Domingo, 13 de Abril de 2008

"Deberíamos votar todos en blanco y mandarles a sus casas"

Italia vota, indecisa y dividida, en medio del descrédito de su clase política

MAR CENTENERA GARÇON ·13/04/2008 - 20:42h

Para evitar la compra de votos, se ha prohibido entrar en las cabinas con móviles, que servían para fotografiar la papeleta y dar así una prueba al comprador.

"Voto por sentido cívico pero ninguno se merece el voto", dice Simona, abogada de 57 años, en un colegio electoral del barrio de Trevi, en el ajetreado centro de Roma, donde los carteles electorales quedan ocultos tras una marea incesante de turistas.

Entre ayer y hoy, más de 47 millones de italianos están convocados a las urnas para elegir a su próximo primer ministro pero no son pocos los que dudan antes de trazar una cruz sobre el partido elegido y levantan los hombros con señal de escepticismo al doblar la papeleta.

El 30% de la población se declaraba indecisa hace dos semanas y algunos aún dudaban este domingo. Hasta mediodía, la participación era casi un punto inferior a la de las elecciones de 2006.

"Deberíamos votar todos en blanco y mandarles a sus casas. Me contento con pensar que este Gobierno va a durar también poquísimo y espero que la próxima vez haya una renovación profunda", susurra Simona mientras supervisa desde lejos que su hijo menor no se confunda entre la multitud de papeletas.

En Roma y otros 422 ayuntamientos deben escoger cinco: la rosa para el Congreso, la amarilla para el Senado, la verde para la provincia, la azul para el Ayuntamiento y la gris para el distrito. Sicilia y Friuli eligen además Gobierno regional.

La desilusión generalizada de los italianos ante estos comicios se nota menos en el barrio de Trieste, al norte de la capital, donde se impone un claro favorito: su residente más popular, Walter Veltroni, el candidato del Partido Democrático.

"He votado por él porque le conozco y me da confianza", confiesa Vittorio, funcionario de 45 años a la salida del colegio electoral de Corso Trieste. Se enciende al hablar del favorito en las encuestas, Silvio Berlusconi. Con 71 años pero más joven y con más pelo, se presenta por quinta vez: "No quiere gobernar Italia, quiere comprarla, venderla, hacer lo que le dé la gana y quedar impune".

Vittorio explica que durante los ocho años de Veltroni como alcalde de Roma, la ciudad ha ganado visibilidad internacional y se ha revitalizado el panorama cultural y artístico.

De las grandes ciudades italianas, la capital es la más claramente veltroniana, más aún después Berlusconi cometiese hace unos días el pecado mortal de insultar a la estrella de su equipo, Francesco Totti.

Más allá de sus colores políticos, los italianos insisten en que la prioridad central es subir los salarios y acabar con la precariedad laboral. Más de cuatro millones de italianos trabajan en negro, hay más contratos temporales que fijos y los salarios del país son los más bajos de la zona euro.

Berlusconi ha prometido bajar los impuestos y regalar cheques bebé. Veltroni, luchar contra la evasión fiscal y subir las pensiones. El resultado, que se prevé ajustado, se desvelará esta noche.

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