Viernes, 18 de Abril de 2008

Dibujos nacidos de las entrañas

Frederik Peeters, autor de Píldoras azules, centra su atención en las pequeñas cosas porque es la única forma de "no ser infeliz"

REBECA FERNÁNDEZ ·18/04/2008 - 23:45h

Frederik Peeters en el Salón Internacional del cómic de Barcelona.

Con naturalidad y soltura. Frederik Peeters (Ginebra, 1974) se desenvuelve con la misma frescura con la que abordó una relación de amor marcada por el SIDA en Píldoras azules (Astiberri). Esta obra nació como un "experimento personal" tras una obra técnicamente compleja en la que llegó a perderse. Así que buscó un tema que le permitiera "limpiarse" y dibujar "muy deprisa". Y lo encontró: su propia vida.

Sonriente y comunicativo en los gestos hasta con las manos, Peeters explica en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona, que plasmar su relación con Cati, seropositiva como su hijo de tres años, no fue premeditado, sino un relato "nacido de las entrañas". Un libro con el que consiguió llamar la atención sobre su obra, gracias a una historia de amor tratada desde la sensibilidad y la normalización de la enfermedad a base de blanco y negro, una ausencia de colores que es "la esencia misma del cómic".

Influido desde su infancia por Tintín, de Hergé, y Peanuts, de Charles M. Schulz, este joven autor se concentra en las relaciones personales, a pesar de que no es su objetivo principal. Él afirma que sólo pretende facilitar el placer de la lectura y lo hace con un poco de "inteligencia" porque asegura no tener ganas de "tomar a la gente por idiota". Además, este dibujante disfruta dando un espejo "para las emociones" de las personas que leen sus libros. De hecho, Peeters trabaja mucho con los silencios porque "el lector los llena con lo que tiene en su interior".

Cómic intimista

"El cómic permite transmitir emociones vibrantes a través de un hilo directo entre el autor y el lector", explica Peeters, que trata de prestar especial atención a los detalles, ya que "la única forma de no ser infeliz es centrarse en el placer por las pequeñas cosas".

 Peeters también ha tratado otros temas en los cuatro volúmenes de Lupus (cuyos números dos y cuatro son sus libros favoritos), los dos de Koma, su primera obra a color, y en los dos tomos de RG, en los que, junto a Pierre Dragon, narra el día a día de un agente de la policía secreta francesa. "No creo que tenga un estilo gráfico - afirma - porque va cambiando en función de la historia. Es ella la que me interesa y es el dibujo el que se supedita".

Entre sus proyectos se encuentra una gran novedad: crear una historia con un personaje central femenino, creíble e inteligente, una heroína dramática de los años 50 "con una dimensión romántica". Todo un reto ya que, según Peeters, en todas sus historias las mujeres están tratadas con "más afecto que atención".

Así se presenta el futuro de este joven autor que aborda la creación de cómics como un "acto de escritura" y la interpreta como la música: "cada viñeta es una nota musical, hay notas largas, cortas, silencios...".

Un autor a su aire 

 
Nada de etiquetas

A pesar de ser un autor destacado dentro del panorama del cómic “independiente”, él prefiere no definirse con ese término, ya que sería como encasillarse en una “categoría”.

Premiado

Píldoras azules estuvo nominada al Premio al Mejor Álbum del Salón del Cómic de Angulema en 2002. Finalmente fue premiado en este festival por el cuarto volumen de Lupus.

Sin pudores

Ha afrontado la autobiografía sin vergüenza, ya que, en su opinión, sólo aparece “si uno sabe que va a escribir un libro al respecto”. Sin embargo, Píldoras azules nació por sorpresa y desde 2001 es una de sus obras más conocidas.

Píldoras para todos

Esta obra narra las relaciones entre el autor, su novia y el hijo de ella. Intensa historia plasmada en una obra que, según Peeters, “nadie ha leído de la misma manera”. “Todo el mundo pone ahí lo que tiene dentro”, afirma.

Dibuja por placer

Yo simplemente me divierto. Paso ocho horas al día dibujando, si no me interesase lo que hago me iría a trabajar a una fábrica”, declara Peeters, que no piensa en un lector concreto a la hora de trabajar, porque eso sería “el principio del marketing y yo no hago marketing”.

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