Sábado, 19 de Abril de 2008

La vida derrota a la bomba H

Los corales del atolón de Bikini, en el Pacífico, han ‘resucitado', 50 años después de los ensayos nucleares estadounidenses

MANUEL ANSEDE ·19/04/2008 - 22:07h

El 1 de marzo de 1954, EEUU lanzó en las Islas Marshall una bomba de hidrógeno, 1.000 veces más potente que la bomba de fisión de Hiroshima. Sus 15 megatones desintegraron literalmente tres islas y convirtieron el mar en una sopa radiactiva, a 55.000 grados de temperatura, que achicharró la vida de los atolones cercanos. El ensayo nuclear, conocido con el nombre en clave Castle Bravo, dejó un gigantesco cráter de dos kilómetros de diámetro y 73 metros de profundidad.

Medio siglo después, un equipo internacional de científicos ha viajado al atolón de Bikini, en el norte de este archipiélago del Océano Pacífico, para analizar la diversidad y la abundancia de la vida marina. Según un estudio publicado en Marine Pollution Bulletin, el 70% de los corales de Bikini se ha sobrepuesto al brutal impacto de la bomba H.

La autora principal de la investigación, Zoe Richards, de la universidad australiana James Cook, no esperaba contemplar esta resurrección submarina cuando se zambulló en el llamado cráter Bravo: "Esperaba un paisaje lunar, pero fue increíble, se había creado un próspero arrecife con enormes brazos de coral de más de ocho metros de alto".

Los investigadores han comparado la biodiversidad actual con la registrada en un estudio realizado antes de los ensayos nucleares de la década de 1950. Al menos una treintena de especies ha desaparecido, a causa de las 23 bombas atómicas arrojadas en el atolón entre 1946 y 1958, pero otra docena de especies se ha identificado por primera vez.

La científica Maria Beger, de la Universidad de Queensland, llevó consigo un contador Geiger para medir la radiactividad del atolón. "La radiación gamma ambiental era bastante baja, similar a la radiación de fondo de cualquier ciudad australiana, pero cuando puse el contador cerca de uno de los cocoteros, que acumulan material radiactivo, la aguja se volvió loca", narra Beger.

Detrás del ‘milagro'

Los autores de la investigación sugieren que detrás del milagro de Bikini se encuentra el vecino atolón de Rongelap. Este gigantesco peñón de coral, el segundo mayor del planeta, se ha mantenido en condiciones prístinas gracias a la ausencia de seres humanos. Sólo unos pocos pescadores se acercan a capturar, de manera ilegal, atunes y tiburones, mientras que los turistas se dedican a bucear en busca de barcos naufragados, lejos del arrecife. En opinión de los científicos, Rongelap ha donado parte de su biodiversidad a Bikini gracias a las potentes corrientes marinas, que han arrastrado diferentes especies desde un atolón a otro.

Richards ironiza con que Bikini se ha convertido, gracias a las bombas, en un fantástico laboratorio que demuestra que los corales pueden recuperarse de prácticamente cualquier trastorno imaginable.

El calentamiento, amenaza final para los corales

El estudio del atolón de Bikini ha mostrado que los corales presentan una gran ‘resiliencia' -capacidad de volver a su estado original-, pero la investigadora Zoe Richards insiste en que esta facultad de algunas especies hay que ceñirla a un "único y enorme suceso destructivo". La amenaza del calentamiento global es diferente: "El cambio climático es una batalla constante para el coral, sin indulto a la vista". 

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