Martes, 29 de Abril de 2008

Zaplana tapa las quejas contra Rajoy

La marcha del ex portavoz eclipsa las críticas por el reparto de cargos en el Grupo Popular

MARÍA JESÚS GÜEMES ·29/04/2008 - 21:58h

Zaplana, ayer en el Congreso. EFE

Como en una rifa, todo el mundo esperaba ayer el boleto premiado. Rajoy anunciaba los nombres de sus presidentes y portavoces en las comisiones parlamentarias. Pero nada más comenzar la reunión el líder del PP daba la noticia bomba: Eduardo Zaplana dejaba su escaño y se iba a Telefónica. Así, mientras Soraya Sáenz de Santamaría comenzaba a señalar los rostros del futuro gabinete en la sombra del PP, los diputados se lanzaban al chascarrillo sin disimulo.

A algunos les resultaba bastante curioso que el ex portavoz hubiese elegido el mismo día que Rajoy para dar a conocer su nombramiento. "Las casualidades no existen", comentaban por los pasillos. Paradójicamente, el sonriente rostro de Zaplana, diciendo adiós al Congreso, se convertía en la mejor carta de presentación del "nuevo PP": uno que vende que se ha alejado de la crispación, presenta caras renovadas y anuncia que está dispuesto a pactar...

Además, la marcha de Zaplana logró eclipsar de algún modo las quejas del PP a Rajoy tras conocerse la composición definitiva del Grupo Popular.
Pero no se libró. En la reunión a puerta cerrada Betina Rodríguez Salmones, Andrés Ayala y Celinda Sánchez, entre otros, tomaron la palabra para agradecerle al "jefe" sus nombramientos pero no todos hablaron en el mismo sentido.

Una de las intervenciones más destacadas fue la de Federico Trillo, que a más de uno le pareció que estaba "fuera de lugar". El ex ministro de Defensa, que se erigió en el decano de los portavoces, aprovechó la ocasión para hacer un alegato contra José Bono por ir a declarar sobre el Yak-42.

Sin embargo, lo que más chocó en las filas del PP fue el discurso de Gustavo de Arístegui quien pidió a su partido que se dejara de peleas internas, advirtiendo que el enemigo no estaba en el partido sino en la bancada socialista. Además recalcó el papel de la oposición "como alternativa", y defendió que ésta "no puede estar desaparecida".

No fue la única sorpresa. Ana Torme, portavoz adjunta con Zaplana, encarnaba la voz de los descontentos. La diputada por Valladolid comentó ante sus compañeros que había tratado de localizar a Santamaría para conocer su destino y que le habían comunicado que tenían prohibido pasarle llamadas. Para algunos se la veía "muy soliviantada" porque no le había dado ningún cargo de responsabilidad. Pero ella se quejaba no porque se prescindiera de algunas personas sino de las formas que se habían utilizado para hacerlo.

Torme, además, se encargaba de reivindicar el trabajo de los últimos cuatro años.En la Cámara Alta, la mayoría de los que presumían de cargo señalaban que se "había repartido mucho juego". Alguno de la vieja guardia se quejaba: "Parece que Rajoy quiere pasar página por completo". Otro lanzaba el dardo: "A Rajoy le gusta tener un ejército sin capitanes generales. Está claro que no quiere que nadie sobresalga".

Defensa

Santamaría defendía su elección: "Yo le he pedido a todos los diputados que colaboren y han demostrado su disposición a hacerlo". Entre los suyos se aseguraba que "el listado se hecho con un tiralíneas. Se ha hablado con todo el mundo".
En los corrillos Zaplana seguía siendo el protagonista. El ex ministro se iba con un sabor agridulde, reivindicando haber llevado al PP a la cima en la Comunidad Valenciana. Y con un tajante mensaje final: "Ha acabado una etapa".