Sábado, 26 de Abril de 2008

"Es imposible desarrollar África sin controlar la malaria"

El español ensaya una vacuna contra esta enfermedad en el continente africano

JAVIER YANES ·26/04/2008 - 21:37h

José Colón - Pedro Alonso, durante la entrevista, el viernes en Barcelona.

Mira de frente y con firmeza, sin ningún asomo de la arrogancia que podría adornar a quien ha encajado elogios de reyes, presidentes y amos del mercado como Bill Gates. El nombre de Pedro Alonso (Madrid, 1959) se ha ligado a la nueva esperanza real de vencer a la malaria. A través del Centro de Investigación en Salud Internacional y del Hospital Clínico de Barcelona, y desde su refugio del Centro de Investigación en Salud de Manhiça (Mozambique), las investigaciones y los ensayos clínicos que dirige han probado la inocuidad y la eficacia de una prometedora vacuna incluso en bebés menores de un año. Tal vez porque el hilo de su conversación deriva hacia sus nuevos retos y los problemas que le aguardan en su despacho africano, no debe pasar demasiado tiempo delante del espejo del ego. Y quizá por esto, su serena locuacidad se trunca con la primera pregunta, que parece sorprenderle. Se toma un interminable respiro de 30 segundos antes de responder.

¿Qué se siente al saberse la persona que puede salvar de la muerte a millones de niños?

La sensación de alegría... duró poquísimo. Cuando sabes el resultado, voilà. Pero... [Nueva pausa] Me está costando... articularlo adecuadamente. La sensación de alegría es grande, es profunda, dura poco, porque predominan el vértigo y el reconocimiento de todo lo que queda por hacer. Siempre me ha preocupado mucho cómo transmitimos las noticias, porque hoy no existe el ¡eureka! A nadie se le ocurre una fórmula, nadie inventa una vacuna. Es un proceso largo con distintos actores, y yo he tenido la suerte de dirigir el desarrollo clínico y de poder ser el primero en decir: esto funciona. Tenemos datos muy robustos de protección en niños de uno a cuatro años, que esa protección permanece al menos cuatro años, que es segura e inmunogénica en recién nacidos, que protege un 65% y se ha mantenido al menos un año... Es un paso gigantesco, pero tenemos que huir de pensar que el problema de la malaria está resuelto y que ya tenemos la vacuna. No existe la vacuna. Existe una primera vacuna que, si todo va bien, se podrá registrar en dos o tres años. Pero no es la bala mágica, hay que mejorarla. La enfermedad es muy compleja, lo que obliga a buscar la sinergia de distintas herramientas.

 "La malaria ya fue capaz de derrotarnos; es una batalla larga de la que yo no veré el fin"

¿Por qué es tan compleja?
El parásito tiene un ciclo biológico complejo y no tenemos un modelo animal. Por eso tienen tanto peso los ensayos clínicos, porque es un proceso empírico de ensayo y error. La verdad es que vamos a ciegas. El antígeno es más viejo que la tos, pero no funciona sin los adyuvantes [potenciadores de la inmunización] desarrollados por Glaxo, cuyos componentes conocemos, pero que nadie sabe cómo funcionan. La dependencia de ellos es total, y da miedo. Otro factor de complejidad es que las manifestaciones clínicas son muy diversas... Aún así, avanzamos; hemos descrito la primera correlación buena entre un título de anticuerpos y el nivel de protección. Pero históricamente, la malaria ha demostrado capacidad de derrotarnos; es una batalla larga de la que yo no veré el fin.

¿Pero será posible domarla para restringirla a brotes epidémicos?

Tenemos que ser muy cautos. Después de la Segunda Guerra Mundial, se montó el programa de erradicación de la malaria, que nucleó la creación de la Organización Mundial de la Salud. El programa fracasó y se reformuló hacia el control. Esto fue un trauma; la erradicación pasó a llamarse la e-word (palabra e), como la palabra prohibida. El abandono llevó a un aumento brutal de la malaria en los ochenta. Ahora se tiene más controlada y vuelve a estar en la agenda. En octubre la Fundación Gates lanzó una propuesta de erradicación, sin fecha, pero todos asumimos que esto puede ser a 50 años. Con las herramientas que tenemos hoy, podemos eliminarla de ciertas zonas, pero para erradicarla necesitamos otras nuevas. Esto requiere constancia e instrumentos financieros.

