Lunes, 21 de Abril de 2008

"Si vence otro, no será milagro sino fraude"

FEDERICO PEÑA ·21/04/2008 - 21:07h

El ex obispo representa para los paraguayos la renovación.

Cuando en 2006 Fernando Lugo renunció a sus votos como obispo para embarcarse en la carrera hacia la presidencia, prometió convertir a Paraguay en su gran catedral. Cambió el hábito por el poncho, el sermón por el discurso, la protección de Dios por la de un grupo de guardaespaldas.

Su doctrina es la teología de la liberación. Su enemigo, la pobreza. La responsable, la Asociación Nacional Republicana, más conocida como Partido Colorado. Su predicción, "ganaremos". Su denuncia, "si gana otro candidato no será un milagro, será fraude".

Como la mayoría de los paraguayos, la historia del ex obispo es una de pobreza y superación. Una foto de bebé, en la que aparece desnudo sobre un trozo de chapa, denota las carencias de su familia. 56 años después, los indicadores sociales que Lugo padeció desde niño se mantienen intactos.

El 50% de la población del país latinoamericano vive en la pobreza y el 35% en la indigencia. El 80% de la población es rural, pero sólo el 2,5% de los propietarios posee casi el 80% de las tierras.

Durante todo ese tiempo, exactamente 61 años, ha habido una única formación política en el poder: el Partido Colorado. Con seis puntos de diferencia en los sondeos sobre la candidata oficialista, Blanca Margarita Ovelar, el ex obispo se ha convertido en la amenaza más seria para acabar el domingo con la hegemonía cómplice de esa realidad.

Soltero, sin hijos y suspendido ad divinis por el Vaticano, hace un año que Lugo vive custodiado las 24 horas por un grupo de guardaespaldas, consciente de los riesgos que conlleva la actividad política en su país.

La lucha contra la marginalidad, la exclusión y la corrupción son los principales ejes de su "programa de emergencia nacional" en caso de desembarcar en el presidencial Palacio de López.

Su palabra favorita es "cambio" y su medida estrella es hacer un catastro nacional para abordar una "reforma agraria integral". También propone que su país cobre a Argentina y Brasil "un precio de mercado"-siete veces superior al actual- por la venta de energía eléctrica que producen las presas de Itaipú y Yaciretá.

Lugo es el líder y, al mismo tiempo, el cemento que amalgama a la Alianza Patriótica para el Cambio. En el seno de esta formación variopinta conviven una veintena de agrupaciones sociales y una decena de partidos políticos que van desde la extrema izquierda a la extrema derecha.

En esta confluencia de intereses, encabezada por el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), la principal fuerza opositora del país, es el ex obispo quien arroja definiciones.Se presenta como un hombre de centro, partidario de la economía mixta, defensor de la propiedad y la inversión privada, así como de la llegada de capital extranjero, al que, según afirma, "hay que darle garantía y seguridad jurídica para que colabore con el desarrollo del país".

A nivel internacional, repite constantemente la palabra "soberanía" y dice que Paraguay debe encontrar su propio camino, "diferenciado de los otros países, ya sean Venezuela, Ecuador o Bolivia".

Derechista, rojo e impío

Lugo, que con Dios arriba y el pueblo debajo dice sentirse inmune, lo acusan de derechista, de rojo, de impío. Detrás del rosario de insultos y críticas está el propio presidente paraguayo, Nicanor Duarte Frutos, quien ha utilizado el ataque a Lugo para beneficiar a Ovelar.

El diccionario oficialista profirió todo tipo de insultos: "mentiroso", "sinvergüenza", "formador de marihuaneros", "amoral" o "cura mal avenido".

Con ironía, el ex obispo ha agradecido a Duarte Frutos por ser su "mejor agente de campaña": "Cuanto peor habla de mí, mejor me va en las encuestas".

Otra arma arrojadiza del oficialismo fue una supuesta vinculación del candidato con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Al contraataque, Lugo sacó rédito mostrándose como la "esperanza" de "cambio" en un contexto regional de gobiernos progresistas.

Sin embargo, las críticas arrojadas sobre él han acortado su ventaja sobre la candidata oficialista a sólo seis puntos entre febrero y abril. Lo que más lo ha dañado ha sido el recuerdo del asesinato de Cecilia, la hija del ex presidente Raúl Cubas.

Mirtha Gusinsky, la madre de la víctima, irrumpió en spots televisivos esta semana pidiendo a la población que no vote a Lugo, a quien relaciona directa o indirectamente con la desaparición de su hija en 2004. La difusión de este anuncio provocó que Lugo dejara vacío su asiento en el debate celebrado el pasado jueves. Pese a su aire tranquilo, Lugo hierve por dentro.

De obispo a líder político

A duras penas Lugo pudo concluir la secundaria. Excelente alumno -"un bocho (genio)"-,según sus compañeros, en la veintena Lugo se tituló profesor de educación primaria.

En 1977 se ordenó sacerdote por la congregación del Verbo Divino, donde abrazó la teología de la liberación. Entonces fue destinado como misionero durante cuatro años a Ecuador, país que influyó en su formación ideológica y en su visión social.

"Creo que si no hubiese pasado por ese país, no hubiera sido lo que soy", recuerda. Al regresar a Paraguay, puso en marcha la lucha social desde el barro y se ganó el respeto de la ciudadanía. En marzo de 1994 recibió el nombramiento de obispo de la diócesis de San Pedro, una de las más pobres del país. Allí se convirtió en poderoso aliado de los sin tierra, quienes lo llaman "el obispo de los pobres" o "el Evo paraguayo".

En marzo de 2006, Lugo se midió el traje de líder social cuando convocó a 50.000 personas a una manifestación contra la corrupción frente a la sede del Congreso en Asunción. Días después, 100.000 ciudadanos firmaron un documento para pedirle que se presentara como candidato a presidente.

Eligió el día del nacimiento de Jesús, la Navidad, para hacer pública, frente a su casa materna, su determinación de dejar atrás 29 años en el sacerdocio y ponerse "al servicio del pueblo paraguayo".

Pese a haber sido suspendido ad divinis por el Vaticano, el Lugo político echa mano del léxico eclesiástico. Invita a los ciudadanos a "tener fe" para promover "el cambio" porque "el domingo es el día de la resurrección" de Paraguay. Su propaganda mediática concluye siempre con un "palabra de Lugo". Un tercio de los casi tres millones de votantes le cree