Lunes, 28 de Abril de 2008

La trampa de Bayona

Tras el motín de Aranjuez, el ‘secuestro’ de la familia real provocó la renuncia al trono español y su cesión a Napoleón

ANTONIO J. MARTÍNEZ ·28/04/2008 - 12:25h

Asentado en el trono tras el estallido del Motín de Aranjuez, Fernando VII buscó consolidar su poder apoyándose en el nuevo orden de las cosas. En un Madrid tomado por las tropas del general Murat, el respeto hacia Francia se transformó en la moneda de cambio sobre la que sustentar su nueva monarquía.

La aceptación perpetua de la política imperial sin concesiones hizo ver a Napoleón la posibilidad de aprovechar las rancias intrigas palaciegas que habían caracterizado el reinado de Carlos IV para hacerse con el trono español.

Rumbo al reconocimiento

Así, el 10 de Abril de 1808 Fernando VII salía de Madrid al encuentro de Napoleón. Acompañado por Savary, duque de Róvigo y enviado de Napoleón, el rey atravesó en su periplo zonas controladas por el ejército francés, por lo que su situación no distaba mucho de la de un prisionero.

Tras una parada en Burgos, el viaje continuó hasta Vitoria. En cada parada se suponía que el encuentro con Napoleón, que supuestamente iba en dirección a España, sería inminente.

Esta situación comenzó a hacer sospechar al monarca y a su entorno. Incluso algunas voces le aconsejaron huir de los franceses. Sin embargo, la idea lanzada desde Madrid por Murat de la intención de Napoleón de restaurar a Carlos IV en el trono acabó por convencer al rey de la necesidad de aceptar la invitación que éste le hizo de progresar su viaje hasta Bayona, saliendo así de su reino.

Pese a la salida popular a las calles de Vitoria el 19 de Abril vitoreando al rey con intención de hacer frenar su avance, éste continuó un viaje que no se pararía hasta llegar al lugar designado por el emperador francés para la entrevista.

Desde el mismo momento de su llegada quedó claro que las cosas no iban a resultar como esperaban. Napoleón lo recibió como Príncipe de Asturias y no como nuevo rey de España.

Renuncia a la corona

Para doblegar más a su rehén, el emperador francés se entrevisto con el consejero del rey, el canónigo Escoïquiz, al que hizo ver su firme decisión de terminar con el reinado de los Borbones en España. Fernando VII debía renunciar a su corona antes de las 11 de la tarde del 21 de Abril, apenas un día después de quedar atrapado en Bayona.

Ante la negativa inicial del soberano, Napoleón decidió reavivar los fuegos de la lucha intestina en el interior de la familia real.

Así, el 26 de Abril el defenestrado Godoy fue llevado ante Napoleón y el 30 llegaban Carlos IV y María Luisa, que acudieron gustosos a la cita esperando obtener de nuevo de manos del emperador el reconocimiento que habían perdido tras los trágicos sucesos de Aranjuez.

La situación entonces se desbocó. Ante la atenta mirada del emperador, la familia real entró en un bochornoso juego de acusaciones mutuas en las que se estaba poniendo sobre la mesa el control de la soberanía española.

Fernando VII dejó de ser reconocido como rey haciendo inútil lo sucedido en Aranjuez. Carlos IV se convirtió en un títere en manos de Napoleón que reconoció a Joaquín Murat como teniente general del reino, dejando así el control del ejército español bajo mando francés.

Ignorando lo sucedido el 2 de Mayo en Madrid, Fernando VII fue conminado por parte de Napoleón (que sí estaba informado de los acontecimientos) a aceptar la soberanía de Carlos IV o a ser tratado como rebelde (lo que podría equipararse a una condena a muerte).

Tras este reconocimiento, Carlos IV cedió su corona inmediatamente a Napoleón (quien, más tarde, se la entregaría a su hermano José I). Ningún miembro de la familia real protestó. Francia controlaba militar y políticamente España.

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