 

¿El éxito da seguridad financiera?
No, seguro no hay nada [ríe]. Pero las cosas nunca han estado recientemente tan bien como están ahora. Hace 20 años, cuando decías que trabajabas en malaria, te preguntaban: ¿Ma... qué? Por eso es tan importante lo que ha ocurrido en los últimos años. España forma parte, con 200 millones de euros, del International Finance Facility for Immunisation. La Caixa se ha convertido en el primer socio privado europeo de la alianza GAVI para la vacunación infantil, que garantiza proyectos duraderos.

¿Cuáles son sus próximos pasos?
Tratamos de entender los mecanismos inmunes. Este año lanzaremos la fase III, más logística que científica; replicaremos lo que hemos hecho en Mozambique en grandes números y en más países: Kenia, Tanzania, Ghana, Gabón, quizás Burkina y Malawi. Es el ensayo de fase III para registro más grande hecho en África.

¿Cómo llegó a la malaria?
Nada original. Cuando era un médico de verdad, fui en el año 84 a Gambia. Cuando llegas a un pequeño hospital de un pequeño pueblo y ves el primer paciente: malaria; el segundo: malaria... El 50% de la carga de un hospital rural africano es malaria. Luego empiezas a leer y dices: es que no sabemos mucho, a pesar de ser una enfermedad muy antigua. Además, es el paradigma de las enfermedades relacionadas con la pobreza. Es imposible desarrollar económica y socialmente África si no se controla la malaria.

¿Hubo también una implicación personal con África?
Es que es el mejor lugar del mundo.

 "Una vez, dejaron de venir porque pensaban que medíamos a los bebés para su ataúd"
¿Qué retos especiales tiene investigar en ese continente?

Desde el punto de vista personal, es lo más gratificante del mundo. Cuando uno está aquí, se pregunta cada mañana por qué tiene que coger el coche para ir al hospital. Aquello es un privilegio, no somos sufridos. Yo les digo a mis colegas jóvenes que allí no se va a sufrir; o disfrutas, o no funciona. Esto implica que uno de los retos es conseguir los recursos humanos necesarios y de calidad, tanto europeos como africanos. En Mozambique hay unos 550 médicos mozambiqueños para 20 millones de habitantes. El 50% de la población no tiene acceso a la sanidad. Por todo esto tenemos allí un programa de formación de capital humano, que busca iniciarles en una formación de varios años que a largo plazo les equipare a los investigadores europeos. También hay retos logísticos, desde el suministro de luz o agua a los equipos y reactivos. Esto hace, en contra de lo que se piensa, que investigar en África sea mucho más caro que en Europa. Por último, hay retos científicos. Ni siquiera se tienen datos de fertilidad y mortalidad, porque no hay registros civiles. Los datos que se publican son estimaciones. Hemos creado una de las pocas redes de vigilancia demográfica de África. Ahora sabemos, por un estudio de Clara [su mujer], que el 50% de la mortalidad materna es por infecciones y el resto por complicaciones obstétricas.

¿Es fácil ganar la confianza de las comunidades locales?
Los paracaidistas fracasan. Es una cuestión de compromiso a largo plazo, trabajando con el Gobierno, la población y los servicios de salud del país. Nuestros médicos atienden las unidades sanitarias del distrito. Ha habido problemas con los consentimientos informados. No es fácil explicar a una madre un documento de cuatro páginas. Pero seguimos todos los procedimientos normalizados, rigurosos, comités de bioética, tenemos un equipo de antropología médica. Aún así, a veces surgen problemas. Una vez ensayamos un fármaco que dábamos a recién nacidos. De repente, dejaron de venir. Luego supimos que se corrió el rumor de que, cuando medíamos a los bebés tumbados, era para prepararles el ataúd.

El factor cultural influye hasta en el color de las mosquiteras...
¿Sabe cuál ha sido mi estudio más importante? Fui el primero en demostrar que las mosquiteras impregnadas funcionan. Un Lancet del 91. Búsquelo, búsquelo...