Jueves, 24 de Abril de 2008

Un negocio que compra altas complicidades

En Marruecos, cerca de un millón de personas vive del cultivo de cannabis

TRINIDAD DEIROS ·24/04/2008 - 22:30h

Desde hace pocos años, las autoridades marroquíes arrasan algunas plantaciones de cannabis cuando llega el verano. AFP.

Ya en 1890, un antepasado del actual rey de Marruecos, el sultán Hasán I, concedió permiso a cinco aldeas de las tribus de los Ketama y de los Beni Jaled para un cultivo que durante siglos se destinaba a consumo propio: el kif, la planta del cannabis de la que se extrae el hachís.

En el pasado, los campesinos rifeños lo fumaban mezclado con tabaco, siguiendo una tradición que nada tiene que ver con los cultivos actuales de esta droga, de los que viven cerca de un millón de personas en la abandonada región septeptrional de Marruecos. Cultivos que hacen de este país el primer productor mundial de cannabis, según los datos de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito. En su informe de 2007, este organismo estima que el 70% del hachís que se consume en Europa es marroquí.

En 2003, año en el que las autoridades marroquíes reconocieron por primera vez la enorme extensión de los cultivos, las héctareas dedicadas al cannabis alcanzaron una cifra récord de 134.000, que dos años después se había reducido a 72.500 hectáreas.

Pero el dinero de la droga no va para los campesinos que la cultivan. El productor se lleva una ínfima parte de un negocio cuyos pingües beneficios van a parar a los traficantes.

En Marruecos, es un secreto a voces que las complicidades compradas por las enormes cantidades de dinero que mueve este tráfico van desde el simple policía de a pie hasta lo más alto de la cúpula del poder. Como en todos los buenos negocios del país, se ha hablado de la implicación directa, no sólo de altos funcionarios, policías y jueces, sino incluso del entorno de la familia real.

En ocasiones, esta implicación ha salido a la luz, como cuando, en septiembre de 2006, nada menos que el director de la seguridad de los palacios reales, Abdelaziz Izzou - anteriormente jefe de la Policía de Tánger-, fue acusado de narcotráfico, tras haber sido delatado por el traficante Mohamed Jarraz, alias Cherif Bin Luidane.

Izzou, caído en desgracia y destituido de forma fulminante por Mohamed VI, ha sido condenado el pasado mes de marzo a dos años de cárcel.
Mohamed Jarraz no sólo delató a este funcionario de Palacio, también señaló a una veintena de altos cargos de la Policía y la Gendarmería marroquíes, la mayoría destinados en Tánger, una de las puertas de salida de la droga. En la lista del narco, figuraban, por ejemplo, el jefe de la Policía secreta en el puerto de la ciudad norteña y el teniente coronel a cargo de las patrulleras de la Gendarmería (las mismas que se supone deben impedir la salida de la droga) en la zona noroeste y un alto responsable de los puestos de vigilancia marítima.

La prensa marroquí independiente había destapado antes otros escándalos, como el de Nuredín Benazouz, un narco condenado a diez años de prisión en 1996 y que, huido a Ceuta, no fue detenido al volver a Marruecos. Días después, fue absuelto.

Narcos por vía aérea y marítima


Los vehículos

Los narcos que operan en el Estrecho de Gibraltar utilizan lanchas zodiac, a las que equipan con potentes motores (a veces, hasta cuatro), que les permiten alcanzar velocidades de hasta 130 kilómetros por hora. También utilizan avionetas y helicópteros, aunque en menor medida que las lanchas, al igual que otros vehículos más discretos, como yates de lujo.


Los puntos de salida

Aunque la zona de partida de los narcos es amplia y se extiende por la costa de Tánger, Tetuán y la más lejana Nádor, los traficantes utilizan especialmente las playas de Ued Laou, en Tetuán. Cuando utilizan yates, suelen zarpar del puerto deportivo de Marina Smir, una urbanización de lujo a dos pasos de Ceuta, donde varios traficantes tienen casas. ‘El Nene' tenía allí una propiedad que vendió hace poco. A medio camino entre Melilla y Nador, frente a las costas de Almería, la mayor parte de las zodiac tienen su base en la laguna de Mar Chica.


Las puertas de entrada

El aumento de la vigilancia en las costas andaluzas, fundamentalmente gracias al Sistema de Vigilancia Integral del Estrecho (SIVE), un sofisticado sistema de radares, no ha impedido llegar a las veloces lanchas del hachís, que logran escapar muchas veces a las patrulleras, pero sí les ha obligado a diversificar sus puntos de entrega. Fuentes policiales indicaron a ‘Público' que uno de ellos son las Marismas del Guadalquivir. Los narcos han utilizado tradicionalmente las playas de Cádiz, Málaga y también las almerienses. Las fuerzas de seguridad han detectado también entregas en la Comunidad Autónoma Valenciana, en especial en Alicante, las Islas Baleares, e incluso, la zona del Delta del Ebro.


También inmigrantes

En octubre de 2006, se desmanteló una red de tráfico de hachís que transportaba también inmigrantes. Éstos debían pagar 1.000 euros por la travesía o ayudar en las labores de carga y descarga.

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