Sábado, 26 de Abril de 2008

Alemania trata de salvar la cara

Dos casos de espionaje, uno de ellos gubernamental, mantienen en vilo a la sociedad alemana

GUILLEM SANS MORA, corresponsal ·26/04/2008 - 22:34h

REUTERS - El presidente de Porsche, Wendelin Wiedeking (derecha), protagoniza otro caso de espionaje en Alemania.

El Gobierno de la canciller Angela Merkel se esfuerza por normalizar sus relaciones con Afganistán después del escándalo causado por el espionaje del correo electrónico de un ministro afgano por parte de los servicios secretos alemanes.

El ministro alemán de Asuntos Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, llamó ayer por teléfono para disculparse a su colega afgano, Rangin Dadfar-Spanta. Una portavoz del Ministerio señaló que Berlín y Kabul creen ahora que ambos gobiernos retomarán "las buenas relaciones y la confianza".

La llamada de Steinmeier se produce en la víspera del viaje de un grupo de diplomáticos alemanes a Kabul para preparar la próxima conferencia internacional sobre Afganistán. Entre 60 y 80 países acudirán a París el 12 de junio para reunir fondos destinados a ayudar a Afganistán a cumplir sus objetivos de desarrollo.

"Estoy horrorizado y disgustado por este tipo de métodos, que no tienen cabida en un Estado de derecho", señaló el afgano Dadfar-Spanta al semanario Der Spiegel, que destapó el escándalo. El ministro afgano está muy decepcionado con el país donde pasó años exiliado. Dadfar-Spanta explicó a un periodista de Der Spiegel en Kabul que su Gobierno tenía claro que Estados Unidos hacía ese tipo de cosas. "Pero no me había esperado -dijo- un ataque semejante de nuestros mejores amigos, del país en el que siempre me sentí tan seguro como demócrata".

Tercero en tropas

Alemania es uno de las naciones que más tropas contribuye a las fuerzas de la OTAN en Afganistán: aporta 3.490 de los 47.000 efectivos, lo que la convierte en el tercer país contribuyente por detrás de EEUU y el Reino Unido.

El Servicio Federal de Información (BND) espió durante varios meses de 2006 el correo electrónico del ministro afgano de Comercio e Industria, Amin Farhang, a través de un programa espía que funciona de modo similar a los virus informáticos llamados "troyanos". Este ministro había mantenido una correspondencia con la periodista del semanario Der Spiegel Susanne Koelbl que también leyeron los agentes alemanes.

El caso ocupó esta semana al organismo del Bundestag (Parlamento Federal) que controla al BND. La canciller Merkel declaró que su confianza en el jefe de los servicios secretos, Ernst Uhrlau, se ha visto dañada por el escándalo, si bien no "rota", según precisó un portavoz del Gobierno.

La presión sobre Uhrlau podría aumentar en los próximos días, toda vez que al parecer el BND no sólo espió el correo del ministro afgano, sino el sistema informático completo del Ministerio. Der Spiegel asegura que la mayor parte de informes sobre el correo afgano han sido destruidos. Pero la Cancillería, que controla al BND, examina si fueron espiados otros ministerios. Tres funcionarios del BND han sido suspendidos, pero Uhrlau de momento permanece en su puesto.

Uhrlau se había puesto como objetivo de su trabajo sacar definitivamente de la dinámica de la Guerra Fría a los servicios secretos, creados para vigilar a la vecina Alemania oriental y a las tropas soviéticas allí estacionadas. Este escándalo le pone difícil las cosas a Uhrlau a la hora de cumplir otro de sus objetivos: mejorar en general la imagen del BND, que emplea alrededor de 6.000 trabajadores.

No es la primera vez que el BND espía a periodistas. En 2006 se destapó un escándalo similar que motivó la creación de una comisión de investigación en el Bundestag. El Gobierno dejó claro entonces que no es lícito espiar a periodistas. El BND había pretendido descubrir a los agentes que pasaron informaciones a la prensa en varias ocasiones. En esta ocasión, el ministro alemán del Interior, Wolfgang Schäuble, ha advertido de que estos "errores" no deben convertirse en una "desconfianza general contra el Estado y sus órganos".

Escuchas con un ‘walkie’ de bebés


Otra variante del espionaje, el industrial, produce también titulares estos días en Alemania. Ayer se supo que Porsche y Volkswagen (VW) han denunciado supuestas escuchas ilegales al presidente del fabricante de deportivos, Windelin Wiedeking.
Al parecer alguien colocó un interfono para bebés, el sistema de telefonía que utilizan los padres para controlar el sueño de sus bebés, en la habitación de Wiedeking el pasado noviembre, dijo ayer un portavoz de Porsche, que confirmó informaciones que publicarán el lunes los semanarios ‘Der Spiegel’ y ‘Focus’.
Wiedeking había acudido a esa ciudad para participar en una reunión del consejo de supervisión de VW.
Este escándalo enrarece el ambiente entre los dos fabricantes, ya que Porsche quiere sustituir al Gobierno de Baja Sajonia como accionista mayoritario de VW pero está enfrentado al comité de empresa.

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