Lunes, 14 de Abril de 2008

Gotas serbias en un mar de albaneses

En enclaves aislados, los serbios del norte de Kosovo subsisten en un limbo de miseria y resentimiento

GUILLEM SANS MORA ·14/04/2008 - 18:33h

RICARDO MARQUINA - Mujeres de tres generaciones de la familia Miladínovich residentes en Osojane, enclave serbio en el noroeste de Kosovo.

En la ciudad dividida de Mitrovica y en el resto de los municipios del norte de Kosovo, nada ha cambiado para los serbios desde que la provincia serbia autoproclamara su independencia el pasado 17 de febrero. Siguen usando dinares y la administración paralela, dirigida desde Belgrado, funciona como siempre.

El pasado 17 de marzo murió allí un policía ucraniano de la ONU, y 30 soldados y 70 manifestantes serbios que se habían atrincherado en el tribunal de la ONU resultaron heridos en una acción planificadadesde Belgrado. Los controles en la frontera norte son anecdóticos desde que varios puestos ardieran pocos días después de la independencia. "La semana pasada pararon en la frontera un convoy de medicamentos", cuenta indignado Vitomir Peric, de 30 años, un estudiante de Medicina que participa en la organización de las manifestaciones semanales anti-independencia en Mitrovica Norte. Las banderas españolas lucen ahí entre la multitud. Cualquier eslogan español es bueno para los serbios, incluso el "No pasarán", estampado en alguna camiseta.

Los serbios son los únicos vecinos de Kosovo que no necesitan pasaporte para entrar en el nuevo país. La situación cambia en los municipios mixtos, donde los serbios se debaten entre colaborar con sus vecinos albaneses en la administración municipal y la Policía o aplicar el boicot que promueve Belgrado.

En los enclaves serbios aislados, en cambio, la vida transcurre como en el desierto. Pero no en un oasis lleno de palmeras, sino en algo así como un campo de refugiados, con una infraestructura casi inexistente y una ayuda humanitaria que muchas veces no llega porque la manipulan las mafias.

Osojane, por ejemplo, es un enclave serbio situado en el valle del mismo nombre, al oeste de Kosovo. Pertenece al término municipal de Istok, donde está la Base España de los soldados de la KFOR, la misión de la OTAN. Antes de la guerra, el pueblo contaba con 2.000 habitantes. Durante los bombardeos de la OTAN en 1999 fue abandonado por completo, destruido en buena parte y saqueado. En la actualidad viven en él, en un aislamiento absoluto, los cerca de 500 vecinos que han regresado. Provisto de alambradas, el acceso al pueblo está vigilado por los soldados españoles. Trabajo no hay, y los generadores de electricidad rugen constantemente.

Ya no hay escolta

Casi todos los alumnos de la escuela de Osojane, unos 70, saben decir algo en castellano. No sólo por su contacto con los soldados españoles, sino también porque lo aprenden en las telenovelas. Aunque no les gustaría reconocerlo, eso lo tienen en común con los albaneses. El talento de unos y otros para los idiomas es abrumador.

Sonja Vukovic, pedagoga en ese colegio, explica que durante cuatro años los soldados españoles han venido escoltando a los vecinos serbios en dos desplazamientos programados por semana. Ahora ya no los acompañan, por aquello de que hay que normalizar la situación poco a poco. "Algunos vecinos se quejan, porque siguen teniendo miedo", cuenta Sonja en el vestíbulo del colegio. Más tarde se disculpa por la brusca reacción del director del centro al acercarse a saludarnos. Al reconocer a nuestro chófer -albanés- ha huido con cara de espanto. Una muestra más de que la memoria de la venganza de los albaneses tras la guerra sigue viva.

Osojane flota en el limbo. "No vivimos abandonados por Belgrado, sino por el mundo y por Europa", se lamenta Sonja en un castellano correcto, aprendido en Zaragoza, cuando participó el verano pasado en un Congreso de las Juventudes de Aragón. "Es difícil hablar de estas cosas, porque otras personas deciden sobre nuestras vidas", explica.

Los conocimientos de la lengua española en este valle llegan hasta el clero. En el monasterio ortodoxo serbio de Gorioc, desde el que se contempla Base España, la hermana Antusa recurre a una intérprete durante las visitas de extranjeros, pero también departe en castellano cuando los soldados españoles le acompañan en desplazamientos. "Los españoles son amigos", dice, no sólo por lo simpáticos que los encuentra, sino también porque España no reconoce la independencia de Kosovo.

Muchas iglesias y monasterios serbios fueron destruidos durante la guerra de 1999. Cinco años después, los altercados violentos de marzo de 2004 no sólo se saldaron con 19 muertos, 900 heridos y 700 casas destruidas de ambas comunidades. También 30 iglesias y tres monasterios fueron víctimas de la violencia.

Cuna religiosa

El clero serbio rechaza la independencia, pues ve a Kosovo como la cuna religiosa de su nación. Pero la intransigencia de los clérigos llega hasta el punto de considerar que a los albaneses de Kosovo no sólo habría que "devolverlos" a Albania, sino lanzarlos al mar. "Somos una gota de Serbia en un mar de albaneses", postula la hermana Antusa al referirse a una etnia que representa el 90% de la población kosovar.

Emerge ahí el eterno conflicto histórico sobre la propiedad de un territorio que albaneses y serbios contemplan como propio desde hace siglos. Los primeros se ven como descendientes de los ilirios, que habitaban el territorio antes de que los eslavos llegaran a los Balcanes en el siglo VII. Y los segundos, como el estudiante Vitomir en Mitrovica, consideran que "todo lo antiguo que hay aquí es de los serbios". "¿Has visto algún monumento albanés?", pregunta.

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