Jueves, 17 de Abril de 2008

Antonio Orlando afirma que el cambio sólo llegará a Cuba cuando se respeten los derechos humanos

EFE ·17/04/2008 - 15:19h

EFE - El escritor cubano Antonio Orlando, ganador del Premio Alfaguara con su novela "Chiquita", cree que los cambios que se han producido hasta ahora en Cuba "son ridículos y muy cosméticos".

El escritor cubano Antonio Orlando, ganador del Premio Alfaguara con su novela "Chiquita", cree que los cambios que se han producido hasta ahora en Cuba "son ridículos y muy cosméticos", ya que la verdadera transformación sólo llegará con la democracia y con el reconocimiento de "los derechos humanos".

"No veo una voluntad significativa de cambio mientras no se permita pensar libremente en Cuba, ejercer el derecho al voto o entrar y salir del país, y mientras haya personas encarceladas por disentir", afirma en una entrevista con EFE Orlando, que acaba de llegar de Miami, donde reside desde hace años, para promocionar en España la novela que le hizo merecedor de uno de los premios más importantes del ámbito hispánico.

Escritor, editor y periodista, Orlando tiene "fama de ermitaño", pero trata de "tomar filosóficamente los compromisos" que supone haber ganado este galardón, dotado con 175.000 dólares (unos 110.000 euros), y que, con la novela ya en las librerías, le permitirá "traspasar fronteras" y "conquistar miles de lectores".

Mañana recogerá el premio, y a partir de ahí tendrá que viajar por varias ciudades españolas y, luego, por los países hispanoamericanos, donde "Chiquita" se publicará en las próximas semanas.

Nacido en 1956, Orlando se fue de Cuba a los 34 años, dejando atrás "una carrera literaria sólida" y cinco premios de la Unión de Escritores y de Artistas Cubanos.

"No fui un perseguido político ni tuve dificultades para publicar. Me alejé de Cuba porque no creía en ese régimen y sabía que había un mundo más allá", asegura el escritor, que ha residido en Costa Rica y Colombia, antes de hacerlo en Estados Unidos.

Desde Miami sigue con sumo interés las noticias relacionadas con su país tras la renuncia de Fidel Castro, y asegura que es "poco optimista" sobre el futuro de Cuba.

"En un país donde no existe la libertad de expresión ni la oportunidad de decidir por quién se vota, son muchas las cosas que hay que cambiar para pretender que poder comprar un móvil sea algo significativo", señala el escritor.

Orlando alude también a la posibilidad que se baraja de autorizar en Cuba el matrimonio homosexual y, aunque ese hecho sería una conquista, asegura que, de momento, sólo es "un intento más de seducir a la opinión pública", porque "hay cosas mucho más importantes a las que no se tiene derecho".

"Cuando hablamos de cambios lo hacemos de esos 'pequeños detalles' -ironiza- que distinguen una dictadura de una democracia. Se trata de derechos inalienables del ser humano".

Para Orlando "es muy triste" que en Cuba no se haya difundido la noticia del Premio Alfaguara, que él ganó con la biografía novelada de un personaje "fascinante por su independencia, su autonomía y su deseo de transgredir las normas": la liliputiense cubana Espiridiona Cenda, que, pese a sus 66 centímetros de estatura, triunfó en los escenarios de Estados Unidos y de Europa a finales del siglo XIX y principios del XX.

Como buen novelista, Orlando es "un mentiroso profesional" y en el libro ha entremezclado "sin el menor escrúpulo verdad histórica y fantasía", pero Chiquita -o "la muñeca viviente", como también le decían-, existió, y fue testigo de "momentos históricos importantes para la historia de Cuba y del mundo".

Y es que, como puso de relieve el jurado del premio, el autor combina con maestría en la novela las peripecias vitales de la protagonista con la recreación de episodios históricos, entre ellos la guerra de los mambises por la independencia cubana y la intervención de Estados Unidos en ese proceso.

El lector encontrará en las 500 páginas de "Chiquita" capítulos "que parecen fruto de la imaginación, pero que son reales", como los loros parlantes que anunciaron en Nueva York el debut de la liliputiense o el landó a su medida, acompañado de dos ponies enanos, que le regaló el presidente de Estados Unidos William Mckinley.

"Chiquita es una más de muchas liliputienses que fueron famosas en aquella época. Había todo un fervor por ese tipo de personajes, quizá por la fascinación que ejerce sobre la gente lo prohibido y lo diferente", comenta el autor de la novela "Aprendices de brujo" y de numerosos libros de literatura infantil.

A diferencia de Chiquita que, tras triunfar en el extranjero, desea volver a su país, Antonio Orlando no quiere regresar a Cuba "porque los paraísos perdidos solamente existen en nuestra imaginación".