Jueves, 17 de Abril de 2008

El clima de bronca con Arenas marca la investidura de Chaves

El presidente andaluz y el líder del PP se advierten: "No le voy a pasar ni una"

ÁNGEL MUNÁRRIZ ·17/04/2008 - 21:45h

La indisimulada falta de sintonía entre Manuel Chaves y Javier Arenas convirtió este jueves la sesión de investidura del candidato socialista en un intercambio de reproches y puyazos, en más ocasiones personales que políticos, destinados a minar el crédito del rival. El debate en el Parlamento de Andalucía, en el que Chaves fue investido presidente por sexta vez gracias a la mayoría absoluta del PSOE y con el voto en contra de PP e IU, predispone la VIII Legislatura a un clima de confrontación.

“No le voy a pasar ni una”, advirtió Arenas, que anunció una oposición “contundente”. “Yo a usted tampoco”, replicó Chaves. No obstante, sobre la mesa quedan varios grandes asuntos en los que, de palabra, ambos dejan la puerta abierta al entendimiento: la educación, la reforma de la justicia, el desarrollo del Estatuto, la política del agua, el modelo de financiación... Arenas remarcó que otorga a líder socialista “una credibilidad mínima”.

Apelaciones retóricas al pacto

La retórica pactista quedó anulada por la distancia entre dos políticos que acumulan infinidad de cuentas pendientes a las que regresan de forma recurrente. De fragmentos cruzados de sus intervenciones resulta todo un diálogo de sordos. Empieza Chaves: “Perdió dos veces, luego se fue a Madrid, donde se estaba más calentito, luego volvió otra vez y ha vuelto a perder”. Y responde Arenas: “Usted no quería venir aquí ni muerto. Candidato a palos, le llamaban, ¿se acuerda? Y a mí me quiere jubilar”. Otra vez el socialista: “Cuantas más veces se presente, mejor. Si se presenta en 2012, nos volveremos a ver las caras”. Así siguieron.

Las bancadas atendían al pique, con referencias mil veces oídas (las tres derrotas de Arenas, los 18 años de Chaves en el poder, el paso de Arenas por el Gobierno de Aznar, el antiguo apoyo de Chaves al Plan Hidrológico...), animando con aplausos a sus candidatos. El clima no llegó a la crispación, ni siquiera cuando Arenas denunció haber sido “insultado” desde la bancada socialista, porque ningún reproche resultaba nuevo. Era la riña ya habitual entre dos antiguos conocidos de perfiles antagónicos.