Miércoles, 23 de Abril de 2008

Guerra psicológica contra la "inevitabilidad" del rival

ISABEL PIQUER ·23/04/2008 - 21:45h

Si Barack Obama es tan bueno, ¿por qué no puede ganar todas las primarias y llevarse de una vez la nominación? Es la duda que ha conseguido sembrar Clinton en Pensilvania y es su mayor victoria.

Esta ofensiva en la guerra psicológica que ha lanzado para contrarrestar la "inevitabilidad" de su rival ha evitado de momento que los superdelegados se pasen al bando contrario.
Clinton y Obama ganaron donde suelen ganar. Ella entre las clases medias bajas blancas, especialmente en las zonas rurales. Él en las ciudades (se llevó Filadelfia), el electorado afroamericano y los suburbios adinerados.

Esto demuestra que Obama, por un tema de raza o de mensaje, sigue sin conectar con la base obrera demócrata, los bluecollars (cuello azul, por los monos de trabajo), históricamente más tradicionales y que no tendrían problema en votar por un conservador moderado. Es el argumento que Clinton quiere explotar. Nadie olvida que John Kerry perdió las elecciones presidenciales de 2004 precisamente porque no pudo llevarse un Estado como Ohio. En Pensilvania, donde se votó ayer, ganó Kerry pero por una distancia inferior a los 200.000 votos.

Los partidarios de Obama responden diciendo que su candidato ha movilizado una franja de votantes, especialmente los jóvenes, que hasta ahora no habían aparecido en el radar electoral. Pero nadie sabe si en noviembre estarán dispuestos a votar por otro demócrata.

Pensilvania ha dejado un sabor amargo porque ha sido la primaria más dura y más negativa, especialmente por parte de Clinton, que ha utilizado en algunos de sus anuncios televisivos imágenes habituales en los mensajes republicanos.Ayer, en un editorial vitriólico, The New York Times, que le dio su respaldo hace unos meses, criticó a la candidata sin piedad: "La campaña de Pensilvania, que no ha producido un resultado concluyente, ha sido más mezquina, más vacía y más desesperada que las que la precedieron. Los votantes están cansados. Es hora de que la senadora Clinton reconozca que la negatividad, de la que es principalmente responsable, sólo la daña a ella, a su oponente, al partido y a las elecciones de 2008".

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