Jueves, 17 de Abril de 2008

Las contradicciones de la entrada en campaña de Bruce Springsteen

El cantante apoya a Obama, criticado esta semana por las clases rurales que protagonizan las canciones del ‘jefe'

JESÚS MIGUEL MARCOS ·17/04/2008 - 22:02h

El cancionero de Bruce Springsteen es uno de los más vívidos retratos de la clase trabajadora estadounidense. La canción Factory (1980), por ejemplo, cuenta de forma muy simple, casi sin adornos, un hecho cotidiano de su infancia en un pueblo industrial de Nueva Jersey: su padre se levantaba de madrugada, se dirigía a la fábrica y regresaba al final del día con la muerte en los ojos.

Springsteen luchó con todas sus fuerzas por driblar ese destino. No me van a hacer lo que he visto que hacían contigo, canta en Independence Day (1980), una canción que narra en primera persona cómo un hijo se despide de su padre. Fue considerado un héroe de la clase trabajadora, precisamente, porque logró escapar de su condición y salir vivo para contarlo.

Su repertorio caló hondo en las masas, pero sobre todo entre los más humildes, que se sentían íntimamente conectados a los relatos de uno de los suyos. Contaba sus vidas.

Pese a ser un artista muy activo en el apoyo a causas justas, Springsteen no metió los dedos en el enchufe de la política durante la mayor parte de su carrera.

Unos dicen que por desconocimiento, otros porque no quería simplificar su mensaje equiparándolo al color de un partido. En 1979, participó en una serie de conciertos en Nueva York contra la proliferación de centrales nucleares. Una de sus exigencias fue no tener que dar entrevistas o participar en ruedas de prensa relacionadas con el tema en cuestión.

Este silencio puso su ideología política en entredicho. ¿Era Springsteen un cantante de izquierdas o de derechas? Ni siquiera el hecho de que criticara con dureza el uso de Born in the U.S.A. (1984) en los mítines de Ronald Reagan -que se apropió de la imagen del boss en su momento de mayor popularidad para ganarse el voto joven- solventó las dudas.

No era un Bob Dylan o un Lou Reed. Era un tipo campechano, sano, no muy leído, nada malicioso, un fiel esposo y un buen padre de familia... Un perfil conservador bastante alejado del de un revolucionario.

Irak, la gota que colmó el vaso

Y entonces llegó la guerra de Irak, un acontecimiento tan hiriente que nadie que esté expuesto mínimamente a la opinión pública puede esquivar. En octubre de 2002, en el Palau Sant Jordi de Barcelona, presentó Born in the U.S.A. como "una oración por la paz".

En mayo de 2003 volvió a Barcelona, esta vez al Estadi Olímpic, y ya hablaba de que "en América estamos viviendo momentos difíciles". En 2004 estalló: montó una gira con R.E.M. y Pearl Jam para echar a Bush de la Casa Blanca.

La entrada en campaña de Springsteen era algo natural, algo que tenía que acabar ocurriendo tarde o temprano teniendo en cuenta el marcado compromiso social que ha impregnado su obra. Pero su firme apoyo al candidato demócrata a las presidenciales de 2004, John Kerry, le trajo muchos más problemas que beneficios. Buena parte de su público, el pueblo llano estadounidense, "su gente", era también bastión del voto republicano.

Y le dieron la espalda. Algún fan desaforado amenazó con quemar todos sus discos y en sus conciertos eran habituales los silbidos. El aparato mediático conservador se cebó con él, acusándole de "antipatriota".Por si fuera poco, Kerry perdió las elecciones.

El miércoles Springsteen volvió a entrar en campaña. Esta vez en las primarias, para apoyar a Barack Obama. "Obama habla de la América que he imaginado en mi música durante los últimos 35 años, una nación generosa con una ciudadanía dispuesta a afrontar problemas complejos y delicados, un país interesado en su destino colectivo y en el potencial de su espíritu unido", ha escrito Springsteen en su página web.

Casualidad o no, el anuncio llega sólo unos días después de un grave patinazo de Obama. En unas declaraciones ante sus seguidores, dijo que las penalidades económicas en las pequeñas ciudades convierten a la gente en unos "resentidos, les lleva a engancharse a las armas y a la religión, y fomenta la antipatía hacia los que no son como ellos".

Es difícil no identificar a esta gente amargada, propensa al racismo y necesitada de armas y Dios, con la clase trabajadora que Springsteen ha retratado en su música, con las multitudes que llenan sus conciertos. El jefe atrae a las masas, pero es posible que le cueste un poco más atraer a los votantes.