Lunes, 21 de Abril de 2008

La presa de las Tres Gargantas expulsa a los mas pobres de su tierra

Un nuevo deslizamiento que ha sepultado a 200 personas pone en evidencia los riesgos del megaembalse en China

ANDREA RODÉS, corresponsal ·21/04/2008 - 21:57h

AFP - El 22 de julio de 2007 se abrieron 18 compuertas de la presa de las Tres Gargantas, que se ha tragado varias ciudades en el centro del país.

Parece una escena de Los lunes al sol. Pero desde la casa de Shi Changde, un parado de 51 años de Badong, en la región china de las Tres Gargantas, no se ven las rías gallegas sino las aguas mansas del río Yangtzé. Shi se pasa las mañanas frente al televisor, comiendo pipas y fumando cigarrillos en compañía de sus vecinos.

Están todos en el paro desde que hace ocho años cerró la fábrica de barcos del pueblo. Sus esposas trabajan en los campos de mandarinos, uno de los pocos árboles fruteros que logran crecer en la tierra árida y escarpada de una de las zonas más pobres y pobladas del país. Algunos tienen sus huertos entre los cimientos de las casas derruidas por un desprendimiento de tierras que arrasó el pasado verano parte del nuevo asentamiento de Badong. El antiguo pueblo ya ha quedado sumergido bajo las aguas de la presa.

No era la primera vez que ocurría. El sábado, un nuevo desprendimiento de tierras ha dejado atrapadas a 200 personas y amenaza con cubrir el pueblo entero de Xiaohe, en el municipio de Gaoyang, a pocos kilómetros de Badong. Las autoridades chinas han enviado un equipo de emergencia para rescatar a los habitantes, después de que 60.000 metros cúbicos de barro empezaran a deslizarse sobre el patio de una escuela primaria, a causa de las fuertes lluvias torrenciales.

Aunque no se ha informado de víctimas mortales, el accidente ha reavivado los temores sobre el impacto ecológico de la presa. Según los geólogos, la presión del agua embalsada del Yangtzé ha empezado a erosionar el terreno deforestado y frágil de la zona, provocando una serie de corrimientos de tierras.

Ciudades sumergidas

La construcción de la presa de las Tres Gargantas ha convertido el Yangtzé en un pantano de 600 km de extensión, sumergiendo bajo las aguas a decenas de ciudades y transformando las vidas de millones de habitantes. Algunos han podido sacar provecho de la nueva situación, abriendo negocios y enriqueciéndose con el turismo. Pero la mayoría, como Shi, vive a la espera de los beneficios prometidos por el Gobierno o se ha visto forzada a emigrar a las ciudades.

"La presa es un buen proyecto, estoy seguro", dice Shi, mientras ofrece cigarrillos a los vecinos reunidos en el frío salón de su casa de ladrillo, construida por él mismo. La familia se trasladó allí en 1997, cuando el nivel del río empezó a subir y el viejo Badong empezó a sumergirse bajo las aguas. El nuevo distrito es un conjunto desordenado de bloques de cemento, casas de dos plantas a medio construir y calles sin asfaltar. Un pegote más en el degradado paisaje de las Tres Gargantas. Pero Shi no le da importancia al paisaje. Es consciente de que la presa ha impulsado la construcción de carreteras, la mejora del transporte fluvial, servirá para reducir el peligro de las temidas inundaciones y generar electricidad.

"La política del Gobierno central es positiva, pero no podemos beneficiarnos de ella por culpa de la corrupción de los funcionarios locales", explica Shi. Hace diez años, a los habitantes de Badong les prometieron una compensación de 600 yuanes (60 euros) anuales por persona para trasladarse a los nuevos emplazamientos. "En realidad, sólo recibimos 600 yuanes por familia", dice Shi.

"¿Por qué nadie responde cuando les preguntamos dónde está nuestro dinero?", se pregunta Yi Juqiong, vecino de Shi. La corrupción de las autoridades locales impide que el dinero de Pekín alcance a los más necesitados. Según Yi, los funcionarios se quedan con las mejores viviendas del nuevo Badong y se compran coches de lujo. Las manifestaciones son frecuentes pero no sirven de nada.

"No es justo", dice Shi. Su familia depende del comercio de las mandarinas y "con suerte" consigue ingresar 3.000 yuanes al año (300 euros) si vende algún cerdo en el mercado. Medio kilo de mandarinas cuesta tres mao, tres céntimos de euro. El negocio va mal porque los terrenos más fértiles quedaron sumergidos y la calidad de la fruta ha empeorado. "No queremos emigrar", dice Shi, mientras fuma, nervioso. El suelo de su casa está lleno de colillas. Shi trabajó toda su vida bajo la protección de un danwei, unidad de trabajo, en la fábrica de barcos estatal.

El Gobierno ordenó su cierre y desde entonces no sabe qué hacer. Le atemoriza la idea de emigrar a Chongqing, una municipalidad de 34 millones de habitantes en el extremo oeste de la presa, o a las ciudades industrializadas de la costa, como Cantón o Shangai. En los últimos diez años, 1,3 millones de personas han sido forzadas a abandonar la región.

Los medios oficiales han informado de que todavía es necesario desplazar a cuatro millones de personas más. Los políticos chinos insisten en promocionar la emigración como la mejor solución para aliviar los problemas sociales de las Tres Gargantas pero varios proyectos de desplazamiento especiales a las provincias de Xinxiang y Hainan han fracasado. Los inmigrantes no se adaptan a los nuevos destinos.

Evacuación por segunda vez

"¿Cómo vamos a sobrevivir?", exclama Xiang Shiyi, una vecina de Badong, delgada y con los dientes ennegrecidos por el tabaco. Su marido murió en febrero y ella no tiene trabajo. Los seis miembros de su familia viven apretujados en la planta baja de una casa de ladrillos porque los 40.000 yuanes (4.000 euros) que recibió de indemnización por su apartamento en el viejo Badong, hoy sumergido bajo las aguas, no alcanzaron para construir el segundo piso. Los terrenos que recibió del Gobierno para cultivar mandarinos se vinieron abajo el pasado verano, en un desprendimiento de tierra.

La zona había sido desalojada antes gracias a un nuevo sistema de alarma, cuando se descubrió que todo el segundo asentamiento de Badong se levanta sobre una zona de riesgo. El Gobierno ha empezado la construcción de una tercera ciudad, donde miles de personas tendrán que trasladarse por segunda vez en el futuro.

Gaoyang, el municipio afectado este fin de semana por el desprendimiento, será el último en ser reubicado antes de que la presa alcance en 2009 su nivel máximo, 175 metros. Las Tres Gargantas son hoy un desfiladero salpicado de ciudades grises, placas de cemento y carteles que indican en letras grandes esta cifra.