Miércoles, 16 de Abril de 2008

Luis encandila tras sortear las balas

De las 60 preguntas formuladas al seleccionador, sólo media docena hicieron referencia a Raúl. El momento más tenso vino con las selecciones autonómicas.

ÁNGEL LUIS MENÉNDEZ ·16/04/2008 - 01:30h


Luis Aragonés, tras el programa. EFE 

Cuando llegó a Brasil, Luis se relajó. Sacó la mano izquierda y toreó como más le gusta: con la muleta del gracejo madrileño y esa ironía despistada que encandila. Antes de que Hilson, ciudadano brasileño, le preguntara por la disparidad entre los éxitos de las selecciones inferiores y los fracasos de la absoluta, Aragonés sufrió.

Hora y media antes del comienzo del programa, el seleccionador, acompañado por la jefa de prensa de la Federación, llegó a Prado del Rey. Estaba nervioso. Tanto que, tras saludar a los directivos de Televisión Española, se encerró en su camerino. Seguramente a repasar la inesperada y breve introducción con la que se arrancó previa petición de permiso al presentador, Lorenzo Milá.

Un prólogo con el que Luis marcó las reglas de juego. "He venido aquí por dos razones: defender al fútbol, donde ya no se respeta a nadie, y mostrar mi imagen, porque hay gente que ha dicho cosas de mí cuando ni me conoce ni sabe cómo soy". Entre el ruego y la advertencia, el seleccionador solicitó respeto a los ciudadanos que iban a preguntarle. Y lo obtuvo.

Los primeros envites no fueron fáciles. Tres ciudadanos con querencia madridista le preguntaron por las convocatorias, con mención específica a Raúl y Guti, por la mejoría que experimentaría la selección bajo la batuta de Benítez o Del Bosque y por su presunta animadversión contra el Madrid proveniente de su etapa de futbolista, cuando el club blanco le cedió a varios equipos antes de venderlo.

"Las listas las hago en conciencia. Tras el Mundial y después del partido que perdimos ante Irlanda del Norte decidimos hacer una revolución y prescindir de varios jugadores", respondió a lo primero. "No puedo opinar de los que nunca han sido seleccionadores, pero mí conciencia está por encima de todo", contestó a la segunda. Y sorprendió cuando desnudó su alma futbolística: "Sólo soy accionista del Espanyol".

 Siempre de pie, paseando sereno o parapetado tras la mesa, a la que más tarde definió como su "sitio de seguridad", Luis fue serenándose. Desarmó la teoría de los que le consideran viejo para entrenar: "Mi cerebro está perfectamente y yo no tengo que correr. Cuando deje la selección voy a seguir entrenado, posiblemente fuera (de España)".Tiró de estadística para defender su trabajo -"sólo hemos perdido cuatro de 46 partidos"- y volvió a mandar un recado a los que insisten en buscarle sustituto: "Vamos a traer otros seleccionadores que son muy buenos".

Más suelto 

Luego, tras la pregunta del brasileño, se soltó. "A ver, Mari Carmen", animó a preguntar a una de las ciudadanas. Y resbaló cuando ésta le preguntó por los mileuristas. "¿Que sois qué?", le inquirió. La cuestión se refería a los altos sueldos de los futbolistas y Luis, que se sabe en manos de los jugadores, fue rotundo: "Es un cuestión de oferta y demanda; a veces, incluso cobran poco".

Tras el primer descanso, Aragonés ya tenía encarrilado el partido. Pasó con soltura sobre la vieja acusación de racista que pendió sobre él cuando llamó "negro" a Henry para animar a Reyes, cuando ambos jugadores militaban en el Arsenal. "Nunca he sido racista e incluso estuve a punto de llevar a 90 jugadores negros a una radio para que lo confirmaran", desveló. También despachó su famosa dimisión interruptus tras el Mundial: "Presenté la dimisión, pero un presidente listo (Villar) me convenció para que me quedase".

El instante más peliagudo llegó en un par de balones políticos. Un joven vasco le preguntó con vehemencia por qué la selección de Euskadi no puede jugar contra la de España. Luis quiso ser diplomático "eso no es posible y, personalmente, no me parecería bien", pero ante la insistencia del ciudadano, surgió su perfil más tajante: "No sois un país". A renglón seguido le tocaron el asunto catalán, personalizado en Oleguer, defensa del Barça e independentista confeso. "Oleguer vino a una convocatoria, se puso el chándal de España sin que yo se lo dijese y me dijo que no tenía ningún inconveniente en defender sus colores", relató.