Domingo, 20 de Abril de 2008

Jean Giraud: "Moebius no es mi nombre, es un estado del espíritu"

Gir y Moebius, las dos formas de interpretar el proceso de creación de un genio francés del cómic

REBECA FERNÁNDEZ ·20/04/2008 - 23:15h

JOSE COLÓN - Jean Giraud en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona.

Libertad contra realismo. Ciencia ficción frente a western. Moebius y Gir. Y todo ello forma parte de Jean Giraud (Francia, 1938). Este maestro de las historietas ha sido una de las estrellas del Salón Internacional del Cómic de Barcelona donde ha mostrado el poso que dejan en el cuerpo cuarenta años de dibujos, divididos en dos categorías que sólo tienen en común que son producto del mismo autor.

Gir es una disciplina estética muy precisa que es una continuación de una tradición europea de la representación racional, es una manera de que se sucedan las imágenes para contar una historia", explica el autor, que resalta que frente a esto "Moebius es una actitud". De hecho, Giraud considera que mucha gente podría firmar como Moebius, ya que no es su nombre sino "un estado de espíritu, un momento de dibujar que sigue mi ánimo en ese instante de manera rápida y fina".

Así, Moebius es "la libertad" para crear historias fantásticas como Arzach, El garaje hermético, del que aparecerá otra entrega el próximo mes, y la saga de El Incal, fruto de su colaboración con Alejandro Jodorowsky, título convertido ya en un referente de la ciencia ficción contemporánea. Frente a estas obras, Giraud firma cómics más clásicos como El Teniente Blueberry o XIII. La versión irlandesa, que acaba de publicar. La imaginación desbordada ante la realidad, dos universos que no pueden vivir separados: "Sin Moebius me muero por la falta de libertad, y sin Gir me muero por la falta de dinero", precisa este dibujante francés que deja clara su autoridad durante el proceso: "Siempre me siento yo cuando dibujo de una manera o de otra".

Un seudónimo para la revolución

El seudónimo de Moebius nace en 1963 cuando ofrecen a Giraud una colaboración en una revista. En ese momento este autor tenía unos impetuosos 25 años que, en su opinión, le llevaron a actuar "sin vergüenza". Así que decidió que rebautizarse era "el mejor modo de mandar una señal al mundo, de decirle que llegaba y que era una nueva forma de existir y crear".

 El motor que le empuja a dibujar (y a autoeditarse) es el placer y la necesidad de comunicar, aunque reconoce los aspectos dolorosos del proceso, "especialmente cuando se toma la dirección del realismo". Para él se trata de la "más alta disciplina del dibujo" en la que es "muy difícil" poder "escapar de la esclavitud de la realidad, pero dentro de ella".

Otras de las facetas profesionales de Giraud son los videojuegos y el diseño en películas como Alien o El quinto elemento, trabajos que le permitieron acercarse a otra de sus pasiones. El cine entró en la vida de Giraud como una forma diferente de ver el mundo y a él se aferró al considerarlo una muestra de la "nueva cultura", interpretó las pantallas como "otra universidad" frente a la "cultura vieja y tradicional" de la que se alejó al abandonar los estudios.

Situado en un momento de su trayectoria profesional en el que tiene que afrontar la conclusión de algunas de sus historias, dar un significado a los elementos que creó libres hace treinta años, Giraud continúa interpretando el dibujo como una enfermedad, una "psicosis grave" que le permite escapar. También le sirve de espejo, ya que es un personaje de Inside Moebius, donde aparece con una nariz roja. ¿Por qué?: " porque tomo la posición de payaso - declara-, porque me gusta reírme de mí mismo".

 

El Teniente Belmondo

En 1963, Jean Giraud publica en la revista Pilot una de sus obras más conocidas, El Teniente Blueberry, con guión de Jean-Michel Charlier, donde reinterpreta el western tradicional para llevarlo al cómic.

El protagonista es un personaje marcado por la letra B. Se llama Blueberry y el personaje real en el que se inspiró Giraud para crearlo también tiene esta inicial en su apellido: es Jean Paul Belmondo. Este actor francés "representaba en los años sesenta una nueva forma de pensar, reaccionar, hablar...", según Giraud, quien resalta que en sus primeros años Belmondo era "más inquietante que simpático", a pesar de que después "cambió un poco". Además, este actor supuso una conexión para Giraud con toda una "nueva generación de artistas revolucionarios relacionados con el cine".

Con esta obra, el dibujante francés no sólo creaba un referente en la historia del cómic, sino también daba una respuesta "a un deseo de cuando tenía 10 o 12 años". Un tipo duro para ser fiel "al sueño de un niño, que siempre está observando".