Miércoles, 30 de Abril de 2008

Duelo de dos bocazas en Londres

Ken ‘el rojo' y Boris ‘el rubio' se disputan hoy la alcaldía de esta ciudad

LOURDES GÓMEZ ·30/04/2008 - 20:05h

Boris Johnson, durante una visita a un albergue para animales maltratados.

Las dos mitades de Londres, la multirracial y puramente urbana y la de los barrios residenciales, se dan cita hoy en las más reñidas elecciones municipales desde que se creó el cargo de alcalde unitario en 2000.

El laborista Ken Livingstone, quien controla la alcaldía desde entonces, se enfrenta a otros nueve candidatos, pero a ninguno teme tanto como al conservador Boris Johnson.

Los sondeos de opinión no arrojan un claro favorito. La balanza se decidirá en un segundo recuento, cuando se considere al candidato alternativo que cada uno de los electores de esta urbe de siete millones de habitantes -el 40% de ellos nacidos fuera del Reino Unido- tiene derecho a elegir en segundo lugar.

Livingstone y Johnson mantienen un tenso pulso en el que la personalidad tiene más peso que los programas. Ken el rojo aporta, a sus 62 años, experiencia y sonados éxitos en la alcaldía, como el conseguir los Juegos Olímpicos de 2012 y la mejora de la red de autobuses urbanos.

Incluso su controvertida imposición de una tasa al tráfico privado por el centro se considera un logro positivo, a pesar de algunas de sus poco diplomáticas declaraciones, como cuando afirmó, aludiendo a los propietarios de vehículos todoterreno: "Cuando veo a alguien intentando maniobrar delante de la puerta de un colegio pienso: qué idiota es".

Boris el rubio representa la juventud y el cambio. De 43 años, y sobrada inteligencia, Johnson habla como un torbellino y se abre camino con golpes jocosos, mientras que las minorías británicas -entre ellos, negros y homosexuales- no le perdonan las radicales opiniones que sobre ellos ha vertido en libros, revistas y programas de televisión.

Por ejemplo, su visión acerca del matrimonio gay, del que afirmó que "si fuera algo correcto, y yo lo dudo, no veo ningún razón por la que no pueda consagrarse una unión entre tres hombres o incluso entre tres hombres y un perro", o cuando, al hablar de los negros, aludió a "sus sonrisas de sandía".

Otra de sus frases más sonadas fue cuando dijo que "las sociedades necesitan ricos, incluso gente extremadamente rica, y no sólo para dar trabajo a los que limpian las piscinas y arreglan las pistas de tenis".

Fama de bufón

Durante la campaña, ha dado traspiés en los detalles de su programa electoral, pero no ha metido la pata en las cuestiones secundarias. Sus guardianes tories se han asegurado de limar su fama de bufón, de dar carpetazo a las payasadas y al sarcasmo que su candidato derrochaba en su anterior etapa de periodista.

Dos personalidades totalmente opuestas comparten un único punto común: un espíritu independiente que provoca desconfianza en sus propios partidos. El Partido Laborista de Tony Blair retiró a Livingstone el carnet de afiliado en 2000, tras tres décadas de militancia local y de representación parlamentaria. Fue expulsado del partido por rebeldía al presentarse como independiente a los primeros comicios a la alcaldía de Londres. Cuatro años después, y en vista de su arraigada popularidad, los laboristas le aceptaron de nuevo en el redil. El actual primer ministro, Gordon Brown, ha hecho campaña con Ken el rojo estas últimas semanas.

Los conservadores de David Cameron dieron luz verde a Johnson, el pasado septiembre, por falta de otras alternativas válidas. Decidieron arriesgarse con un candidato de escaso tacto político, que perdió un alto cargo dentro del partido por mentir sobre una relación extramarital. La dirección tory ya le había obligado antes a disculparse en público por un viperino ataque contra los habitantes de Liverpool, publicado en un editorial de prensa.

El recelo de los partidos salpica al electorado. La gente tiende a inclinarse por un candidato, no porque comparta sus aspiraciones, sino para torpedear la victoria de su rival. Es un objetivo que se repite en la historia de los dos Londres: el núcleo urbano quiere impedir que el payaso Boris sea alcalde; los ricos barrios residenciales se movilizan para echar de la alcaldía a Ken el rojo, que ha aceptado combustible subvencionado por Hugo Chávez. Quien persuada a más votantes a ir a las urnas vencerá.

Boris Johnson, de Eton a Bruselas

Boris Johnson (Nueva York, 1964), estudió en el elitista internado de Eton y se licenció en Lenguas Clásicas en Oxford. En la universidad, compartió mesa con el actual líder del Partido Conservador, David Cameron. Ambos eran miembros del Club Bullingdon, notorio por sus juergas alcohólicas. Mientras el jefe tory no alude a sus hábitos juveniles, Johnson ha admitido haber consumido cocaína.

Estrella del periodismo británico, Johnson fue corresponsal en Bruselas del conservador The Daily Telegraph. De vuelta en Londres, dirigió el semanario The Spectator, enfureciendo a muchos con su pluma afilada. En 2001, entró en el Parlamento como diputado por Henley, circunscripción eternamente tory. De ahí saltó al Gobierno en la sombra para perder su cargo, en 2004, por engañar a su mujer. Cameron lo arropó y en otoño aceptó su candidatura al Ayuntamiento londinense.

Ken Livingstone, de Londres a Caracas

Kenneth Livingstone (Londres, 1945) estudió magisterio en una escuela pública antes de entrar en política. Afiliado al Partido Laborista, lideró el antiguo Ayuntamiento de Londres hasta su disolución por Margaret Thatcher en 1986. En 1987, Ken el rojo ganó un escaño por Londres, que renovó hasta optar por la alcaldía en contra de las directrices de su partido.

En su nuevo cargo, abrió un registro de parejas homosexuales, que allanó el terreno para la ley nacional sobre matrimonios gays. En su segundo mandato, ha concluido un acuerdo con Chávez para que Venezuela proporcione a Londres combustible a buen precio. También ha sufrido denuncias de corrupción y favoritismo. El alcalde fue además amonestado por un altercado con un periodista judío, aunque absuelto de la acusación principal de antisemitismo. El desgaste de ocho años de gobierno, además de su respaldo a imanes islamistas, puede frustrar su reelección. 

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