Domingo, 27 de Abril de 2008

"Somalia sólo interesa si secuestran extranjeros"

Aitor Zabalgogeazkoa, director de Médicos Sin Fronteras España, aboga por una imagen menos romántica de las ONG y porque éstas rindan cuentas para evitar otra Arca de Zoé

ISABEL COELLO ·27/04/2008 - 21:43h

ALBERT GEA - Aitor Zabalgogeazkoa, director general de Médicos Sin Fronteras España, en Barcelona.

Comenzó a trabajar con Médicos Sin Fronteras (MSF)en 1994. Desde entonces ha sido coordinador en 25 misiones diferentes, desde Chechenia a Kosovo, pasando por Palestina, Colombia, Afganistán o la República Democrática de Congo. Aitor Zabalgogeazkoa dirige MSF España desde septiembre de 2006.

¿Cuál es la peor crisis humanitaria en el mundo?

Somalia. Yo acabo de llegar de Mogadiscio y confirmo que la situación es no ya catastrófica, sino dantesca: combates por todos lados, alrededor de un millón de desplazados. Está habiendo muchísimas víctimas civiles, que tienen muy poca atención porque la mayoría de hospitales está a bajo rendimiento, y además la mayoría de la población no puede acceder a servicios de salud. Es algo fuera de todo entendimiento. Y no sale una línea, no aparece en ningún lado. A menos que haya un extranjero de por medio. Como cuando secuestraron a nuestro personal en Bossaso o si secuestran un barco con extranjeros. Si los periodistas no están no hay noticia.

¿Cree que la indiferencia que denuncia se debe a la llamada fatiga del donante, a la percepción de que es una conflicto que nuncase arregla?

En realidad, no nos preocupa tanto nuestra capacidad de recaudar dinero para Somalia sino el hecho de que no pasen cosas para que se solucione el conflicto. La comunidad internacional está apoyando a un Gobierno de transición apoyado por Etiopía que está mucho más preocupado por combatir el problema del terrorismo que por la suerte que pueda correr la población. Y los somalíes, otra vez, están pagando el pato. Por tanto, la fatiga del donante no tiene que ver tanto con las personas sino con los Estados que no cumplen sus compromisos. Lo ves cuando los llamamientos de ayuda de ONU no llegan a recaudar un 30% de lo que precisan. O cuando los países prometen dinero que luego no dan. Más que de fatiga, de lo que hay que hablar es de irresponsabilidad política.

¿Cómo os afectan casos como el de Arca de Zoé en Chad?

Hay dos cuestiones: por un lado está el tema de la honestidad, que ha quedado en entredicho por los procesos a Anesvad o Intervida. Y por otro están el problema que se plantea a veces con los propios objetivos de una ONG, como ocurrió con Arca de Zoé. Los actores políticos que han estado dándole importancia a Darfur sobre otros conflictos han llevado a que haya diez personas que se quieran llevar a 100 niños de África, y hayan decidido por su cuenta que están en peligro y hay que sacarlos. Es el súmmum del absurdo de las buenas intenciones. A las organizaciones humanitarias todo esto nos afecta, por supuesto. Pero ha habido una imagen demasiado blanca de lo que éramos y lo que hacíamos. Y esta luna de miel se tiene que acabar. Tenemos que estar sometidos al mismo tipo de crítica que cualquier otra organización social. Las buenas intenciones no bastan.

El Gobierno tiene el objetivo de llegar a dedicar el 0,7% del PIB a ayuda al desarrollo en 2012. ¿Tienen las ONG capacidad para absorber la parte del incremento de los fondos que les toque?

Algunas organizaciones sociales tienen la capacidad y otras no. Pero la principal cantidad de ese dinero debería ser dedicada a ayuda bilateral. Porque a base de inacción del Estado y de hiperactividad de las ONG, hemos sentado un precedente según el cual cuando pasa una desgracia o hay un problema de desarrollo, cualquier cosa puede ser solucionada por una ONG. Y no es verdad. Ése es un error muy grave.

¿Cuál es principal impedimento que encuentran en estos momentos para trabajar?

La violencia dirigida a los actores humanitarios, claramente. En lugares como Afganistán, Irak, Chechenia, Darfur o Somalia, la violencia que ejercen los actores de uno u otro bando es la que realmente impide nuestro trabajo. Luego hay otros problemas de acceso más suaves, burocráticos, disfrazados de decisiones políticas, etcétera. Pero la amenaza directa es el mayor problema.

Y el hecho de que en algunos de los países que menciona los ejércitos vayan en misión humanitaria, con vehículos blancos y una parafernalia similar a la de las ONG, ¿supone un problema?

Como decimos, la distinción del mandato es importante. No somos quién para deslegitimar una operación de paz, pero cuando los militares se disfrazan de humanitarios, aún reconociéndoles toda su capacidad de estar presentes lo cierto es que su acción no es humanitaria. Está marcada por la agenda estatal y gubernamental y su intervención siempre está definida por las reglas de enfrentamiento, en las cuales el colaborar con la población les ganará los corazones y las mentes, pero no es la acción humanitaria, que por definición es desinteresada, que se la das a quien la necesita.

¿Qué opina de la misión de la ONU y la Unión Africana en la región sudanesa de Darfur?

A nosotros lo que nos consta es que a pesar del acuerdo de paz [firmado por el Gobierno de Sudán y una facción rebelde] no hay paz en el terreno. Sigue habiendo combates. Por tanto, el primer requisito para una fuerza de mantenimiento de la paz no se da. También tenemos nuestras dudas por la experiencia que ha habido en anteriores intervenciones militares. La confusión de mandatos entre seguridad, protección y orden está ahí. No vamos a cuestionar la intervención, pero las dudas son notables. Creemos que va a dar muchos dolores de cabeza.