronto para valorar la continuidad de esta iniciativa, los empresarios consultados no terminan de estar contentos con el contingente. Afirman que muchas no tienen experiencia anterior en trabajos agrícolas (de hecho es que bastantes son licenciadas) y que sus ritmos vitales no casan con los de un fruto, como el de la fresa, que madura rápido y requiere ser recogido con celeridad. Pero también coinciden en lo que dice Luis Borja al recordar que el primer año  ocurrió lo mismo con las mujeres procedentes de Este. “Así que habrá que esperar al final de la campaña. Las que trabajan tendrán posibilidades el año que viene”, dice.