Viernes, 25 de Abril de 2008

Los bolivianos expulsados de sus casas encuentran cobijo en la parroquia "rebelde"

EFE ·25/04/2008 - 19:03h

EFE - El párroco Javier Baeza (d), conocido como el "cura rojo", posa en la antigua capilla de la iglesia San Carlos Borromeo, en el madrileño barrio de Entrevías, donde cinco familias de inmigrantes bolivianos explusadas de sus casa han encontrado cobijo.

Cinco familias de inmigrantes bolivianos expulsadas de sus casas en una zona marginal de Madrid han encontrado cobijo en una antigua parroquia "rebelde" de un barrio obrero de la capital, donde viven bajo la protección del párroco, Javier Baeza, conocido como el "cura rojo".

El párroco acogió a los 22 bolivianos el pasado martes después de que sus casas, construidas ilegalmente en una zona de chabolas (favelas) en el extrarradio, fueran reducidas a escombros por orden judicial.

"Cuando llegamos la gente estaba como loca intentado recuperar sus cosas, sobre todo la documentación", explicó el párroco a Efe.

En la antigua capilla de la iglesia San Carlos Borromeo, en el madrileño barrio de Entrevías, los colchones, las mantas y las escasas pertenencias personales de los inmigrantes comparten espacio con los crucifijos que todavía cuelgan de las paredes.

"Les ofrecimos la parroquia para alojarse mientras se arregla su situación. Nadie les había avisado de que iban a derribar sus casas y hasta ahora ningún responsable político se ha puesto en contacto con ellos", aseguró Baeza.

Sentado alrededor de la mesa sobre la que las mujeres preparan las verduras para la cena, Ever, uno de los 22 bolivianos afectados por el derribo, asiente con la cabeza para confirmar que, efectivamente, lo sucedido les pilló a todos por sorpresa.

"Preguntamos al dueño si corríamos peligro, porque hace ya tiempo derribaron unas casas más abajo y nos dijo que no, es más, nos aseguró que cualquier novedad nos la comunicaría unas semanas antes", afirmó.

Bajo los escombros de la que fue su casa, y por la que pagaba 300 euros mensuales de alquiler, Ever dejó los 1.200 euros (unos 1.900 dólares) que había ahorrado trabajando en Barcelona y con los que esperaba mantenerse mientras buscaba un empleo nuevo en Madrid.

"No hemos rescatado ni una cuarta parte de lo que había allí. Lo único que salvaron los técnicos del Ayuntamiento fueron algunos electrodomésticos. Hoy hemos localizado algún champú y unas cuantas verduras que quedaron dentro de una nevera".

Su compatriota Freddy le escucha atentamente e interviene en la conversación para explicar que muchos de ellos llevaban casi seis años viviendo en el edificio conocido como "la pensión", y que todo lo que tenían ha quedado bajo los casquetes y los hierros.

La solidaridad de los vecinos del barrio de Entrevías, en permanente contacto telefónico con el párroco, ha conseguido que las cinco familias cuenten con todo lo necesario para vivir hasta que se encuentre una solución a su problema.

"Hay personas que han permitido que los inmigrantes se duchen en sus casas, otros han traído toallas, hemos conseguido transporte gratis para llevar a los niños al colegio. Esto es un trabajo de todos", explicó Baeza.

A pesar de todo, una sensación de optimismo inunda la sala principal de la antigua parroquia, reconvertida desde noviembre de 2007 en centro pastoral.

"No nos arrepentimos de haber venido, ni está en nuestros planes volver a nuestros países. Vinimos a España a buscar una vida mejor y en eso estamos. El pasado, pasado es. Hay que mirar hacia adelante", dice Ever.

No buscan caridad, ni pena, "lo único que queremos es que alguien nos ayude a conseguir un nuevo lugar donde vivir y desde el que poder seguir trabajando", dicen.

Los responsables de la parroquia han contactado con la embajada de Bolivia en España para que busquen una alternativa a las cinco familias aunque, según Baeza, "saben que se pueden quedar todo el tiempo que sea necesario, que esta es su casa".

El propietario de las vivienda asegura que no tenía constancia de que se iba a producir el derribo y dice que podría ser ilegal en varios casos, ya que algunos procesos judiciales todavía están sin resolverse, según comentó el párroco.